by Jorge Armando Romo Bonilla | May 26, 2007 | Opiniones, Sin Categoría
(Esta es la segunda parte del artículo que un servidor publicó en la revista española Alfa Eridiani bajo el título de Los Extraterrestres. Para la tercera y última entrega, concluyo el posteo de este texto con el apartado titulado ¿Y qué pasa con la ciencia-ficción?).
Los peligros de la pseudociencia están a la orden del día. Cientos de charlatanes alrededor del mundo gritan a los cuatro vientos que luces en el cielo son una prueba irrefutable de la visita de seres extraterrestres. El problema es que estos sujetos tuercen la ciencia a su antojo o utilizan el principio de autoridad de esta para avalar sus especulaciones. «Seres de otros rincones del Universo nos visitan. Aquí está la prueba: una luz en el cielo es signo de una nave nodriza. ¡Esto está comprobado científicamente!» Veamos otros ejemplos.
Si colocamos la palabra «Extraterrestre» en cualquier buscador, tendremos acceso a un sinfín de páginas que hablan de OVNIs, secuestros, avistamientos, etc. Éstos últimos son la moda hoy en día. Cada ufólogo al presentar sus supuestas pruebas, presenta imágenes borrosas de objetos en el cielo o de platillos volantes. Se muestra al público un sinfín de «esferas», «objetos con forma alargadas», y «luces en la noche» sin que nadie diga nada al respecto o muestre escepticismo. Por mi parte, creo que no se puede ser más ridículo a la hora de sacar a la luz todo esto.
La realidad es otra. Cuando especialistas en efectos especiales analizan los supuestos objetos, encuentra un enorme número de manipulaciones a la imagen original; entre éstas, muchas sobreposiciones de las supuestas naves. Muchas de las imágenes de luces son (como yo les llamo) fenómenos electro-atmosféricos comunes que suceden por diversas causas físicas. Los astrónomos y los físicos saben de antemano que en el cielo se pueden producir los llamados «rayos bola», un fenómeno electromagnético que es idéntico a las supuestas luces extraterrestres que invaden los cielos. Otros fenómenos similares aún son poco entendidos por la ciencia, pero seguramente tienen una explicación más lógica y menos fantasiosa. Con esto, se puede entender que una luz en el cielo o la imagen borrosa de un objeto, no es válido como prueba sólida para avalar la visita extraterrestre.

¡UN OVNI! ¡¡¡UN OVNI!!! AH, NO, ES SÓLO UN AVIÓN.
Pero continuemos con los delirios de la Ufología. ¿Cómo son esos seres que nos visitan? La mayoría de relatos carece de lógica y aún más, de imaginación. Se nos dice que seres provenientes de las Pléyades, del Cinturón de Orión, de Sirio, de Epsilon Eridani, etc., ya están entre nosotros… ¡pues son idénticos a los seres humanos! Se habla de mujeres rubias provenientes de otros planetas que visitan a sujetos solitarios; se nos cuenta de seres de luz con forma humana rondando por los bosques; se cuenta que seres chaparritos y grises muy inteligentes con motivos oscuros acechan a la humanidad. En total, hay ufólogos que dicen que más de cien razas extraterrestres con las formas más descabelladas visitando nuestro planeta.
Obviamente, esto sólo es anécdota paranoide. No hay la menor prueba de que estos seres existan. Ya con antelación dije que cada planeta es distinto en condiciones naturales y por lo tanto, la especie inteligente que albergara tendría que ser distinta a los humanos. Cuando escuchamos que los visitantes son idénticos a nosotros, es fácil detectar que este asunto es un invento de personas con poca imaginación que creen que en la galaxia los seres que existan deben ser idénticos a nosotros. He encontrado también cuentos acerca de dragones extraterrestres (similares a las imágenes vistas en novelas de fantasía), reptiles inteligentes (muy parecidos a iguanas; eso sí: cara de reptil, cuerpo de humano), monos con alas (¿El mago de Oz era un ET?), y por supuesto los famosos grises. Estos últimos, con un cuerpo muy delgado aunque muy similares a nosotros. El factor más alucinante es que las narraciones cuentan que esta raza ET tiene la cabeza muy grande debido a que alberga un cerebro mucho más grande que el de cualquier humano. Entonces, el argumento concluye: ya que se tiene un cerebro muy grande, ¡son mucho más inteligentes que nosotros! Y continúa la descripción: dicho cerebro es muy calculador, con un coeficiente intelectual de diez mil, y con capacidades extrasensoriales como telepatía y control mental de seres inferiores. ¡Uf! Ya me cansé de enumerar. Mejor desenmascaremos todo esto de manera simple: la ciencia sabe perfectamente que el tamaño (del cerebro) no importa. Hay gente con cerebros pequeños que es muy inteligente, y hay personas que tienen un cerebro gigantesco y tienden a la idiotez. Pero bueno, cambiemos de tema.
¿Y los motivos por los que nos visitan los extraterrestres? Muy sencillo: después de que descubrimos la energía atómica, tenemos la capacidad para autodestruirnos. Estos seres, llenos de bondad, han venido a impedirlo. Otros cuentan que las visitas son para fines científicos. Y los más desquiciados afirman que nos han visitado siempre, pues somos un experimento genético muy exitoso. El problema es que tenemos anécdota tras anécdota de este tipo de gente introvertida que intenta llamar un poco la atención.
Lo más cruel vendría a ser las abducciones (secuestros) por parte de estas inteligencias. Generalmente, muchas personas afirman ser llevadas al interior de un platillo volador a través de un rayo transportador. Una vez dentro, los famosos grises llevan extraños y complicados experimentos que se suponen sirven para investigación o para salvar a su raza en decadencia. También hay narraciones de chicas que son poseídas sexualmente por estos seres para quedar embarazadas y mantener viva la especie extraterrestre en vías de extinción (Los ET saben bien a quien escoger, pues la mayoría de las mujeres tienen un cuerpo muy atractivo y son rubias de ojos azules. ¡Qué buen gusto!). Antes de que se dé a luz a la mezcla humano-alienígena, esta es retirada. ¡Ah, por cierto! También hay imágenes de algunos bebés extraterrestres que circulan por la red, generalmente deformes y monstruosos. Lo primero que me viene a la mente es: ¿cómo sucedió todo esto? No sé si las chicas responderían: «ET es un latin-lover, ¡me supo hacer la ruleta rusa en el aire!».
El primer problema ante todo esto es que existiría una incompatibilidad genética entre dos razas tan dispares como la humana y la «¿zeta-reticulum?». No hay hasta ahora un verdadero feto extraterrestre para analizar, y la muestra de embarazo de las supuestas chicas que fueron obligadas a tener sexo por ET se ha visto que es falsa o que el embarazo es real, pero producto de un chico pandillero al que apodaban el “ET”. Si los grises se están extinguiendo, ¿para qué necesitan secuestrar a los humanos para robar células reproductivas? Pueden viajar cientos de años luz y ser tan idiotas para no tener las técnicas reproductivas necesarias para restituir a su especie.
Una de las pruebas que se supone es contundente para avalar los secuestros es la regresión hipnótica. Algunos psiquiatras, crédulos y poco objetivos, usan esta técnica para recuperar experiencias con seres extraterrestres. Hay que mencionar que los relatos de abducciones cuentan que los seres grises, después de experimentar o hacer lo suyo con algún humano, borran la memoria de la víctima… aunque no del todo. Quedan recovecos e imágenes confusas del suceso. Los especialistas llegan entonces, hacen una regresión hipnótica para recuperar los recuerdos bloqueados y todos quedan contentos… O eso parece. Asimismo, esta técnica es usada para que las personas consigan acceder a recuerdos de sus vidas pasadas… ¡Puf! Perdone usted, querido lector o lectora, si parece que me acabo de meter droga por las narices, pero esto es una realidad para mucha gente y el tema sigue en pie al paso de los años. No lo invento yo.
¿Cuál es el problema ante todo esto? Pues que las pruebas no son válidas. Se ha observado que la famosa regresión hipnótica, no es más que un efecto de alucinación controlada-inducida. Cuando el especialista somete a una sesión a cualquier paciente y este está obsesionado con la idea de que fue secuestrado, observará en sus «sueños» un encuentro con seres grises. Una vez más pienso que estos chaparritos son muy despistados. ¿Porqué no borrar completamente los recuerdos del humano al que secuestraron? (Para agregar, la regresión hipnótica es una técnica tan poco efectiva que en un proceso penal su uso está prohibido. Sería fácil someter al acusado a una regresión y verificar si cometió el delito o no. Sin embargo, los psiquiatras objetivos descartan su efectividad).

JULIETA FIERRO
El asunto prácticamente es un circo o un show barato. Aquí en México, la astrónoma y divulgadora de la ciencia Julieta Fierro me contó una vez una anécdota por demás ridícula que ejemplifica muy bien mi argumento. Ella cuenta que se encontraba en un debate entre ufólogos y escépticos. Mientras que los segundos afirmaban que la cruza humano-extraterrestre no tiene la más mínima posibilidad de producir un nuevo organismo (a excepción de las ladillas), los supuestos especialistas presentaban en vivo a una chica embarazada que afirmaba categóricamente haber sido embarazada por un extraterrestre. Justo a mitad del programa, se recibió una llamada de un televidente. El conductor dijo:
—Está al aire, ¿cuál es su nombre?
—Jhjkfjfhjfhjfhgfjk
—¿Perdón?
—Yoooo soooooy eeeeel extraterreeeeestre queeeeeee embarazóoooooo aaaaa eeeesa chiiiiiiica. Yyyyyyy eeeeeeeeeees máaaaaaaaaaaaaaaaaas, tooooooooodas laaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaas queeeeeeeeeeeeeeeeeee quieeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeran queeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee laaaaaaaaaaaaaaaaas eeeeeeeeeeeeembaraaaaaaaaaaaaaaaaaaaace, maaaaaaaaaaarqueeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeen aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaal núuuuuuuuuuuuuuuuuuumerooooooooooooooooooooooooo 55-54-27…
El asunto de los OVNIs puede ser introducido donde sea. En la política, los paranoicos nos sugieren que el presidente Bush y su gabinete son una raza de reptiles de las Pléyades. Asimismo, nos cuentan que el gobierno tiene relaciones diplomáticas con los grises y que seguramente toda la nueva tecnología que sale al mercado, es producto de la inteligencia de éstos (¡Entonces los humanos somos unos idiotas que no tenemos la capacidad de fabricar ni crear nada!).
En problema consiste en que las conspiraciones paranoides abundan por doquier. Algunos locos afirman rotundamente que cada gobierno oculta muchas cosas a su población. Inmediatamente llega el obstáculo de «¿Y dónde están tus pruebas contundentes?»
En el mundo de la Ufología, hay casos que se han vuelto sumamente famosos. Nombres de personas, la narración de lo que consideran hechos, y mucha credulidad por parte del ciudadano promedio son la receta perfecta para que todo esto forme parte de la cultura popular.
Un ejemplo clásico es el caso Roswell. Según los supuestos informes, dos naves tripuladas por seres extraterrestres se estrellaron a mediados de 1947 en Roswell, Nuevo México. De aquí comienza la historia que muchos creen. El ejército de aquel país recogió los restos de uno de estos artefactos hecho pedazos tras la caída. Los trozos que se encontraron del platillo, eran una especie de metal muy liviano parecido a una hoja de papel que una vez que se le aplicaba una fuerza, después de sufrir la deformación, el material recobraba su forma original sin mostrar vestigio de manipulación. En la otra nave, se encontraron restos de cuatro seres, así como unas cajas de vidrio que se supone permiten controlar las naves. Y bueno, esta es la parte de la historia que muchos se saben.
Kennett Arnold, granjero que según la Ufología reportó en su terreno una de las supuestas naves, se quejó profundamente de la tergiversación de la información que llevaron a cabo los periódicos sensacionalistas. Según él, su relato había sido modificado para aparentar que en verdad una nave extraterrestre se había estrellado con cuatro seres en su interior. Lo único que él dijo fue que vio una especie de discos, y ya. De aquí surgió el famoso mito y fue el origen de una era de superchería e irracionalismo basada en los OVNIs.

SUPUESTO EXTRATERRESTRE
Pero esto no termina aquí. Hay casos muy famosos en la Ufología contemporánea que abarrotan las convenciones OVNI. Aquí hay dos ejemplos.
Jonathan Reed tiene una historia aterradora que contar. Él era médico. Un día, se encontraba paseando en un bosque con su perra de raza Labrador. De pronto, su mascota corrió a atacar a lo que era un animal salvaje. De un momento a otro, Reed se percató de que ésta era atacada cruelmente por aquel extraño animal y sin pensarlo dos veces, tomó un tronco y fue en ayuda de su fiel amiga. Pronto, se dio cuenta que la perra era manipulada por un ser extraterrestre del tipo de los grises para después desintegrarla en un torbellino muy extraño. Enojado, Jonathan noqueó a esta inteligencia y la llevó a su casa para introducirla en su refrigerador. Tiempo después, varios científicos analizaron muestras de piel de este ser y comprobaron su autenticidad. Antes de que el gobierno descubriera este suceso y destrozara la casa del contactado, el extraterrestre consiguió escapar, no sin antes dejarle un brazalete tele-transportador a su noqueador.
Bien, ahora vayamos con la postura escéptica. Esto podría sonar a un relato de interesante ciencia-ficción, aunque la verdad es que se ha querido engañar al público con su supuesta autenticidad. Reed nunca ha dejado investigar su supuesto brazalete, y hace poco tiempo, declaró que ya lo había perdido. Los supuestos científicos que analizaron las pruebas, en realidad resultaron ser empleados de una gasolinera tratando de hacer dinero. Cuando se buscaron los títulos de Reed, se llegó a la conclusión de que estos no existen, ya que ninguna universidad tiene registros de un alumno con ese nombre. No cabe duda que algunos fraudes son muy bien elaborados y que los grupos escépticos tienen que hacer un gran esfuerzo para desenmascarar a los charlatanes.

JONATHAN REED, A LA IZQUIERDA
Otro caso famoso es el de Stan Romanek. Este hombre era un empleado común y corriente con un problema de dislexia; solamente llegó a quinto año de primaria; podríamos decir que una persona común y corriente. Romanek cuenta que era seguido por unas extrañas naves con forma de plato volador. Posteriormente, fue secuestrado por seres con forma humanoide para realizarle extraños experimentos. Tiempo después, tras realizarse en él sesiones de regresión hipnótica, descubrió algo fascinante: se le habían proporcionado una serie de siete hojas con ecuaciones que describen cosas fascinantes. Éstas fueron revisadas por algunos astrónomos, físicos y matemáticos. Los resultados fueron contundentes: se describe la forma en que se abre un agujero de gusano con gran precisión; se da la constelación y ubicación exacta del planeta de donde vienen estos seres; se describe cómo se abre un agujero de gusano desde un planeta cercano al cinturón de Orión hacia la Tierra; se dan pistas de una posible catástrofe que sucedería el 12 de diciembre de 2003. ¿Otra historia de ciencia-ficción intentando hacerse realidad? Todo indica que sí.
Cuando verdaderos físicos han revisado las famosas ecuaciones, han descubierto que están plagadas de simples y burdos garabatos. En la sección donde se habla de abrir agujeros de gusano, solamente hay dibujitos infantiles mezclados con fórmulas físicas y configuraciones electrónicas sin sentido alguno. Unos cuantos números no aseguran ser una profecía: aquella fecha en que ocurriría la catástrofe, no sucedió absolutamente nada. La súper prueba contundente que avala la presencia extraterrestre, es solamente una estupidez total.

STAN ROMANEK
El problema es que todas estas cosas, son intentos baratos y tontos por hacer pasar como ciencia algo que no lo es. Lamentablemente, mucha gente aún cree en todo esto y los charlatanes de la Ufología atraen a mucho público que busca un poco de fantasía en sus vidas.
by Jorge Armando Romo Bonilla | May 20, 2007 | Opiniones, Sin Categoría
Si observamos el cielo una noche despejada, podremos admirar miles de estrellas que titilan una y otra vez al compás de la atmósfera. Inmediatamente, surge la pregunta del millón de dólares: ¿esas estrellas tendrán sistemas planetarios similares al nuestro? ¿Y esos planetas albergarán a seres vivos e inteligentes parecidos al ser humano? La respuesta lógica sería que sí, si hay cientos de miles de planetas que viajan alrededor de la galaxia adheridos a sus respetivos soles que albergan seres vivos, e inclusive, seres inteligentes.
Ya desde la antigüedad, algunas personas como Giordano Bruno, señalaban que ante tanto espacio, era obvio suponer que los astros estaban habitados por un número inimaginable de seres vivos similares a los que existen aquí. No obstante, rechazar la versión judeo-cristina que consistía en que la Tierra era el centro de todo (mensaje oculto: los seres humanos somos la verdadera maravilla de la creación y no hay más… ¡Somos el centro de todo lo que existe!), inevitablemente condujo a este gran pensador a ser quemado en la hoguera.

GIORDANO BRUNO
Hoy en día, los tiempos no son como en antaño. Cualquiera puede preguntarse si existe vida extraterrestre en el Cosmos y no será obligado a callar bajo amenaza de muerte ni mucho menos. El único problema es que la ciencia aún no tiene una prueba que confirme si el Universo alberga otras especies inteligentes. Ante tanto espacio, el planteamiento de la pluralidad de vida por doquier suena completamente coherente, mas es tan difícil demostrarlo por la sencilla razón de que no tenemos ni una mínima muestra de una forma de vida proveniente de otros rincones estelares (ni siquiera tenemos esta prueba en nuestro propio sistema planetario). Aún así, no hay que desanimarse. La investigación científica continúa buscando indicios de señales inteligentes del espacio exterior. Los astrobiólogos siguen trabajando en sus proyectos que consisten en buscar por lo menos vida microbiana en Marte. La ciencia promete que la humanidad no se quedará de brazos cruzados y seguirá buscando a sus verdaderos hermanos cósmicos. Para muestra basta un botón.
Durante un tiempo, se creyó que en Venus existía una gran cantidad de formas de vida. Tengo la sospecha de que se tomó aquella deducción equivocada que consistía en ver que si este planeta tiene nubes, posiblemente llueva, y si llueve, lo más seguro es que el agua alimentará una enorme selva que alberga las formas de vida más exóticas. Gracias a las astronaves que se han enviado a aquel planeta, se descubrió que no hay registro alguno de que la vida pueda sobrevivir. El planeta mantiene un efecto de invernadero muy intenso con unas temperaturas superiores a los cuatrocientos ochenta grados centígrados. Ante tal cantidad de calor, la vida no tiene la menor posibilidad de existir. No obstante, los científicos mantienen la sospecha de que las condiciones actuales no han sido siempre las mismas y que hace unos cientos de millones de años, posiblemente pudo haber existido cierta actividad microbiana. Incluso hoy en día, se ha observado que la atmósfera presenta ciertos indicios de elementos y compuestos químicos que podrían ser un ambiente idóneo para que se formen ciertas formas de vida o se lleven a cabo procesos orgánicos.
¿Y qué onda con Marte? Tenemos un planeta muy parecido a un desierto, hay cierta cantidad de agua en los polos, posee una atmósfera muy tenue y carece por completo de un campo magnético planetario; condiciones perfectas para que la vida no pueda sobrevivir ni desarrollarse. Cuando las primeras sondas Viking descendieron a la superficie marciana, no encontraron ni la menor evidencia de que hubiera existido alguna bacteria; con lo cual, podemos pensar que el planeta está completamente muerto. No obstante, la ciencia piensa de una manera distinta. Se cree que las condiciones actuales del planeta son muestra de una era glacial en sus últimas etapas. También cabe la sospecha de que en la sub-superficie, existan fósiles de bacterias, o al contrario, haya una gran cantidad de microorganismos en constante actividad. Si se les encontrara, tendríamos la primera muestra de vida extraterrestre. La noticia le daría la vuelta al mundo. ¡Nuestra concepción de la vida tendría que…! ¡Ups! ¡Lo siento! No debo dejar que mi entusiasmo supere al científico que llevo dentro. Bien, ¿en qué íbamos? ¡Ah, sí! Decía entonces que se sospechan muchas cosas en torno a Marte. Parece que la respuesta final será que se continúen enviando misiones de exploración e investigación para conocer la verdad (Por cierto, el proyecto de terraformación del planeta rojo sigue en pie, aunque si se encontrara vida microscópica, este se dejaría en el olvido ya que no sería justo eliminar o contaminar un planeta con resquicios de vida).
Algunas lunas pueden dar mucho de que hablar. Titán, luna de Saturno, posee condiciones similares a las que tenía la Tierra primitiva. Gracias a la misión Cassini-Huygens, hemos obtenido un conocimiento más completo sobre las condiciones que permitieron que se originara la vida en nuestro planeta. No obstante, falta mucha camino por recorrer. Se sospecha que en Europa, luna de Júpiter, podría haber debajo de una enorme capa de hielo que tiene de grosor unos 20 km de diámetro un océano que posiblemente estaría atestado de vida. Y por supuesto que no hay que dejar de lado a Calixto, otra luna de Júpiter, la cual podría albergar un pequeño océano con recovecos de materia orgánica y por qué no, de vida. El asunto estriba en enviar a su tiempo nuevas misiones de exploración.

TITÁN, LUNA DE SATURNO
Hagamos una pausa antes de irnos más lejos en el espacio. El agua, como todos lo sabemos, es la sustancia vital para que la vida tenga lugar. Todos los organismos vivos la necesitamos de una u otra forma. ¿Porqué un planeta distinto a la Tierra debe tener este líquido para que se origine la vida? Muy sencillo. Este compuesto químico, es un medio perfecto para que se lleven a cabo reacciones químicas a favor de la vida. Sin él, es poco probable que esta surja. Y aunque el metano ha mostrado ciertas propiedades que podrían ayudar a estos procesos, parece ser que el agua es insustituible. Ya con estos datos, puede que quede claro que en todos los rincones del Universo, si no hay agua, será poco probable que haya vida (Tómese en cuenta que se forme vida tal y como la conocemos, bajo las leyes físicas que nosotros hemos concebido).
Ahora bien, sigamos alejándonos de nuestro planeta. Vayamos a los confines del Universo… ¡Oh, perdón! Eso no se dice. ¡Ya parezco ufólogo! Mejor repito: Ahora bien, sigamos alejándonos de nuestro planeta. Vayamos fuera de nuestro sistema solar. ¡Ahora si me gustó cómo quedó la frase!
En 1995, se encontró el primer planeta extrasolar (un planeta que gira alrededor de otra estrella). Con el paso del tiempo, hemos detectado más de un centenar de estos astros. El único problema para la búsqueda de vida, es que estos planetas son similares a Júpiter (gigantes gaseosos). Y oh, oh, existe un problema todavía mayor: son tan cercanos a su estrella que las temperaturas que albergan son elevadísimas. Mmmm. Esto no me gusta nada. ¡Están igual de cercanos a su estrella como los planetas rocosos de nuestro sistema solar! Obviamente, no hay ni pizca de vida por estos lares. Pero esperen, a mediados de enero, se detectó un planeta similar a la Tierra en tamaño, aunque también está muy cercano a su estrella y su temperatura ronda cerca de los doscientos grados centígrados. Aunque no todo es desilusión. La ventaja de este descubrimiento es que ya se pueden detectar planetas pequeños sin mayor problema, situación contraria en el pasado cuando solamente se detectaban planetas del tamaño de Júpiter. Es un gran avance. Algún día, podría ser que se encontrara un planeta a una distancia adecuada y con tamaño y temperatura adecuadas para que se desarrolle la vida. Y quién sabe. Podríamos enviar un mensaje con la esperanza de que hubiera alguien que respondiera.
Muchos recordarán aquella ecuación Drake. Sí, la ecuación propuesta por Frank Drake para calcular el número de civilizaciones existentes en la galaxia. El propósito es bueno, aunque el problema estriba en que solamente se conoce una variable certera: número de estrellas en la galaxia. El resto son variables que se pueden especular. Lamentablemente, esto no queda más que como una curiosidad científica y cultural. Sin embargo, se puede hacer una aproximación tomando en cuenta que en la galaxia existen unos cien mil millones de estrellas. Un 20% de esas estrellas tendrían características similares al sol. Un 5% poseería planetas girando alrededor de las mismas. 0.05% tendrían planetas con las condiciones adecuadas para que se forme la vida. Y de esas, un 0.001% albergarían planetas con seres inteligentes y posiblemente una civilización. ¿Qué de donde saco las variables? Pues es una cuestión «al ahí se va», o para que me entiendan, muy especulativa. Y le seguimos. De este cálculo, más o menos nos sale el número de un millón de planetas con una civilización haciendo de las suyas. Y es solamente un cálculo, no hay la manera de contar el número exacto de planetas habitados por seres inteligentes. Aunque lo lógico es suponer que hay muchos de éstos debido al gran espacio y a la gran cantidad de estrellas que hay en nuestra Vía Láctea.

FRANK DRAKE
¿Cuánta vida habrá en el Universo? Con cien mil millones de galaxias, el Cosmos está saturado de formas de vida con un número infinito de variaciones. ¿Y los Universos paralelos? Calculando que haya un número infinito de éstos, no hay manera de calcular el número de seres que… ¡Un momento! Ya me fui demasiado lejos. En teoría, el Multiverso es posible, pero en la realidad, no hay la menor prueba. También hay que apuntar que en cada galaxia, los planetas con seres vivos tendrían que estar alejados del núcleo galáctico. También hay que tomar en cuenta que los agujeros negros, las supernovas, los quasares y cosas inimaginables, podrían obstaculizar el desarrollo de la vida. Entonces, el número de planetas con seres vivos disminuiría escandalosamente. ¡Ya vieron que especulativo! No hay manera de saber estos datos. Pero se vale soñar, ¿no?
Regresemos a la Tierra. Muchos han oído hablar de SETI, un organismo no lucrativo que busca mediante muchos radiotelescopios señales de vida inteligente en el Universo. El proyecto es padrísimo, solamente hay un problema: no hemos detectado ni una sola señal. Los años pasan, apuntamos a diversas regiones del espacio y… ¡nada! Muchos creen que como están las cosas, en verdad no hay vida inteligente ni nadie que nos escuche. Nuestras señales de televisión escapan hacia las estrellas. Sería lógico suponer que alguien o algo ya nos haya detectado. En este caso, ¿sabrían de donde vienen las señales? ¿Y qué tal si el contenido de éstas es incomprensible para ellos?
A mediados de la década de los setenta del siglo pasado, se envío una señal hacia una estrella que dista de nosotros unos 22,000 años-luz. si alguien lo descifra, se enterará de que hubo –en el caso que dentro de ese tiempo nuestra especie haya desaparecido– una especie inteligente que buscó en la galaxia otros seres similares a ella.
Entonces surge la gran pregunta: ¿estamos solos en el Universo? Tampoco hay manera de saberlo, pero creo que si continuamos la investigación, tal vez podríamos llevarnos una grata sorpresa.
¿Podría darse esta sorpresa? Veamos. Las distancias en el Universo son tan, tan, pero tan grandes, que si enviáramos una nave a una velocidad de 11 km/seg tardaríamos cientos de miles de años en llegar a la estrella vecina más próxima. Asimismo, si viajáramos a la velocidad de la luz tardaríamos una eternidad en recorrer nuestra galaxia; sin olvidar el problema de que cuando regresáramos a nuestro planeta, la dilatación temporal nos sorprendería totalmente cuando nos enteráramos de que han pasado millones de años y ya no hay nadie que nos reciba. Ante este panorama, tal vez la galaxia si alberga algunas civilizaciones, aunque éstas posiblemente estarán aisladas en su sistema planetario.
¿Hay alguna manera de superar las enormes distancias sin que ocurra algún efecto secundario? Hasta ahora, no sabemos de nada que se le parezca. Muchos tienen la esperanza de que los agujeros de gusano pueden existir y que fácilmente se podría llegar a cualquier región del Universo en cuestión de segundos y sin dilatación temporal. El único problema es que estos objetos son hipotéticos; no sabemos si existen y no hay la más mínima prueba de que sean reales. Al final, nos quedamos con un panorama sin opciones.
En el caso de que nos visitaran seres extraterrestres, podríamos comprender que sí hay forma de vencer las distancias; aunque creo que en primer lugar, veríamos cómo son y cuales son sus diferencias con nosotros. En el caso de que llegaran, inmediatamente tendríamos que tener en cuenta que son más avanzados tecnológicamente hablando, y quien sabe, más inteligentes o más viejos que nosotros. ¿Tendrían religión? ¿Cuál sería su concepción de la política? ¿Cuáles serían sus teorías acerca del Origen de la vida y el Universo? ¿Cómo nos llevaríamos con ellos? ¿Vendrían en son de paz o a invadirnos? ¿Qué nos dirían y enseñarían? ¿Qué les enseñaríamos a ellos? Siendo nosotros mismos seres inteligentes, si encontráramos una civilización más atrasada que la nuestra, ¿no se nos antojaría conquistarlos? Asimismo, si vinieran a visitarnos, ¿se aprovecharían de nosotros? Ante la pluralidad de visiones e ideologías en el mundo, ¿cuál sería el impacto de la visita y el contacto en cada uno de nosotros? ¿Los fanáticos religiosos los considerarían algo divino o maligno? Son tantas preguntas sin respuesta.
¿Qué forma tendrían? Carl Sagan criticaba las formas extraterrestres profundamente basadas en el antropocentrismo. Para él, la vida tendría que ser muy distinta a la nuestra, y para ello, especulaba acerca de una forma de vida parecida a globos de gas que pudieran habitar Júpiter. Éstos tendrían sus depredadores y se alimentarían de diversos gases que para nosotros son venenosos. Y sí, Sagan podría tener razón: los seres vivos de origen extraterrestre posiblemente tendrían formas muy distintas a las nuestras, aunque desde el punto de vista químico, serían muy parecidos a nosotros. La ciencia tiene en cuenta que un ser extraterrestre, para desarrollarse, tendría que tener un sistema nervioso o su similar; asimismo, tendría distintos sentidos que le permitirían acceder a su entorno; y uno de los factores más importantes: algo para manipular su entorno (manos, tentáculos, o su equivalente).

CARL SAGAN
Si uno de estos seres nos visitara o si nosotros visitáramos a algunos de ellos en otro planeta, habría que tener en cuenta muchas cosas para sobrevivir. Cada planeta es distinto, por lo que si hay alguno que tiene vida aparte del nuestro, aún así sería inhabitable para nosotros. Veamos un ejemplo. Supongamos que ET nos llegara a visitar. Si saliera de su nave, tardaría pocos segundos en morir. Para que esto no ocurriera, tendría que llevar una especie de traje que lo protegiera de la presión atmosférica. Dicho traje, tendría que proveerle oxígeno o el gas que respirara en la cantidad adecuada. También tendría que tener algún mecanismo que permitiera contrarrestar los efectos de la fuerza gravitatoria. La radiación solar podría ser distinta a la que produce la estrella del planeta de origen por lo que debería existir una protección adecuada para esto. ¿Y los peligros biológicos? El noble extraterrestre pronto moriría ante un ataque microbiano en masa, ya que poseería un cuerpo con un sistema inmune que no podría defenderlo contra un ataque de microorganismos desconocidos. Igualmente, este ser traería peligros biológicos inimaginables para nuestro planeta y para nosotros mismos. Como puede verse, no hay garantía en el hecho de llegar y posarse en un planeta como si nada. Ante este panorama, todos los extraterrestres que han protagonizado las más variadas historias de ciencia-ficción hubieran muerto apenas salieran de la nave sin tomar las medidas necesarias.
¿Podría una civilización generar en un planeta foráneo las condiciones del planeta de origen? En la última versión de LA GUERRA DE LOS MUNDOS, así como en la novela, se nos muestra algo parecido. Asimismo, la ciencia planea generar una terraformación en Marte que duraría más de mil años. El problema es que la teoría dice mucho, más la práctica no es tan alentadora.

Se necesita que el planeta Marte obtenga grandes cantidades de oxígeno. Para esto, bacterias modificadas genéticamente al igual que ciertas especies de plantas, serían enviadas a aquel astro para comenzar su trabajo. Sin embargo, ¿hay garantía de que ciertos organismos, modificados para adaptarse a un nuevo entorno, generen las condiciones necesarias para que Marte se transforme en una nueva Tierra? Un gran sector de astrobiólogos es muy escéptico al respecto. El debilitado campo magnético, los compuestos ferrosos y un sinfín de factores tal vez no permitirán que los organismos terrestres hagan lo suyo. Y si fuera al contrario, ¿se generarían las mismas condiciones que en la Tierra? ¿y por qué no otras distintas? Tal vez contaminaríamos ese planeta con nuevas formas de vida que se adaptarían y variarían con el tiempo. Solamente el transcurso de los años nos revelará lo que sucederá en realidad.
(Publicado originalmente por un servidor de manera íntegra en el número 2 de la Segunda Época de la revista Alfa Eridiani correspondiente a los meses de Mayo-Junio de 2006 con el título de Los Extraterrestres. Esta es solamente la primera de las tres partes que conforman este texto. La segunda parte viene bajo el título de Extraterrestres y Pseudociencia para la siguiente entrega).
by Roberto Aguirre | May 20, 2007 | Opiniones, Sin Categoría
Les dejo un crucigrama con palabras relacionadas con la información que recabé en mi búsqueda por Internet del caso de la característica del glóbulo falciforme que le leí a Carl Sagan, en su obra que considero más lograda, “Sombras de los Antepasados Olvidados”, el articulo que continua no contiene nada original mío, sin embargo espero que de todos modos aclare algunas dudas y lo más importante: creé muchas otras más.

Horizontal
1 Alteración producida en la estructura o en el número de los genes
de los cromosomas de un organismo transmisible por herencia.
5 Vigésima segunda letra del abecedario español
6 Hacer oración a Dios, vocal o mentalmente,por ejemplo :
"¡Descendientes de los monos! ¡Dios mío, esperemos que no sea
verdad, pero si lo es, recemos por que no se entere todo el mundo!"
7 Conjunto de creencias de una religión.
8 Empobrecimiento de la sangre por disminución de su cantidad total, como ocurre después de las hemorragias, o por enfermedades, ya hereditarias, ya adquiridas, que amenguan la cantidad de hemoglobina o el número de glóbulos rojos.
10 Fluido que tiende a expandirse indefinidamente y que se caracteriza por su pequeña densidad, como el aire. Palabra inventada por el científico flamenco J. B. van Helmont en el siglo XVII, sobre el lat. Chaos (caos)
11 Forma de 3.ª persona en masculino . Sin preposición, es sujeto.
13 Llegar al término de la vida
15 Acción y efecto de fluir. Torrente sanguineo
16 Prefiio que significa "igual"
17 Símbolo de Hectárea
18 Mirar disimuladamente dirigiendo la vista por encima del hombro, o hacia un lado y sin volver la cabeza
19 Víscera propia de los vertebrados, de color rojo oscuro y forma variada, situada casi siempre a la izquierda del estómago, que destruye los hematíes caducos y participa en la formación de los linfocitos
20 Secuencia de ADN que constituye la unidad funcional para la transmisión.PLURAL
Vertical
1 Mat. Signo de la suma o adición. (Símb. +).
2 Piel de alce adobada y curtida
3 Mat. Símbolo de la razón de la circunferencia a la del diámetro (Símb. π).INVERTIDO
4 Constructor del arca quien, según la biblia, salvo a su familia y a todas las especies animales del diluvio universal.
5 Que goza de perfecta salud. Femenino.
7 Que tiene forma de hoz.
8 Biol. Cada uno de los genes del par que ocupa el mismo lugar en los cromosomas homólogos. Su expresión determina el mismo carácter o rasgo de organización, como el color de los ojos.
9 Enfermedad febril producida por un protozoo, y transmitida al hombre por la picadura de la hembra del mosquito anofeles.
10 Célula globosa roja de la sangre.
12 Encarnado muy vivo. Es el primer color del espectro solar PLURAL
13 Enfermedad, alteración de la salud, morbosidad.
14 "Gran Dios" anónimo, demiurgo, dios Solar de Heliópolis en la mitología egipcia
17 Instrumento que sirve para segar, compuesto de una hoja curva acerada con mango de madera.
Malaria, anemia, bazo, herencia, evolución y la solución al crucigrama…
La primera vez que oí de la anemia africana fue a principios de los 80’s en una serie televisiva estadounidense llamada QUINCY M.E. creo que fue la primera serie que tenía como protagonista a un medico forense interpretado por Jack Klugman, en un capitulo de la serie encuentran un cráneo en el desierto y empieza una investigación forense; que desemboca en que descubren la identidad de la persona y lo más importante; que el cráneo era de un afroamericano, ya que padeció anemia africana, la única característica que podía vincularlo a un determinado grupo étnico ya que no existen diferencias anatómicas relevantes entre las “razas humanas”, de ahí me empecé a dar cuenta que no existían tales razas humanas, y que nuestras diferencias son cosméticas, lo que finalmente se me confirmó de alguna manera el caso de la tribu africana de los Lembas, pero bueno, no es que esa sea otra historia, ya que tiene mucho que ver con lo que quiero poner a su consideración, pero quedaría insoportablemente largo este cabrón artículo; !Qué de por si ya está muy extenso¡

QUINCY M.E
Malaria
La malaria (del italiano malaria, mal aire, ya que se creía que el aire putrefacto la causaba), también denominada fiebre palúdica o paludismo palabra que tiene una raíz que significa laguna, algo más relacionado con el “vector” de contagio: la hembra del mosquito anofeles, es una enfermedad producida por la transmisión del parásitos del género Plasmodium en el torrente sanguíneo por la picadura del mosquito. Principalmente por el parasito P. falciparum, que tiene una distribución global, pero es más común en África, es la especie más agresiva, causando la muerte principalmente por coma o por anemia. Más de 120 millones de casos clínicos y más de 1.5 millones de muertes ocurren cada año en el mundo. Más del 90% de todos los casos de malaria se reportan en África al sur del Sahara. Dos tercios del restante se encuentran en seis países: India, Brasil, Sri Lanka, Vietnam, Colombia y las Islas Solomon, en orden descendente conforme a la incidencia.
El parásito evade el sistema inmunitario al permanecer intracelularmente en los glóbulos rojos, aunque muchos glóbulos parasitados son eliminados en el bazo, por lo cual el parásito produce ciertas proteínas que causan su adherencia en las paredes de las venas, y este es el factor principal de las complicaciones hemorrágicas de la malaria. Dichas proteínas son además altamente variables, y por lo tanto el sistema inmunitario no puede reconocerlos de forma efectiva.

Parasito que provoca la Malaria
Anemia Falciforme
La anemia africana o anemia falciforme o más propiamente anemia drepanocítica, es una enfermedad genética caracterizada por una malformación de los glóbulos rojos:

Un glóbulo rojo falciforme (en forma de hoz) en medio de glóbulos rojos normales
Estas células falciformes tienden a aglutinarse y no pueden moverse fácilmente a través de los vasos sanguíneos. Las aglutinaciones producen un bloqueo y detienen el movimiento de la sangre normal y sana que transporta oxígeno. Este bloqueo es el que provoca las dolorosas y nocivas complicaciones de la anemia drepanocítica.
Las células falciformes sólo viven unos 10 a 20 días, mientras que la hemoglobina normal puede vivir hasta 120 días. Además, las células falciformes corren riesgo de ser destruidas por el bazo debido a su forma y rigidez. El bazo es un órgano que ayuda a filtrar la sangre de infecciones y las células falciformes se atascan en este filtro y mueren. Debido a la reducción del número de células de hemoglobina que circulan en el cuerpo, una persona con anemia drepanocítica padece de anemia crónica. El bazo también sufre daños, ya que las células falciformes bloquean las células sanas que transportan oxígeno. Sin un bazo que funcione normalmente, estas personas tienen mayores probabilidades de contraer infecciones. Los bebés y niños pequeños corren riesgo de contraer infecciones que pueden resultar mortales.
BAZO
El bazo es un órgano linfoide, con múltiples funciones siendo las más conocidas las que se refieren a la linfopoyesis (formación de glóbulos blancos), eritropoyesis (formación de glóbulos rojos) y hematólisis (destrucción de los glóbulos rojos). Además, juega un importante papel en los procesos inmunológicos considerándosele parte del sistema linfático
El bazo está situado en el hipocondrio izquierdo, inmediatamente debajo del diafragma, encima del riñón izquierdo y del colon descendente y detrás del fondo gástrico. El bazo tiene una forma ovoide siendo su tamaño variable según la edad y la situación sanitaria del sujeto, siendo mayor durante el curso de las enfermedades infecciosas y atrofiándose con la edad. Un bazo normal pesa del orden de 150 g, tiene unos 11 cm de longitud cráneo caudal y no es fácilmente palpable. Los bazos pueden alcanzar hasta un peso de 750-1000 g, si bien se considera ya un peso de 400-500 g como indicativo de esplenomegalia.

Herencia
La anemia drepanocítica es una enfermedad hereditaria causada por una mutación genética. Los genes se encuentran en unas estructuras de las células de nuestro cuerpo denominadas "cromosomas". Normalmente hay 46 cromosomas en total (23 pares) en cada célula del cuerpo. El par 11 de cromosomas contiene un gen responsable de la producción de hemoglobina normal. Una mutación o error en este gen es lo que causa la anemia drepanocítica
La anemia drepanocítica (HbSS) es una enfermedad genética. Un bebé nace con anemia drepanocítica únicamente si hereda dos genes HbS, uno de su madre y el otro de su padre. Las personas que sólo tienen un gen HbS están sanas, y se dice que son "portadoras" de la enfermedad. También se puede decir que tienen el rasgo drepanocítico. Un portador tiene mayores probabilidades de tener un bebé con anemia drepanocítica. Este tipo de herencia se denomina autosómica recesiva.
"Autosómica" significa que el gen está en uno de los primeros 22 pares de cromosomas que no determina el género, por lo que la enfermedad afecta por igual a hombres y mujeres.
“Recesiva" significa que son necesarias dos copias del gen, una heredada de cada progenitor, para padecer la enfermedad.

Niños con anemia drepanocítica = S S (uno cada cuatro, o 25 por ciento)
Niños portadores del gen, al igual que sus padres = A S S A
(dos cada cuatro, o 50 por ciento presentan el rasgo drepanocítico)
Niños que no heredan el gen de ningún progenitor: A A (uno cada cuatro, o 25 por ciento)
Una vez que los padres han tenido un hijo con anemia drepanocítica, las probabilidades de que tengan otro hijo con este trastorno son de una en cuatro (25 por ciento). Esto significa que hay un 75 por ciento de probabilidades de que otro hijo no presente anemia drepanocítica. También hay un 50 por ciento de probabilidades de que un niño nazca con el rasgo drepanocítico, al igual que los padres.
Evolución.
Bueno, pero que tiene que ver esto con la evolución, pues todo, la biología es evolución, aunque los creacionistas proclamen lo contrario, la evolución no es solo una teoría, es la explicación que nos revela por qué vida es como es. Eso no lo explica satisfactoriamente el concepto del “diseño inteligente”, tal vez a un nivel de emocional sí, pero no a un nivel intelectual.
Así que empecemos las relaciones entre los conceptos anteriores, si vemos la distribución de la malaria en el continente africano (que es el de mayor incidencia) y la del rasgo drepanocítico, (que tienen el rasgo falciforme pero no la enfermedad) empezamos a notar una correlación:

Áreas con malaria falciparum endémica (endémica significa que es propio o siempre latente)

Porcentaje de población que tiene el alelo del glóbulo falciforme (sickle-cell significa glóbulo en forma de hoz)
Observando la distribución que presentan los dos mapas se aprecia que donde abunda la malaria esta presente el alelo del glóbulo falciforme, esta relación se da porque las personas que sufren de anemia falciforme no contraen la malaria, esto es debido a que el parasito plasmoide se clava en las puntas del glóbulo falciforme y es dañado, lo que provoca que el parásito herido llegue al bazo donde es eliminado, esto no significa que la malaria sea la causante del glóbulo falciforme, pero lo que hace la enfermedad es “presionar” para que esa anomalía salga favorecida,

Esquema del glóbulo falciforme con puntas de puercoespín, las cuales perforan al parásito dañándolo y es arrastrado hasta el bazo, el cual lo elimina.
Pero esta relación no acaba ahí, en el siglo XVII, el “siglo de oro” del comercio holandés de esclavos del continente africano hacia América, los civilizados comerciantes holandeses de la Dutch West Indies Co. Llevaron miles de africano, como esclavos, principalmente de la costa de oro, la actual Ghana, donde el alelo del glóbulo falciforme es mayoritario, a las colonias en América, una de ellas en curazçao en la santillas y la otra fue Surinam en Sudamérica

En Curazçao que no hay malaria. Actualmente, y según la Organización panamericana de la salud tenemos la siguiente información:
En cuanto a la mortalidad materna, a pesar de que solo han ocurrido 13 muertes maternas entre 1986 y 1993, con un promedio de 3.000 nacidos vivos por año, estas cifras representan 54 muertes maternas por 100.000 nacidos vivos. Entre los riesgos asociados con esta tasa de mortalidad materna figuran la alta prevalencia de anemia falciforme y preeclampsia.


En Surinam si hay malaria y tenemos la siguiente estadística, según el Academic Medical Center in Ámsterdam:
Del 1 de noviembre 1998 a través al 31 de octubre de 1999, podría detectar la hemoglobina S y mutaciones de C. RESULTADOS: Cincuenta y cinco portadores fueron detectados en un grupo de 1.016 investigaron a mujeres embarazadas (5.4%). Las frecuencias del alelo en Surinam entre la mujeres afro americanas eran 12 y 15.7%.
Esto nos indica que aunque en las dos poblaciones negras esta presente el alelo falciforme, existe una diferencia en su porcentaje de presencia; en otras palabras:
Los estudios han demostrado que los afroamericanos, que han vivido en las áreas libres de malaria por diez generaciones, tienen frecuencias más bajas del gen del glóbulo falciforme que los africanos — Igualmente, el gen del glóbulo falciforme es menos común entre los negros en Curazçao, una isla libre de malaria en el Caribe, que en Surinam, un país vecino donde esta es endémica — aunque los antepasados de ambas poblaciones vinieron de la misma región de África.
En términos muy sencillos o mejor dicho , en palabras de un profano que cree saber de evolución, la malaria y el alelo del glóbulo falciforme; nos indican como funciona el mecanismo de la evolución, en el caso del alelo falciforme, su origen es:
Origen de la mutación de la Hb S (βS)(Alelo Falsiforme): Estudios antropológicos asociados a análisis biomoleculares, sugieren que el gene de la globina βS surgió por medio de un proceso de mutación de bases nitrogenadas que ocurrió entre 50 y 100 mil años, en los periodos paleolítico y mesolítico. Estos mismos estudios señalan África como el lugar probable en donde salió dicha mutación, coincidente con la presencia del horno sapiens sapiens (hace 40 mil años) y el neanderthalis (hace 100 mil años). Se desconoce la causa que motivó ese cambio de una base nitrogenada (adenina) por otra (tímina), cuya traducción molecular provoca la sustitución del ácido glutámico por la valina en la posición número 6 de la globina β.
No se preocupen por los términos médicos, lo importante aquí es entender que una mutación es la alteración producida en la estructura o en el número de los genes o de los cromosomas, estos errores, son mayoritariamente corregidos en el proceso de la propia copia del ADN, y si no sucede así, la propia naturaleza se encarga de eliminar todos aquellos portadores de errores que no acarrean ningún beneficio para el ser o la especie que tiene la mutación; en el caso que nos ocupa, en regiones donde la malaria es endémica las personas con mayor posibilidad de sobrevivir son los que tiene el alelo, y aunque una gran mayoría muera por anemia falciforme; estos vivirán más que los que no tengan el alelo, ya que la malaria atacará con más existo a los que no lo tienen, con el consecuente legado de que los portadores de la característica del glóbulo falciforme dejarán más descendencia. Cuando los africanos fueron trasladados, contra su voluntad, a América sucedió lo contrario; en las zonas libres de malaria, los portadores del alelo, tenían más posibilidades de desarrollar anemia falciforme, lo cual no acarrea ninguna ventaja y estos morían más jóvenes que las personas con glóbulos rojos típicos, y dejaban menos descendencia, en otras, donde la malaria estaba presente el alelo se conservo, en Cuba, por ejemplo, donde, hasta hace poco se considera un territorio libre de malaria, la anemia falciforme sigue siendo un problema de salud publica, ya que el 3% de la población la padece, pero, el mismo mecanismo de la evolución nos indica que no desaparecerá este problema en forma natural en esa isla caribeña, ya que ahora otro mecanismo conserva a la población que padece de anemia y hace que esta tenga descendencia: la inteligencia. Actualmente, el servicio medico se encarga de prolongar y hacer más llevadera la vida a los que sufren de este mal congénito; preservando la mutación.
Si recordamos, en curazçao, aunque disminuido, el alelo existe, esto también nos indica que la naturaleza guarda aquellas cartas que más adelante le pueden servir para que la especie sobreviva, lo anterior es una metáfora; por naturaleza, no me refiero a una beldad de ropas vaporosas que se ocupa de que las leyes naturales se cumplan, sino, al conjunto de mecanismo físico, químico y biológicos que dan como resultado la vida y su diversidad. Como cartas; me refiero a las leyes de la herencia, otro ejemplo de estas “cartas” guardadas lo notamos en los Leones blancos de África, que no es albino, es una variación del León africano, no una subespecie, debido a un gen recesivo llamado “chinchilla o inhibidor de color” y es extremadamente rara, dado que su notoriedad, por ser blanco, lo hace un mal cazador y esto es una desventaja en el actual medio africano, pero hace miles de años en las zonas glaciares esta era una enorme ventaja, y lo volverá a ser si empieza otra era glacial en el futuro.

Leon Blanco
Conclusiones:
Regularmente damos el significado de progreso, mejora o perfeccionamiento a la palabra evolución, pero, en biología, significa cambio, no mejora, el glóbulo falciforme no necesariamente es una mejora, es un cambio que ayuda a la sobrevivencia en ciertos medios hostiles. He leído textos creacionistas que afirman que la anemia falciforme no prueba la evolución (Sickle-cell anaemia does not prove evolution! ) y efectivamente, no la prueba, pero lo que hace la teoría de la evolución es explicarla, y esa es la gran diferencia entre una teoría científica y una creencia como el “creacionismo”. La teoría de la evolución no es una verdad absoluta, es una explicación racional de un fenómeno, dicha teoría nos explica el fenómeno en tres tiempos, el pasado el presente y nos predice el futuro, además de que se cuentan con una cantidad abrumadora de pruebas de que la evolución es un hecho científico demostrado, independientemente de que la teoría de la evolución de Darwin no la explique en su totalidad, aunque, el hecho que no lo haga, no la invalida, ni a la evolución ni a la teoría. Se llegó a la Luna utilizando la teoría de la gravitación de Newton, aunque sea una teoría incompleta es más practica de usar que la más completa y compleja de Einsten. La validez de la teoría de la evolución gradual y uniforme por selección natural radica en su capacidad de explicar un fenómeno natural y en el poder de utilizar los resultados de las preediciones que esta teoría nos propone.
Solución.
Anexo la solución del crucigrama, pero supongo que ya encontraron las palabras en al articulo que le antecede. Por cierto, el nombre del parásito de la anemia y el del glóbulo de la anemia, significan lo mismo, “en forma de media Luna”; ya que en cierta etapa de su desarrollo el plasmodio y la célula tienen la misma figura, parece ser que aquí aplica, en más de un sentido, el refrán ese de que para cuña apriete debe ser del mismo palo.

by Jorge Armando Romo Bonilla | May 19, 2007 | Opiniones, Sin Categoría
Es muy divertido saber que mi profesora de cuarto nivel de inglés señala de manera atinada los defectos en las creencias sobre fenómenos paranormales. Muchos de mis compañeros han puesto una carita de desconcierto que indica que nos les cae muy bien que alguien aplaste de golpe sus ideas acerca del mundo. Para serles sincero, mi maestra ha mostrado argumentos escépticos muy interesantes para mostrar la falsedad (o por lo menos los errores lógicos) de todo tipo de comentarios nacidos en el seno del pensamiento mágico. Hubo incluso una vez en que un compañero afirmaba ver a La llorona, aunque aclaraba que había hecho un descubrimiento interesante: Este fantasma en pena realmente no llora, solo grita ¡y no por sus hijos! En este caso, la profesora hablaba de la calidad tan endeble de la memoria o el desequilibrio que existe en los reportes sobre algún tipo de fenómeno sobrenatural por parte de los testigos.
Todo parecería ser pan sobre hojuelas. Solamente hay un pequeño problema: my dear teacher concluye que si no hay pruebas contundentes para avalar algún fenómeno de corte paranormal, significa que nada de eso existe. El problema con todo lo expuesto con antelación radica en que nosotros los escépticos no podemos argumentar que algo no existe y no por que sea una falacia lógica decir: “Demuéstrame que no existen los fantasmas”, por citar un ejemplo. Lo que intento decir es que un escéptico pone en tela de juicio algún argumento de corte fantástico y/o de ultratumba y mientras no existan verdaderas pruebas que soporten la crítica, el asunto es desechado. No obstante, hay tantas cosas que desconocemos del mundo; en ese sentido, diría que en un futuro cercano podría presentarse algún hecho real sobre experiencias paranormales. No lo sé en realidad. Y por eso mismo no puedo afirmar que algo no existe… ¡Pero tampoco afirmarlo sin pruebas contundentes!
Hay otro caso sobre escepticismo extremo que debe ser mencionado como muestra de lo que los escépticos no debemos hacer. Me refiero a los episodios de los magos escépticos Penn & Teller. Muchas veces sus posturas han sido bastante interesantes e ilustrativas; muchas veces, se han ido por los senderos más radicales.

El programa Penn & Teller Bullshit! es una muestra clara de todo esto. Recuerdo que en uno de los tantos episodios de esta serie se criticaba duramente las posturas políticas del Dalai Lama, para ir (me parece) inmediatamente después a desprestigiar a todo el budismo y sus practicantes sin mayor tregua. Hay también otro episodio en donde se muestran a favor de los experimentos con animales. Es cierto que no podemos detener los avances de la medicina a pesar de los conflictos bioéticos que imperan, pero podemos tomar medidas para sacrificar el menor número de animales y sacar el mejor provecho de la situación. Saco esto a colación porque en un episodio de la serie, Penn afirma que si por él fuera, mataría a todos los chimpancés del mundo con tal de salvar a un ser humano. Esto muestra una gran sensibilidad por los demás, pero creo que lo que dice intenta dar un triple knock out al debate sobre el uso de animales en la investigación científica y a la vez manifiesta el deseo de tener una frase de enormes proporciones para intentar callar a todos los que tienen argumentos en contra de este asunto.
Si bien es cierto que los escépticos exageramos en ocasiones, hay que recordar que somos humanos. Un servidor a veces ha hablado un poco de más sin saber las condiciones que imperan dentro del tema criticado mostrando una postura completamente radical y exagerada. Así pues, la pasada entrega sobre la Sociedad Mexicana de Escepticismo fue un texto plagado de presión juvenil con tintes de desesperación. Personalmente no tengo nada en contra de Mario Méndez Acosta y pido públicamente una disculpa por la ofensa que pudo haber representado la crítica que hacía a la Sociedad Mexicana para la Investigación Escéptica. Desconocía por completo la enorme carga que significa mantener una sociedad con cuotas de voluntarios y ahora sé que es todavía más difícil llevar al éxito a una organización como SOMIE con escasos recursos y no con un desinterés (como yo apuntaba), sino con la gran cantidad de obligaciones que tienen en la agenda sus miembros. Enhorabuena, yo espero que esos comentarios no vuelvan a afectar a nadie y que la pequeña pero ininterrumpida labor de Mario y sus contertulios siga siendo inspiración para Sobrenatural.net cuyos miembros son sin lugar a dudas aliados en esta batalla contra el pensamiento mágico, las supersticiones y la pseudociencia.
by Lalo Márquez | May 18, 2007 | Opiniones, Sin Categoría
Mi prometida y su servidor estamos planeando nuestra boda. Su familia es muy religiosa y ella está en el limbo entre sí (por ellos) y no (por mí). Aunque su sueño siempre ha sido caminar hacia el altar católico vestida de novia, y esa idea le es difícil de hacer a un lado.
Si por mí fuera, yo preferiría no casarme por la iglesia, solo por lo civil. Pero parece ser que de esta no me voy a salvar.A mí me criaron en el catolicismo, mis familiares se esforzaron por hacerme "un buen cristiano", lo que sea que eso quiera decir. Desde niño y sin preguntarme me llevaron a que los religiosos me hicieran esos ritos sobrenaturales como el exorcismo bautismal, la confirmación, y la primera comunión. En primaria y secundaria estuve en escuelas religiosas (durante 6 años nos hacían rezar al comenzar cada día de clases). De adolescente frecuentemente asistí a misa los domingos con mis amigos. Todavía hace tiempo lograron comprometerme para ser padrino de bautizo de dos niños. Lo que quiero decir es que por "trámites religiosos" no tendría problemas puesto que cuento con toda la documentación oficial católica para poder casarme por la iglesia si así lo quisiera, o en este caso, si así me sintiera obligado a hacerlo.
Hoy en día no puedo decir que soy totalmente ateo, pero sí soy anti-religioso. De hecho estoy en contra de la religión y me parece algo dañino para la humanidad. Y digo que no soy totalmente ateo porque no puedo decir que no creo que pudiera existir un creador, quizá no un "dios", pero tal vez un creador de todo, porque mi comprensión no llega tan lejos. Quizá somos el experimento dentro de una super-computadora de alguien, quizá estamos dentro de un átomo que compone algo mayor, o cualquier otra cosa que se me ocurra. O bien, nada, solo lo que actualmente conocemos. Me es imposible saberlo y por lo tanto no pudiera negarlo. Pero no creo en el dios cristiano, un "dios" tan mediocre no pudiera llamarse "dios". Un dios caprichoso y vengativo que ni siquiera sabe que existen otras galaxias, que no somos el centro del Universo, y del que no existe ni una pizca de evidencia de lo que dicen que ha hecho, no tiene cabida en mi vida. Mucho menos tendría yo deseos de hacerle reverencias a ese personaje imaginario. No veo ninguna razón para hacerlo.
Pero volviendo a la cuestión que me hace escribir este comentario, si por mí fuera, celebraría mi boda de manera personal, nada de leer pasajes bíblicos como en todas las ceremonias religiosas, ni hacer todo tipo de rituales que se hacen todos los domingos en una misa cualquiera. En las bodas católicas los novios nada más están ahí como monigotes escuchando al tipo con bata dar su sermón, y solo participan en limitadas ocasiones: una cuando los novios repiten lo que el cura les dice que repitan, y la otra cuando les dice que se den un beso, y a veces eso hasta se lo saltan. Las demás veces que participan de la celebración solo lo hacen como parte de la misma celebración que les digo que se hace un domingo cualquiera: comulgar, rezar, pararse, sentarse, incarse, persignarse, cantar, etc. Las bodas católicas son de lo más impersonales.
Qué más quisiera casarme en una celebración personalizada a nosotros, quizá proyectar videos de imágenes de nosotros desde pequeños, cuando nos conocimos, y hasta el momento con el fondo musical con música de nuestra elección, que nos evoque recuerdos. Leer poesías que nos gusten a nosotros, leer nuestras propias palabras que nos diríamos el uno al otro. Que nuestros familiares y amigos hablaran sus experiencias con respecto a nuestra relación como pareja. Una ceremonia PARA NOSOTROS.
Pero no.
El cáncer eclesiástico está tan dentro de nuestra sociedad que tiene poder absoluto en los creyentes, y en los no-creyentes (como yo) que se enamoran de creyentes (como mi novia), pues también, porque ¿qué puedo hacer?
Me gustaría comprometer una cosa con otra y decir que, bien, nos casamos por la iglesia, pero a nuestros hijos no los hacemos católicos ¿para qué darles ese estigma? ¿para qué comprometerlos con una religión si ellos de bebés ni siquiera saben qué es ese invento humano diseñado para controlar a las masas? Cuando tengan la edad suficiente para hacerlo, que ellos mismos decidan si quieren pertenecer a una religión o no, o a algún partido político, o a algún club social, etc. Que sea su decisión.
Pero de nuevo entra la familia diciendo "no puedes hacer eso porque tus hijos van a tener problemas para casarse de grandes si se enamoraran de una mujer (u hombre) creyente, tendrían que hacer todos los trámites que ordena la religión". Entiendo esa situación, y me encabrona.
¿Qué se puede hacer?
Muchas gracias por leer y por cualquier comentario que gusten hacerme.
by Roberto Aguirre | May 14, 2007 | Opiniones, Sin Categoría
Les transcribo del libro Maria Antonieta del imprescindible Stefan Zweig, un capitulo de la biografía de esta reina, por favor pongan atención en madame De la Motte, la “protagonista” de esta historia. Es un poco largo pero vale la pena, amen que desde que se empieza a leer a Zweig, está uno condenado a quedar atrapado.
Para una estafa de gran magnitud siempre son indispensables dos elementos: un gran estafador y un gran bobo. Felizmente, el bobo lo tiene ya a mano y no es ningún otro sino el esclarecido miembro de la Academia Francesa, Su Eminencia el cardenal de Rohan, obispo de Estrasburgo y gran limosnero de Francia. Completamente hombre de su tiempo, ni más inteligente ni más tonto que cualquier otro, este príncipe de la Iglesia, de un exterior muy atractivo, padece también la enfermedad de su siglo: es de una credulidad excesiva. La humanidad no es capaz de vivir permanentemente sin una fe; y como el ídolo del siglo, Voltaire, ha dejado fuera de moda la fe en la Iglesia, la superstición se introduce y ocupa su puesto en los salones del dix-huitième. Para alquimistas, cabalistas, hermanos Rosa-Cruz, charlatanes, nigrománticos y médicos milagrosos comienza una edad de oro. Ningún hombre de la nobleza, ningún hombre de mundo, dejará de haber estado con Cagliostro en su logia, con el conde Saint-Germain sentado a la mesa, con Mesmer presenciando sus experimentos con la tina magnética.
Precisamente por ser tan despejados, tan agudamente frívolos; precisamente porque ya no toman en serio ninguna cosa, los generales su servicio, la reina su dignidad, los sacerdotes su Dios, necesitan estos «ilustrados» vividores cualquier juego contra el espantoso vacío de su alma, y juegan con la metafísica, la mística, lo suprasensible y lo incomprensible, y, a pesar de toda su clarividencia y de todas sus agudezas, van a dar en las redes de los más chabacanos embaucadores de la manera más tonta. Entre esos pobres de espíritu, Su Eminencia el cardenal de Rohan es el más ingenuamente crédulo y cae en manos del más universalmente astuto de los fascinadores, en las del papa de todos los trapaceros, en las del « divino» Cagliostro. Instalado en el castillo de Saverne, hace pasar magistralmente a su bolsillo, por medio de hechizos, el dinero y la razón de su huésped.
Ahora bien, como augures y estafadores siempre se reconocen unos a otros a la primera ojeada, lo mismo ocurre, en este caso, con Cagliostro y madame De la Motte; por medio de aquel confidente de todos los secretos del cardenal averigua ella el más escondido de los deseos de Rohan, el de ser primer ministro de Francia, y también descubre el único obstáculo temido por el cardenal: la conocida más para él inexplicable antipatía de la reina María Antonieta hacia su persona. Conocer la debilidad de un hombre, para una mujer astuta, es siempre lo mismo que tenerlo ya en sus manos; al vuelo, teje una red la bellaca para hacer bailar al oso episcopal hasta que sude oro. En abril de 1784 comienza la De la Motte a dejar caer de cuando en cuando una pequeña observación acerca de lo tiernamente que confía en ella su «querida amiga» la reina; cada vez más llena de fantasía, inventa episodios que suscitan en el sencillo cardenal la idea de que aquella linda mujercita podría ser una ideal intercesora para él cerca de la reina. Cierto que le afecta mucho, acaba por confesar francamente, el que desde hace años Su Majestad no le honre ni con una mirada, cuando para él no habría mayor dicha que la de que le fuera dado servirla respetuosamente. ¡Ay! ¡Si hubiese alguien que hiciera conocer a la reina sus verdaderos sentimientos! Compasiva y emocionada, promete la «íntima amiga» hablarle en su favor a María Antonieta; y de qué peso, con asombro de Rohan, tiene que ser la intervención de la De la Motte, ya que en mayo le anuncia que la reina ha cambiado de opinión y próximamente dará al cardenal una discreta muestra de su transformado pensamiento; claro que nada público todavía; durante la próxima recepción de la corte le hará de un modo determinado cierto saludo secreto. Cuando se desea crear alguna cosa es grato creerla; cuando se desea su vista, también se llega a verla fácilmente. En efecto, el buen cardenal, en la siguiente recepción, cree observar cierta nuance en la inclinación de cabeza de la reina y le paga muy buenos ducados a la tierna mediadora. Mas para la De la Motte falta aún mucho para que el filón de oro rinda con la debida abundancia. Para meterse aún con mayor seguridad al cardenal en el bolsillo hay que mostrarle cualquier prueba escrita del regio favor. ¿No estarían bien unas cartas? ¿Para qué tendría, si no, la De la Motte un secretario sin escrúpulos en su casa y en su lecho? En efecto, Rétaux escribe sin vacilar unas cartas de la propia mano de María Antonieta a su amiga la Valois. Y ya que el bobalicón las admira como auténticas, ¿por qué no seguir avanzando por este lucrativo camino? ¿Por qué no simular al momento una correspondencia secreta entre Rohan y la reina, a fin de poder llegar más hasta el fondo de la caja del primero? Por consejo de madame De la Motte redacta el deslumbrado cardenal una detallada justificación de su anterior conducta, la corrige durante días enteros y entrega por fin el escrito, puesto en limpio, a aquella mujer impagable en el más auténtico sentido del vocablo. Y he aquí… Realmente, ¿no es una hechicera esta madame De la Motte y la más íntima amiga de la reina? De aquí que, pocos días más tarde, le trae ya una cartita, en un blanco plieguecillo afiligranado, con dorados bordes y la flor de lis francesa en un ángulo. La hasta entonces inaccesible y esquiva, la orgullosa reina de la Casa de los Habsburgo le escribe al otro tiempo menospreciado cardenal: «Me alegro mucho de no tener que considerarte a usted ya como culpable; todavía no puedo conceder a usted la audiencia que desea. Tan pronto como las circunstancias lo permitan se lo comunicaré. Sea usted discreto». El embaucado apenas es capaz de dominar su alegría;por consejo de la De la Motte da las gracias a la reina; recibe de nuevo cartas y de nuevo las escribe, y cuanto más se le llena el corazón de orgullo y anhelo ante la idea de estar en tan alto favor con María Antonieta, tanto más le aligera los bolsillos la De la Motte. El
temerario juego se halla en pleno curso. Sólo es lástima que no haya medio de que un importante personaje se muestre dispuesto a desempeñar su papel en la comedia: precisamente la protagonista, la reina. Mas no es posible continuar largo tiempo esta peligrosa partida sin introducirla en la acción, pues no se puede embaucar ni aun a la persona más fácilmente crédula haciéndole figurar ternamente que la reina le ha saludado, si ella, en realidad, aparta con toda tiesura la mirada de aquel hombre execrado y jamás le dirige la palabra. Cada vez se hace mayor el peligro de que el pobre bobalicón descubra por fin el pastel. Por tanto hay que inventar una jugada de ajedrez muy usada. Como naturalmente está descontado que jamás la reina le dirigirá la palabra al cardenal, ¿no bastará hacer creer a aquel majadero que ha hablado con la reina? ¿Qué ocurriría si, aprovechando el momento favorable para todas la trapacerías, la oscuridad de la noche, y un lugar propicio en cualquier sombrío paseo del parque de Versalles, se llevara a Rohan, en lugar de la reina, una figuranta a quien se hubiera enseñado a decir algunas palabras? De noche todos los gatos son pardos, y, en su excitación y atontamiento, el buen cardenal se dejarí
a burlar con la misma facilidad que con las paparruchas de Cagliostro y las cartas de cantos dorados escritas por mano de su ignaro secretario. Pero ¿dónde encontrar a toda prisa una figuranta, un «doble», como se dice hoy en el lenguaje del cine? Sólo allí donde unas muy amables damas y damiselas, de todas clases y tamaños, esbeltas y metidas en carnes, flacas y gordas, rubias y morenas, se pasean a todas horas con un fin comercial: en el jardín del Palais Royal, el paraíso de la prostitución de París. El «conde» de la Motte toma a su cargo la espinosa comisión: no necesita mucho tiempo y ya ha hecho el descubrimiento de una sustituta de la reina, una joven dama llamada Nicole -que más tarde llevará el nombre de baronesa de Oliva-, modista en apariencia, pero en realidad más ocupada del servicio de los caballeros que de una clientela de señoras. No cuesta mucho trabajo convencerla para que represente su fácil papel, pues -según explica la señora De la Motte delante de sus jueces- «era muy tonta». El 11 de agosto llevan a Versalles a la condescendiente esclava del amor a una vivienda precisamente alquilada para ello: por su propia mano, la condesa de Valois la viste con un traje de muselina con lunares blancos, copiado exactamente de aquel que lleva la reina en el retrato de madame Vigée-Lebrun. Le plantan además un sombrero de alas anchas, que dé sombra al semblante, sobre los cabellos cuidadosamente empolvados; y entonces, adelante, viva y descaradamente, por el nocturno parque sombrío, con la pequeña que se asusta con facilidad y que deber representar, durante diez minutos, a la reina de Francia delante del gran limosnero del rey. La más temeraria bellaquería de todos los siglos está en marcha.
Muy calladamente se desliza la pareja, con su seudo reina disfrazada, por la terraza de Versalles. El cielo los protege, como siempre a los trapaceros, y derrama una oscuridad sin luna sobre los jardines. Bajan hacia el bosquecillo de Venus, espesamente cubierto de abetos, cedros y pinos, donde de cada figura apenas es posible distinguir otra cosa que la silueta; es un lugar maravillosamente apropiado, por tanto, para los juegos de amor, y más aún para esta fantástica comedia de engaños. La pobre golfilla comienza a temblar.
¿En qué aventura se ha dejado meter por una gente desconocida? Lo mejor para ella sería escaparse. Llena de miedo, tiene en sus manos la rosa y la esquela que, según lo prescrito, debe entregar a un distinguido señor que se acercará a hablarle. Crujen ya las arenas del paseo. Surge de las sombras la silueta de un hombre; es Rétaux, el secretario, que, fingiéndose servidor real, conduce a Rohan. De repente, la Nicole se siente enérgicamente impulsada hacia delante; como tragados por la oscuridad desaparecen de su lado los dos rufianes. Se queda sola, o más bien ya no lo está, porque, alto y esbelto,con el sombrero muy calado sobre la frente, un desconocido viene ahora a su encuentro: es el cardenal. Pero ¡de qué modo tan raro se conduce este hombre extraño! Se inclina respetuosamente hasta el suelo y le besa a la moza la orla del vestido. Ahora debería la Nicole tenderle la rosa y la carta que tiene preparadas. Pero, en su aturdimiento, deja caer la rosa y se olvida de la carta. Sólo balbucea, con voz ahogada, las escasas palabras que trabajosamente le han metido en la cabeza: «puede usted confiar en que todo lo anterior está olvidado». Y estas palabras parecen encantar desmedidamente al desconocido caballero; una y otra vez se inclina ante ella y tartamudea. con manifiesto embeleso, las más sumisas y respetuosas gracias, sin que la pobre modistilla sepa por qué. Sólo tiene miedo, un miedo mortal, de tener que decir algo y con ello traicionarse. Pero, gracias a Dios, rechina otra vez la arena bajo unos pasos precipitados, y alguien dice en voz baja y agitada: «¡Pronto, pronto, venid! Madame y la condesa de Artois están muy próximas». La llamada hace su efecto; se espanta el cardenal y se aleja precipitadamente, acompañado por la De la Motte, mientras que el noble esposo conduce a la pequeña Nicole: con corazón palpitante, se desliza la seudorreina de esta comedia a lo largo del palacio, en el cual, detrás de las ventanas sumidas en las tinieblas, la verdadera reina duerme sin sospechas. La farsa aristofanesca ha triunfado gloriosamente. El pobre imbécil del cardenal ha recibido un golpe en el cráneo que le arrebata por completo todos los sentidos. Hasta entonces había habido que volver a cada momento a cloroformizar su desconfianza; el pretendido saludo era sólo una semiprueba, lo mismo que las cartas; pero ahora que el burlado cree haber hablado en propia persona con la reina y haber oído de su boca que lo perdona, cada palabra de la condesa de la Motte va a ser para él más verdadera que el Evangelio. Ahora, llevados sus andares por la condesa, marcha por donde ella quiere. Esta noche no hay un hombre más feliz que él en toda Francia. Rohan se ve ya primer ministro gracias a las mercedes de la reina. Algunos días más tarde, la De la Motte le anuncia ya al cardenal otro testimonio del favor de la reina. Su Majestad -bien conoce Rohan su generoso corazón- tiene el deseo de hacer entregar cincuenta mil libras a una familia noble caída en la miseria, pero por el momento se ve impedida a pagarlas. ¿No querría el cardenal tomar a su cargo este caritativo servicio? Rohan, dichosísimo, no se asombra ni por un instante de que la reina, a pesar de sus gigantescos ingresos, se encuentre mal de fondos. Todo París sabe, por lo demás; que siempre está metida en deudas. Al instante el cardenal hace llamar a un judío y dos días después las monedas de oro tintinean sobre la mesa de los De la Motte. Por fin tienen éstos ahora en sus manos los hilos para hacer bailar a su gusto al fantoche. Tres meses más tarde tiran de ellos aún con mayor fuerza: otra vez desea dinero la reina, y Rohan empeña, diligente, muebles y objetos de plata, sólo para agradar más pronto y ricamente a su protectora. Ahora vienen unos tiempos celestiales para el conde y la condesa de la Motte. El cardenal está lejos, en Alsacia, pero sus dineros suenan alegremente en los bolsillos de la pareja. Ahora no necesitan tener ya ninguna preocupación; han encontrado un tonto que paga. Le escribirán de cuando en cuando una carta en nombre de la reina y el cardenal destilará nuevos ducados. Entre tanto, ¡a vivir magníficamente al día y con toda clase de goces y no pensar en mañana! No sólo los soberanos, los príncipes, los cardenales, son irreflexivos en estos tiempos livianos, sino que lo son también los bellacos. Se apresuran a comprar una casa de campo en Bar-sur-Aube, con magnífico jardín y dilatada labranza; comen en vajilla de plata, beben en copas de cristal centelleante; se juega y se oye música en este noble palacio; la mejor sociedad se disputa el honor de poder tratarse con la condesa de Valois de la Motte. ¡Qué hermoso es el mundo donde se dan tales pazguatos! Quien al jugar ha sacado por tres veces la carta más alta, no vacilará en atreverse a realizar, también por cuarta vez, la más audaz jugada. Una insospechada casualidad pone en manos de los De la Motte el naipe del triunfo. En una de sus reuniones refiere alguien que los pobres joyeros de la corte, Boehmer y Bassenge, se encuentran en gran apuro. Han colocado todo su capital, lo mismo que una buena cantidad de dinero tomado en pr&e
acute;stamo, en el más soberbio collar de diamantes que se ha visto jamás sobre la tierra. Realmente, había sido destinado para la Du Barry, la cual de fijo que lo hubiera adquirido si las viruelas no se hubiesen llevado a Luis XV; después, lo habían ofrecido a la corte de España y, por tres veces, a la reina María Antonieta, la cual, loca por las alhajas, compraba aturdidamente, en general sin preguntar mucho por el precio. Pero Luis XVI, aburrido y ahorrativo, no había querido adelantar el millón seiscientas mil libras que la alhaja costaba; ahora los joyeros se encontraban con el agua al cuello; los réditos se comían los hermosos diamantes; probablemente tendrían que deshacer el collar maravilloso y perder, con ello, todo su dinero. Si la condesa de Valois, que estaba en un plano de tanta intimidad con la reina María Antonieta, lograra convencer a su regia amiga de que comprara aquella joya, a plazos naturalmente y con las mejores condiciones, ganaría con ello una bien jugosa zampada de ducados. La De la Motte, pensando celosamente en mantener en pie la leyenda de su influencia, tiene la bondad de prometer su intervención, y el 29 de diciembre los dos joyeros llevan a la calle Neuve-Saint-Gilles el precioso estuche para que sea visto por la condesa. ¡Qué espectáculo! La De la Motte se queda sin aliento. Lo mismo que estos diamantes bajo la luz del sol, así centellean y relumbran osados pensamientos en su astuta cabeza. ¿Qué ocurriría si pudiera llevar al archiasno del cardenal a que comprara secretamente el collar para la reina? Apenas está de regreso de Alsacia, cuando la De la Motte lo pone en prensa para exprimirlo fuertemente. Un nuevo favor de la reina le hace amables guiños. La reina desea comprar una preciosa alhaja, sin que lo sepa su marido, naturalmente, y para ello necesita un discreto intermediario; para esta secreta y honrosa misión ha pensado en Rohan, como muestra de confianza. En efecto, ya pocos días más tarde, la De la Motte puede comunicar triunfalmente al dichoso Boehmer que ha encontrado un comprador para la alhaja: el cardenal Rohan. El 29 de enero de 1785 es cerrado el trato de la compra en el palacio del cardenal, el Hotel de Estrasburgo, por un millón seiscientas mil libras, pagaderas antes de dos años en cuatro plazos semestrales. La joya debe ser entregada el 1° de febrero, y el primer plazo de pago vence el 1° de agosto siguiente. El cardenal rubrica de su propia mano las condiciones del contrato y se lo entrega a la De la Motte para que ésta lo presente a su «amiga» la reina; inmediatamente, el 30 de enero, trae la engañadora la respuesta siguiente: Su Majestad está conforme con todo. Pero, a un paso de la puerta de la cuadra, se encabrita el asno, hasta entonces tan dócil. En resumidas cuentas, se trata de un millón seiscientas mil libras, y ésta no es una bagatela ni aun para el príncipe más dilapidador de la época. En el caso de una fianza tan enorme, hay, por lo menos, que tener en la mano, para caso de muerte, algo como un reconocimiento de la deuda, un documento firmado por la reina. ¿Un escrito? ¡Con el mayor gusto! ¿Para qué se tendría, si no, un secretario? Al día siguiente, la De la Motte vuelve a traer el contrato: cada cláusula lleva al margen, manu propria, la palabra «aceptado», y al final del documento, la firma «autógrafa»: «Marie-Antoniette de France». Con algo de talento en su cabeza, el gran limosnero de la corte, miembro de la Academia, antiguo embajador, y, en sueños, ya futuro ministro, habría tenido que oponer al instante el reparo de que una reina de Francia jamás firmaba de otro modo un documento sino con su solo nombre, y que, por tanto, aquel Marie-Antoniette de France a la primera ojeada descubría ya la obra de un falsificador, pero no de uno hábil, sino de un inculto y de ínfima categoría. Mas ¿cómo dudar si la reina lo ha recibido a él personalmente y en secreto en el bosque de Venus? Solemnemente jura el deslumbrado cardenal a la embaucadora no dejar nunca de su mano este papel y no mostrárselo a nadie. A la otra mañana, el 1° de febrero, el joyero entrega la alhaja al cardenal, el cual, por la noche, se lo lleva en su propia mano a la De la Motte, para convencerse personalmente de que será recibida por manos fieles a la reina. No necesita esperar mucho tiempo en la calle Neuve-Saint-Gilles; se oye ya por la escalera un paso varonil que se aproxima. La De la Motte suplica al cardenal que pase a una habitación inmediata, desde la cual podrá ver, por la puerta de cristales, la entrega de la joya hecha con toda formalidad y ser testigo de ella. En efecto, se presenta un joven totalmente vestido de negro -claro que vuelve a ser otra vez Rétaux, el valiente secretario-, y se anuncia con estas palabras: «De orden de la reina». ¡Qué admirable mujer es esta condesa de la Motte-Valois -no puede menos que pensar el cardenal- : qué discreta, fiel y hábilmente interviene en todos los asuntos de su amiga! Lleno de confianza le entrega el estuche a la De la Motte; ésta se lo tiende al misterioso mensajero, el cual, con su buena presa, desaparece con la rapidez con que ha venido, llevándose el collar. que no volverá a aparecer más hasta el día del Juicio. Conmovido, se despide el cardenal; ahora. después de tales amistosos servicios, no puede dilatarse mucho tiempo el que él, secreto auxiliar de la reina, tenga que ser el primer servidor del rey, el primer ministro de Francia. Pocos días más tarde se presenta a la Policía de París un joyero judío para quejarse, en nombre de sus perjudicados compañeros de profesión, de que cierto Rétaux de Villette ofrece magníficos diamantes a tan viles precios que es forzoso pensar en un robo. El prefecto de Policía hace que el tal Rétaux comparezca ante él. Éste declara que ha recibido los diamantes, para su venta, de una parienta del rey, de la condesa de la Motte-Valois. ¿La condesa de Valois? Este noble nombre le produce al instante al funcionario el efecto de un purgante; con toda precipitación deja que se retire el mortalmente espantado Rétaux. Pero, en todo caso, la condesa se da ahora cuenta de que sería peligroso continuar deshaciéndose en el mismo París, a cualquier precio, de las piedras preciosas desmontadas del collar -al instante han despanzurrado y despedazado aquella pieza de caza, perseguida tanto tiempo-. Por ello, atiborra de brillantes los bolsillos de su bravo esposo y lo envía a Londres; bien pronto los joyeros de New Bond Street y de Piccadilly no pueden quejarse de no tener bundantes y baratas ofertas. ¡Hurra! Ahora hay dinero; de repente, mil veces más dinero del que pudiera haberse atrevido a soñar jamás esta embaucadora, la más osada de todas las que se tiene memoria. Con la insolente audacia que le ha hecho adquirir su increíble buen éxito, no vacila en mostrar altivamente estas nuevas riquezas; adquiere coches tirados por cuatro yeguas inglesas, contrata lacayos con soberbios uniformes, un negro cubierto de galones de plata desde la cabeza a los talones. alfombras, gobelinos, bronces y sombreros de plumas, un lecho cubierto de terciopelo escarlata. Después, cuando la digna pareja se traslada a su rica residencia de Bar-sur-Aube, no son necesarios menos de veinticuatro carros de transporte para conducir todas las preciosidades adquiridas con tanta rapidez. Bar-sur-Aube asiste a una inolvidable fiesta de Las mil y una noches. Suntuosos correos preceden a caballo
al cortejo del nuevo gran mogol; después viene la berlina inglesa, laqueada de gris perla y tapizada con paño blanco; las mantas de raso que abrigan cada par de piernas (con las cuales hubieran hecho mejor en huir rápidamente al extranjero) ostentan las armas de los Valois: «Rege ab avo sanguinem, nomen et lilia». «Del rey, mi antepasado, tengo la sangre, el nombre y los lises.» El antiguo oficial de la gendarmería se ha vestido magníficamente: lleva anillos en todos los dedos, hebillas de diamantes en los zapatos, tres o cuatro cadenas de reloj centellean sobre su pecho heroico, y el inventario de su vestuario -pudo ser comprobado más tarde por los documentos del proceso- no registra menos de dieciocho trajes de seda o de brocado absolutamente nuevos, adornados con encajes de Malinas, botones de oro cincelados y preciosas pasamanerías. La esposa, por su parte, no queda en modo alguno tras de él en lo que se refiere al lujo; como un ídolo indio, relumbra y centellea cubierta de joyas. Tal riqueza no había sido aún vista jamás en la pequeña ciudad de Bar-surAube, y no tarda en ejercer su fuerza magnética. Toda la nobleza de la comarca afluye a esta casa y se recrea con los festines, dignos de Lúculo, que son aquí dados; regimientos de lacayos sirven los manjares más escogidos en la más preciosa vajilla de plata, se escucha música durante el banquete, y, como un nuevo Creso, el conde circula por sus salones principescos y esparce a manos llenas el dinero entre los invitados. De nuevo, en este punto, llega a ser tan absurda y fantástica la historia del collar, que produce el efecto de lo imposible. El engaño, ¿no tendría que haber sido conocido al cabo de tres semanas, de cinco, de ocho, o cuando más de diez? ¿Cómo podían estos dos estafadores -se pregunta involuntariamente toda razón normal- ostentar tan despreocupada a insolentemente sus riquezas, como si no existiera ninguna Policía? Pero la De la Motte echa sus cuentas de un modo totalmente justo; piensa que si realmente ha de caer alguna vez sobre ellos un golpe desgraciado, tiene por delante quienes los defienden bien. Si llega a descubrirse el secreto… Pues bien, ya sabrá cómo arreglárselas el señor cardenal de Rohan. Tendrán mucho cuidado de no dejar que haga ruido un asunto que cubriría de eterno ridículo al gran limosnero de Francia. Preferiría pagar el collar de su propio bolsillo, muy calladamente y sin pestañear. ¿Para qué, pues, apresurarse? Con tal asociado en el negocio, ya puede uno dormir bien descansado en su cama cubierta de damasco. Y, verdaderamente, no se preocupan de nada la valiente De la Motte, su dignísimo esposo y el mañoso secretario, sino que gozan plenamente de las rentas que con hábil mano han sabido obtener del inagotable capital de la tontería humana.
Mientras tanto, hay, sin embargo, una pequeñez que le parece extraña al buen cardenal de Rohan. Había esperado que en la primera recepción oficial vería a la reina adornada con su precioso collar, y, probablemente, confiaba también obtener de ella alguna palabrita o una amistosa inclinación de cabeza, algún gesto de reconocimiento, invisible para todos los otros y sólo para él comprensible. Pero ¡nada! Fría como siempre, ve a María Antonieta pasar por su lado, y el collar no reluce sobre su blanco escote. «¿Por qué no lleva la reina mi alhaja?», acaba por preguntar, asombrado, a madame De la Motte. La astuta mujer no se pierde nunca por falta de respuesta; a la reina le repugna ponerse el collar antes de que esté completamente pagado. Sólo entonces quiere sorprender con él a su esposo. El paciente asno hunde de nuevo la cabeza en el pienso y se da por satisfecho. Pero al mes de abril sucede lentamente el de mayo, mayo se convierte en junio, cada vez se acerca más el 1° de agosto, término fatal de las primeras cuatrocientas mil libras. Para obtener un aplazamiento, inventa la trapacera un nuevo truco. Les refiere a los joyeros que la reina ha reflexionado y encuentra demasiado alto el precio; si los vendedores no quieren hacer una rebaja de doscientas mil libras, está decidida a devolver la joya. La ladina De la Motte cuenta con que los joyeros entrarán en negociaciones, y con ello irá pasando el tiempo. Pero se equivoca. Los joyeros, que habían fijado un precio demasiado alto, que se encuentran ya en grandes apuros, se declaran sencillamente conformes. Bassenge compone el borrador de una carta que debe anunciar a la reina su conformidad, y Boehmer se la entrega a la reina, con la aprobación de Rohan, el 12 de julio, día en el cual María Antonieta debe recibir, en propia mano, otra joya del joyero. La carta dice de este modo: «Señora, nos encontramos en el colmo de la dicha al atrevernos a pensar que las últimas condiciones de pago que nos han sido propuestas, y a las cuales nos hemos sometido con celo y respeto, son una nueva prueba de nuestra sumisión y obediencia a las órdenes de Vuestra Majestad, y tenemos una verdadera satisfacción al pensar que la más bella joya de diamantes que existe en el mundo servirá para la más alta y mejor de todas las reinas». Esta carta, por su forma retorcida, es, en el primer momento, incomprensible para quien no conozca el asunto. Pero, no obstante, leyéndola atentamente y reflexionando un instante, tendría la reina que haberse preguntado, asombrada: ¿qué condiciones de pago son ésas? ¿Qué joya de diamantes? Pero es ya sabido, por cien otras ocasiones, que es raro que María Antonieta lea atentamente hasta el final ningún manuscrito o impreso; la aburre mucho; el reflexionar seriamente no fue nunca su fuerte. Además, sólo abre la carta cuando Boehmer ha sido ya licenciado. Como ella -totalmente desconocedora de los acontecimientos- no comprende el sentido de estas frases devotas y complejas, ordena a su camarera que vuelva a llamar a Boehmer para que se las explique. Pero, por desgracia, el joyero ha salido ya de palacio. Bueno; ya se sabrá lo que quiere decir ese loco de Boehmer. «Ya me lo dirá la próxima vez», piensa la reina, y al instante arroja la esquela al fuego. Esta destrucción de la carta, el que la reina no pregunte cosa alguna, produce en el primer momento -como todo en el asunto del collar- un efecto de inverosimilitud, y hasta historiadores tan sinceros como Luis Blanc han querido ver en esta rápida destrucción un sospechoso indicio, como si la reina, a pesar de todo, hubiera sabido algo ya de este turbio negocio. En realidad, esta quema veloz no tiene nada de extraño en una mujer que durante toda su vida ha destruido inmediatamente cada uno de los escritos dirigidos a ella, por miedo a su propia negligencia y al espionaje de la corte; aun después del asalto de las Tullerías no se encontró sobre su mesa de escribir ni un solo documento dirigido a ella. En resumidas cuentas, lo que en general era un acto prudente, fue en este caso una imprudencia. Numerosas casualidades tuvieron, por tanto, que darse juntas para que el engaño no fuera descubierto antes. Pero ahora de nada sirven ya todas las prestidigitaciones; se acerca el 1° de agosto y Boehmer quiere su dinero. La De La Motte ensaya todavía un último medio defensivo: descubre repentinamente su juego ante los joyeros, y les declara cínicamente: «Han sido ustedes engañados. El escrito de garantía que posee el cardenal lleva una firma falsa. Pero el príncipe es rico y puede pagar». Con ello es
pera desviar el golpe; confía en que los joyeros -y en realidad de un modo completamente lógico- se precipitarán ahora enojados ante el cardenal, le informarán de todo, y él, por temor a quedar para siempre en ridículo delante de toda la corte y de la sociedad entera, se callará la boca, avergonzado, y preferirá soltar un millón seiscientas mil libras. Pero Boehmer y Bassenge no piensan como lógicos ni como psicólogos, y únicamente tiemblan por su dinero. No quieren tener nada que ver con el cardenal, cargado de deudas. La reina, la cual creen ambos que está mezclada en el asunto, ya que ha silenciado su carta, representa para ellos un deudor mucho más solvente que aquel fanfarrón cardenal. Y además, en el peor de los casos, en lo cual se equivocan nuevamente, la reina posee el collar, la preciosa prenda.
Se ha llegado ahora a un punto donde el embrollo no puede ya dar más de sí. Y con un solo ruidoso empujón, a esta torre de Babel de embustes y de recíprocos engaños se viene abajo fragorosamente cuando Boehmer acude a Versalles y solicitar audiencia de la reina. Al cabo de un minuto saben los joyeros y sabe la reina que hay ignominiosas mentiras en el asunto; pero quién es el auténtico impostor debe mostrarlo el proceso. Según todas las actuaciones y testimonios que existen en este embrolladísimo proceso, es incontrovertible hoy que María Antonieta no tuvo ni la más leve sospecha de esta miserable intriga que se había venido urdiendo con su nombre, su honor y su persona. En el sentido jurídico, era lo más inocente que cabe pensarse, exclusivamente víctima y no conocedora, ni mucho menos cómplice, de esta estafa, la más osada de la Historia Universal. Jamás recibió al cardenal, jamás conoció a la trapacera De la Motte, jamás tuvo en sus manos ni una piedra del collar. Sólo un odio preconcebidamente malicioso, una deliberada calumnia, podrían atribuir a María Antonieta un acuerdo con esta estafadora, con aquel imbécil cardenal; hay que repetirlo una y otra vez: la reina fue inmiscuida en este deshonroso asunto, sin tener de ello ni la menor sospecha, por una banda de estafadores, falsarios, ladrones y tontos. Y a pesar de ello, en sentido moral, no puede absolverse plenamente a María Antonieta. Pues toda esta superchería sólo pudo ser tramada porque su mala fama, conocida por todos, infundía ánimo a los engañadores, y porque toda ligereza por parte de la reina parecía, desde luego, creíble a los engañados. Sin las frivolidades y locuras de Trianón, viejas ya de bastantes años, le hubiera faltado toda base de verosimilitud a esta comedia de los engaños. Ningún hombre dotado de buen sentido hubiera osado atribuir a una María Antonieta, a una verdadera soberana, una correspondencia secreta a espaldas de su marido o una cita entre las sombras de un bosquecillo del parque. Jamás un Rohan, jamás los dos joyeros hubieran caído en el lazo de los embustes tan toscos, ni pensado que la reina andaba escasa de dinero y deseaba, a espaldas y sin conocimiento de su marido, comprar a plazos y mediante intermediarios un precioso aderezo de diamantes, si antes no se hubiera murmurado ya en voz baja en todo Versalles acerca de nocturnos paseos por el parque, de joyas devueltas y cambiadas y de deudas no satisfechas. Jamás la De la Motte hubiera podido erigir tal monumento de mentiras si la ligereza de la reina no hubiese puesto el cimiento para ello y si su mala reputación no la hubiera ayudado. Hay que repetir siempre lo mismo: en todas las fantásticas negociaciones del asunto del collar, María Antonieta era lo más inocente que cabe pensarse; pero el que tal estafa haya podido ser planteada bajo su nombre y que haya sido verosímil, fue y sigue siendo histórica culpa suya.
No obstante de la total inocencia de la reina en este asunto, como dice más adelante la obra: Con su mirada de águila reconoció Napoleón la manifiesta falta de María Antonieta en el proceso del collar: «La reina era inocente, y para dar a conocer públicamente esta su inocencia, quiso que juzgara el Parlamento. El resultado fue que la reina fue tenida por culpable». El siguiente capitulo de la obra y el de la historia es un episodio aun más sórdido.
Como todo en política, lo importante no es la verdad, sino, la “versión” que convenga a los partidos políticos en disputa, en este caso había dos, el monárquico o partidarios de la corte y el partido del parlamento, que representa, irónicamente, a la alta nobleza y al vulgo, estos últimos unidos porque detestaban a la reina. Curiosamente en esta grotesca charada existe un hecho que pone en entredicho el honor de la reina, el asunto de la supuesta entrevista secreta de la reina con el cardenal, esto era el único cargo contra el cardenal de Rohan, ya que un leal súbdito no puede pretender que la reina se preste a una reunión secreta en medio de la noche y para fines, aunque no conspiratorios, si herméticos a su majestad el rey, supongo que era el único porque nadie puede ser juzgado por ser un imbécil, sin embargo, la nobleza no podía permitir que uno de los suyos fuera condenado y ahí empezó una lucha entre los dos partidos, unos por obtener una condena y otros por obtener una absolución para el cardenal y con ello una tacita condena a la reina, ya que una absolución implicaba que la reina daba motivos para que se “pudiera” pensar que ella “pudiera” tener una conducta inapropiada, para desgracia de los partidarios de la reina, el que juzgaba era el parlamento, que también quería su cuota de poder político, y para ello asestó un golpe a la monarquía, que no le hacía mucho caso, absolviendo al cardenal y casi todos los implicados menos a la De la Motte; que condeno a prisión y a ser marcada con una “V”, por la palabra francesa que esta relacionada con ladrón o culpable de robo, voleur. Para mayor infortunio de la reina, no solo la tacita condena del parlamento empieza a erigir los peldaños que la llevaran eventualmente a la guillotina, la torpe actitud del rey y de ella misma cooperarán al respecto.
Para estas alturas de la resolución del juicio, la reina no solo es condenada implícitamente porque su conducta anterior dio motivos para que se pudiera pensar que bien pudo participar en un hecho ilícito, además, el pueblo y la nobleza daban por cierto los rumores de que estaba implicada en el asunto del collar, como la principal conspiradora, uno de los hechos que la implicaban era que el collar había desaparecido, en realidad lo que quedaba del collar se lo había llevado a Inglaterra, en su fuga, el esposo De la Motte, pero sobre todo las torpes y pusilánimes actitudes del rey y las imprudentes acciones de la reina, el rey, en vez de llegar a influir en el juicio, o dada la resolución en su contra, de llegar al extremo de disolver el parlamento, toma mediocres medidas; como la de mandar al destierro al cardenal y al nefando Cagliostro, aumentando con ello los rumores de implicación de la reina, y con la condenada también toma acciones timoratas, en lugar de perdonarla o hacer un castigo ejemplar, sigue la orden del parlamento y en la ejecución de la pena se crea una mártir; la cual la nobleza la toma bajo su protección, obsequiándola y cuidando dentro de la cárcel, ahí es cuando la imprudencia de la reina se manifiesta, manda a una de sus damas, nada menos que a su mejor amiga, a dialogar con ella en prisión, aumentando o confirmando de alguna manera las sospechas de su implicación. Sin embargo, la mala fortuna de la reina, apenas comienza, se lleva a cabo otra conjura, a De la Motte se le facilita la fuga de la prisión, otro golpe para la reina, no es difícil adivinar que los conjurados lo hacen con la intención de que se sospeche que la evasión fue procurada por ella, para comprar su silencio, cuestión que, por supuesto, no sucede, ya que no obstante que la reina le paga 200,000 libras por su silencio, ella publica en su exilio en Inglaterra, las historias más escandalosas a la par de inverosímiles sobre la reina, pero poco importa su veracidad, el escándalo vende y máxime si existe un público dispuesto a creer todo lo negativo de un ser que se le detesta.
El colofón de esta historia es que al triunfo de la revolución, los revolucionarios franceses, intentan revivir el escándalo del collar invitando a De la Motte como acusadora, pero la timadora, ya se encontraba muy perturbada mentalmente y presa de su manía persecutoria se suicida arrojándose por una ventana. De no haber sido así, la grotesca parodia hubiese continuado y la “genial estafadora” , como la nombra Zweig, hubiera sido reconocida por decreto de que: «ha sido acreedora de la gratitud de la República».
Si has llegado a este ultimo párrafo amable lector, y el fastidio no ha sido presa de ti, solo me resta preguntarme y preguntarte, si este nuestro siglo, en lo referente a la credulidad y a los mitos políticos, es diferente del siglo XVIII de Luis XVI, me parece que abundan las semejanzas.