Libro gratuito de NAS: Ciencia, Evolución, y Creacionismo

escrito por Sebastián Bassi   

sábado, 05 de enero de 2008

La NAS (Academia Nacional de Ciencias, siglas en inglés) acaba de publicar el libro "Ciencia, Evolución, y creacionismo". Si bien está en inglés, al menos es gratis la versión electrónica (PDF) para quienes vivimos en países subdesarrollados.

Para algunos la NAS tiene una posición demasiado "politicamente correcta" al decir que las creencias religiosas pueden ser compatibles con la evolución. De todas maneras, el libro muestra claramente porque no deberia enseñarse creacionismo (ni ninguna de sus variantes como el diseño inteligente) en las clases de ciencia.

 

 A continuación la descripción oficial del libro y luego el enlace de descarga:

¿como evoluciono la vida en la Tierra? La respuesta a esta pregunta nos puede ayudar a entender nuestro pasado y prepararnos para nuestro futuro. Aunque la evolución proporciona respuestas creíbles y confiables, las encuestas muestran que muchas personas le dan la espalda a la ciencia, buscando explicaciones con las que están más cómodos.

En el libro "Ciencia, Evolución, y creacionismo" (Science, Evolution, and Creationism), un grupo de expertos reunidos por la Academia Nacional de Ciencias y el Instituto de Medicina explican los métodos fundamentales de la ciencia, documentan la abrumadora evidencia en apoyo de la evolución biológica, y evaluan las alternativas que ofrecen los defensores de las diversas clases de creacionismo, incluido el "diseño inteligente". El libro explora las fascinantes preguntas que hacen que la ciencia de la evolución trabaje en prevenir y tratar enfermedades humanas, el desarrollo de nuevos productos agrícolas, industriales y el fomento de las innovaciones. El libro también presenta las razones científicas y legales por que no debe enseñarse creacionismo en las clases de ciencia de las escuelas públicas.

Consciente de las batallas en las juntas escolares y las recientes decisiones de los tribunales, "Ciencia, Evolución, y creacionismo" demuestra que la ciencia y la religión deben ser vistos como diferentes formas de entender el mundo, más que como marcos que están en conflicto unos con otros y que las pruebas de la evolución puede ser compatibles con la fe religiosa. Para los educadores, los estudiantes, los maestros, los dirigentes comunitarios, los legisladores, los encargados de formular políticas, y de los padres que tratan de comprender la base evolutiva de la ciencia, esta publicación será un recurso esencial.

Descargar el libro en PDF (3.2Mb)

http://books.nap.edu/html/11876/SECbrochure.pdf

Publican un estudio científico que derriba grandes mitos de la salud

Cien años atrás empezó a circular la creencia de que usamos tan sólo el 10 por ciento de nuestros cerebros. Algunos se la atribuyeron al físico Albert Einstein, pero no hay prueba de que la haya sostenido. Otros aprovecharon para promocionar la posibilidad de desarrollar” poderes psíquicos. Sin embargo, la creencia no tiene evidencia científica. Muy por el contrario, ningún área del cerebro queda inactiva cuando alguien piensa, habla o toma decisiones.

El mito sobre el funcionamiento del cerebro no es el único. Dos investigadores de los Estados Unidos derribaron otros seis. Incluso algunos médicos los creen verdaderos”, dijo ayer Rachel Vreeman a Clarín.

Junto a Aaron Carroll, Vreeman, que trabaja en la Facultad de Medicina de la Universidad de Indiana, se ocupó de recopilar una lista de creencias que la gente piensa como verdaderas. Después identificaron si había evidencias científicas para confirmarlas.

Los siete mitos que derribaron fueron publicados esta semana en la revista British Medical Journal. El primero dice que hay que tomar al menos 8 vasos de agua por día”. En 1945, hubo un consejo de un comité de nutrición de EE.UU. que daba esa idea. No hay evidencia que demuestre que necesitemos tanta agua. El organismo sí necesita líquido –aclaró Vreeman a Clarín– y puede conseguirlo al ingerir también frutas, verduras, jugos, leche, u otras bebidas”.

La segunda creencia sin justificación consiste en que el pelo y las uñas continúan creciendo después de la muerte. Es falsa. Antropólogos forenses y dermatólogos explican que la deshidratación del cuerpo después de la muerte puede conducir a la retracción de la piel alrededor de uñas y cabellos. Esto puede dar la apariencia de que crecieron, en contraste con los tejidos hundidos.

Otra idea equivocada es pensar que leer con poca luz arruina la vista. Hasta ahora, no hay evidencia que lo compruebe. Se sabe que cuando se lee con poca luz, se produce un estrés temporal que puede resecarlos o irritarlos. Pero no queda un daño permanente, según el consenso entre oculistas.

Hay aun más mitos sobre los pelos. Se piensa que la afeitada hace que vuelvan más rápidos o más gruesos. Sin embargo, ya en 1928 un ensayo demostró que no tenía efecto alguno sobre el crecimiento del pelo. Lo que hace es remover la parte muerta del pelo, no la sección viva por debajo de la superficie, por lo que es improbable que afecte la tasa o el tipo de crecimiento”, afirmaron Vreeman y Carroll.

El cerebro humano –como ya se mencionó– y los celulares no se salvaron de estar en la lista de los mitos. El argumento de que usamos el 10% de nuestro cerebro es falso. Por el contrario, las técnicas de neuroimágenes muestran que el cerebro trabaja en red y se activa en forma masiva en toda función cognitiva compleja”, dijo a Clarín Facundo Manes, director de Ineco [Instituto de Neurología Cognitiva] y del Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro.

Con respecto a los celulares, en 2002 una página en Internet de un organismo estadounidense le dio crédito a una anécdota: decía que el uso de un celular había afectado el funcionamiento de una bomba de infusión de terapia intensiva y que había perjudicado a alguien. Esto hizo que varios hospitales prohibieran el uso de los celulares. Esa medida no estaría tan justificada, y los autores recopilaron estudios que demuestran que la interferencia de los celulares es mínima.

Los teléfonos deben estar muy cerca de los equipos para causar un error. Y esos errores –aunque sean detectables– no son clínicamente importantes.

Último en la lista aparece el pavo, que tradicionalmente se come en el Día de Acción de Gracias en EE.UU. Se cree que como tiene un aminoácido, llamado triptófano, puede ser un inductor del sueño. Pero su cantidad no es lo suficientemente alta como para afectar a una persona. Entonces, es probable que el vino que acompaña al pavo u otros manjares sean los responsables del sueñito.

Los autores publicarán pronto un libro con más de 100 mitos. Queremos –dijo Vreeman– que el público y los médicos no asuman las creencias como verdades, aunque es difícil que cambien el pensamiento”.

Román, V. Un estudio científico que derriba grandes mitos de la salud”. Clarín. Buenos Aires, 28 de diciembre de 2007, p. 36-37, 36]


Los mitos, puerta de entrada a la ciencia

Los mitos, puerta de entrada a la ciencia

Entrevista con Maria Emilia Beyer Ruiz, autora del libro "Monstruos, sueños y otros cuentos".

El imaginario popular está poblado, desde tiempos inmemoriales, de una gran cantidad y variedad de mitos y leyendas por medio de los cuales las sociedades han intentado explicarse y comprender el mundo que les rodea. Productos más de las capacidades de invención y de fantasía que de un esfuerzo crítico y racional, muchos de ellos son de una belleza que debe perdurar.

Pero los mitos, por supuesto, están también profundamente arraigados en la realidad de la que pretenden dar cuenta. Sin embargo, el desarrollo de las diversas disciplinas científicas ha logrado dar una mejor explicación de los fenómenos del mundo. Sin embargo existen lazos comunicantes entre los mitos y la ciencia.

Sobre esos nexos que unen la fantasía de los mitos y la racionalidad de la ciencia Maria Emilia Beyer Ruiz ha publicado el libro Monstruos, sueños y otros cuentos… vistos desde la ciencia(México, Paidós, 2007), volumen sobre el que conversamos electrónicamente con la autora acerca de la relación entre los mitos y la ciencia.

La autora es bióloga por la Universidad Simón Bolívar, y desde hace más de un lustro se dedica a la divulgación de la ciencia en museos y diversos medios de comunicación, destacando su colaboración en la revista ¿Cómo ves?

Ariel Ruiz (AR): ¿Por qué escribir y publicar un libro como el suyo?

Maria Emilia Beyer Ruiz (MEBR): Los mitos me fascinan. Cuando inicié de niña mis lecturas, las aventuras y los monstruos legendarios me encantaban. Cuando crecí y estudié biología encontré puntos que conectaban unas cosas con las otras, y mi intención es demostrar cómo el conocimiento popular muchas veces está tratando de dar una explicación (igual que la ciencia). El que culturas antiguas tuvieran distintas explicaciones para los fenómenos naturales significa que había una motivación legítima para comprender el mundo. Hoy podemos responder estas incógnitas con un cuerpo de conocimientos científicos y mi intención es rescatar un conjunto de conocidas historias maravillosas y combinarlas con el conocimiento actual.

Así que este libro se escribió básicamente por motivos egoístas: por darme el gusto de concretar ideas y un par de años de investigación. También se publicó por suerte, ya que encontré en Paidós una editora espléndida dispuesta a arriesgarse con ideas diferentes.

AR: Pienso que su libro está enfocado a explicar diversos mitos fundados en el desconocimiento popular y en el miedo, principalmente. ¿Pero la ciencia, en su entendimiento histórico, no ha engendrado algunos?

MEBR: No estoy segura de que podamos catalogar las explicaciones anteriores como desconocimiento popular en general. Por supuesto, la diferencia entre la irracionalidad por miedo o porque simplemente no existían los conocimientos científicos que apoyaran mejores explicaciones es una línea delgada que depende completamente de la cultura, la época y la región geográfica de la que estemos hablando.

La ciencia, efectivamente, ha engendrado miedos que casi siempre son irracionales e infundados, como la clonación de seres humanos superdotados para hacer ejércitos. Pero nunca es posible hablar de estos temas sin recordar el impacto tan brutal que tuvo la detonación de las bombas atómicas. Así, las aplicaciones del conocimiento científico sí pueden tener impactos sociales negativos. La comprensión de este conocimiento y la toma de decisiones éticas para utilizarlo bien es una esperanza y a la vez, un constante motivo de atención.

AR: ¿Considera que los mitos y leyendas han realizado alguna contribución al conocimiento científico del mundo?

MEBR: Por supuesto. Muchas veces el científico se arriesga a estudiar fenómenos o regiones desconocidas porque escucha estas leyendas. Son muchas las ocasiones en las que grandes naturalistas se sintieron atraídos hacia cierto campo de estudio por los cuentos que escuchaban. No creían en las explicaciones populares, pero el científico que había en su interior los impulsaba a buscar y encontrar respuestas. Eso pasó, por ejemplo, con los gorilas que eran tachados de bestias sanguinarias. Varios primatólogos, con Dian Fossey a la cabeza, decidieron destruir este mito a partir del estudio serio y sostenido de esta especie. En el caso del kraken, por ejemplo, los mitos nos otorgan una especie de "registro biogeográfico" que permite identificar en dónde se han tenido encuentros con estos animales. Dado que sabemos tan poco de su rango de distribución, estas leyendas nos dan una idea de "por dónde empezar a buscar".

AR: Pese a los grandes e innegables avances de la ciencia, perviven viejos mitos, como el de los vampiros, que permanecen en diversas formas desde las antiguas urnas babilónicas hasta el chupacabras. ¿Cómo explicar esta pervivencia mitológica?

MEBR: Yo creo que hay dos razones por las que los mitos persisten: una es la necesidad de permanencia y rescate de las tradiciones populares. Los mitos son acervo intelectual y patrimonio cultural de los grupos humanos. Y en ese sentido, me parece bien que se les preserve. La segunda razón no es tan afortunada: resulta que la ciencia, a pesar de proveernos de respuestas mucho más sólidas que otras formas de conocimiento, es complicada de entender. No hay que hacer mucho esfuerzo intelectual para aprenderse una leyenda, porque su estructura es narrativa y la historia generalmente hace referencia a los objetos o las situaciones que les son conocidas a las personas.

En cambio hay una inversión intelectual muy grande si se quiere comprender, por dar un ejemplo, cómo funciona un veneno. De inmediato es necesario asimilar un cúmulo de terminologías complicadas que abarcan, por decir algo, la biología de la planta de donde se extrajo el veneno, la química necesaria para sintetizarlo o prepararlo, los efectos fisiológicos que tiene la ingestión del veneno en el cuerpo, etcétera. Es mucho más fácil decidir que la muerte se debe al "mal de ojo" que al envenenamiento explicado a través de la ciencia. Desafortunadamente, la ciencia se considera difícil y aburrida, por lo que no todo el mundo está dispuesto a buscar en ella la explicación, más compleja pero verdadera, de las cosas que le rodean.

AR: Hay algunas figuras legendarias que hayan estado muy cerca de ser reales, aunque sin dones sobrenaturales, como el kraken. Además de ésta, ¿hay alguna otra figura mítica que se acerque a la realidad?

MEBR: El kraken es uno de mis ejemplos favoritos para demostrar que el conocimiento puede recorrer caminos de dos vías: no siempre va desde la ciencia hacia el público general para iluminar "la ignorancia". En el caso del kraken, la tradición popular expresada por escrito, en dibujos u oralmente anunciaba la existencia de un organismo que la ciencia tardó muchos siglos en identificar taxonómicamente.

Otro tanto sucedió con los vampiros. Aunque mitológicamente se les asignaban características sobrenaturales que no corresponden con el murciélago vampiro real, la característica principal del vampiro consiste en que se alimenta de sangre. La "idea" del vampiro ya existía en Europa, así que imaginemos la sorpresa de los conquistadores cuando llegaron a las selvas tropicales americanas y encontraron al vampiro de carne y hueso… seguramente fue aterrador.

AR: ¿Cómo combatir muchas charlatanerías que se han presentado con la patente de la ciencia? De su libro están, por ejemplo, los casos de la sirena de circo, explotada por el mismo P. T. Barnum, o Julia Pastrana, la mujer lobo.

MEBR: Con conocimiento científico o en su caso, con la curiosidad necesaria para buscar en la ciencia alguna respuesta en lugar de aceptar sin miramientos cualquier cosa que nos cuenten. Si bien la sociedad contemporánea parecería más educada y no tan propensa a comprar la historia de una sirena de circo, basta con ver en la televisión las pastillas, jabones y fajas para adelgazar en donde todos esos productos han sido "científicamente comprobados". La gente ni se pregunta qué es lo que se ha probado de verdad, en qué laboratorio, cuáles son las reacciones secundarias, etcétera. Si lo anuncia un actor vestido con una bata, la buena imagen que se tiene de la ciencia como conocimiento serio y veraz termina por vender un producto en masa. Tamizar lo que recibimos de información cotidiana a través del racionamiento crítico ayudaría muchísimo en el combate de este tipo de charlatanerías.

AR: ¿Qué papel debe desempeñar la divulgación de la ciencia para develar mitos como el de los afrodisíacos, tales como el de la mosca española?

MEBR: Un papel fundamental: el de puente entre los científicos que están descubriendo que ciertos usos y costumbres pueden ser incluso letales, y el público que está actuando "históricamente". La labor del divulgador en este tipo de temas es de alta responsabilidad social.

AR: En el libro se habla de mitos y leyendas populares. Pero, ¿qué tanto han obstaculizados esos mitos el avance científico?

MEBR: El avance en sí mismo no lo han obstaculizado para nada. La ciencia contemporánea avanza gracias al apoyo de instituciones específicas que poco o nada tienen que ver con el conocimiento popular. El problema no radica, por lo tanto, en el avance de la ciencia, sino en la inmersión que tenga la gente en el conocimiento científico que se genera. Es común notar que los mitos no dejan espacio para la explicación científica cuando un grupo social no quiere afectar sus tradiciones. Yo creo que no tienen por qué perder unas para dar cabida a las otras. La tradición popular debe prevalecer, pero también hay que dar entrada a las explicaciones científicas que pueden mejorar e incluso salvar un ecosistema (como en el caso de los ataques a lobos y murciélagos) o la vida de una persona (como en el caso del miedo infundado que genera la gente con hipertricosis, o en el caso de envenenamientos por supuestos afrodisíacos).

AR: Una de las hipótesis que menciona para explicar el mito del vampiro es el de las grandes epidemias de rabia que azotaron Europa, lo que explicaría el carácter agresivo y el contagio del enfermo. Eso también ayuda a explicar el temor del zombie. ¿Qué tan lejos estamos de un desastre zombie, tan explotado por películas como Resident Evil o Exterminio?

MEBR: En este punto me confieso ignorante: no he analizado el "fenómeno zombie" suficientemente como para identificar las características que se adjudican a estos seres y desconozco por lo mismo la distancia que hay entre un temor infundado y un temor que tenga alguna justificación. De entrada, conociendo un poco sobre neurobiología de la violencia, me parece que adjudicar a un "contagio" el radical cambio de personalidad de una persona hacia un organismo irracional, irascible y asesino es materia de ciencia ficción.

Fuente: Alianza. Aportado por Eduardo J. Carletti

Los mitos, puerta de entrada a la ciencia

Científicos estadounidenses tiran por tierra algunos mitos

El beber ocho vasos de agua diarios podría no ser tan saludable como se piensa, la creencia popular de que solo usamos el 10 por ciento de nuestra capacidad cerebral es infundada y el pelo no crece más fuerte al afeitarse con maquinilla.

Esos son algunos de los mitos que han tirado por tierra un grupo de científicos de la Escuela de Medicina de la Universidad de Indiana, según un comunicado divulgado por el centro académico.

Fuente foto: EFE / Los científicos aseguraron que los escáneres cerebrales
demuestran que no hay áreas del cerebro inactivas.

‘Nos entusiasmamos con esto porque sabíamos que los médicos aceptan estas ideas y transmiten la información a sus pacientes y las creencias se citan a menudo en los medios’, señaló Aaron Carroll, uno de los coautores del estudio, publicado en el último número del ‘British Medical Journal’.

Carroll y su equipo comenzaron analizando la idea de que beber ocho vasos de agua al día es bueno, una recomendación que se remonta a 1945.

‘Cuando examinamos esa creencia, nos encontramos con que no hay pruebas médicas que sugieran que uno necesita tanta agua’, afirmó en el comunicado emitido por la Universidad de Indiana, Rachel Vreeman, participante en el proyecto.

Vreeman cree que ese mito comenzó en 1945 cuando el Consejo de Nutrición recomendó que se debería de consumir el equivalente a ocho vasos de líquidos al día.

‘Con los años se perdió una parte importante de la recomendación del Consejo de Nutrición, la de que las grandes cantidades de fluido en la comida, sobre todo en frutas y vegetales, así como en el café y los refrescos deberían de incluirse en la cantidad aconsejada total’, insiste Vreeman.

Los investigadores recuerdan que beber en exceso puede ser peligroso, y puede conducir a la intoxicación o incluso la muerte.

Vreeman y Carroll también echaron una ojeada a la creencia popular de que solo usamos el 10 por ciento de nuestro cerebro, una idea que está en circulación desde 1907.

Los científicos aseguraron que los escáneres cerebrales demuestran que no hay áreas del cerebro inactivas y los estudios metabólicos sobre cómo procesan los químicos las células cerebrales indicaron que no hay partes que no estén operantes.

El consejo que muchas madres dan a sus hijas quinceañeras de que no se depilen las piernas porque el pelo crece más rápido, más oscuro y con más fuerza carece también de valor científico.

El mito, que se ha perpetuado durante los últimos 80 años, puede ser en parte fruto de una ilusión óptica.

‘Cuando el pelo aparece después de ser afeitado, crece romo. Con el tiempo esa punta roma se desgasta y puede parecer más gruesa de lo que realmente es’, dicen los investigadores.

Añadieron que el sol decolora el pelo con el tiempo, por lo que el pelo recién nacido tras afeitarse puede parecer más oscuro, pero no lo es más que ningún pelo nuevo.

Otra ilusión óptica lleva a creer que los muertos les siguen creciendo el pelo y las uñas.

Lo que ocurre en realidad es que la piel se retrae alrededor del pelo y las uñas a raíz de la deshidratación de los cadáveres.

Y para finalizar, el leer con poca luz no causa un daño permanente en los ojos y el comer pavo no provoca somnolencia como sostienen algunos.

 

Fuente: Terra Actualidad – EFE . Aportado por Marcelo Shulman

Ya está disponible el más reciente número de la revista ”Pensar”.

Ya está disponible el más reciente número de la revista Pensar: Revista iberoamericana para la ciencia y la razón.

En este número:

EDITORIAL
"Calenfriamiento" global, una controversia para pensar.
ALEJANDRO J. BORGO

PASTILLAS
Barry Beyerstein (1947-2007)
Charla de Dawkins en California: "la blasfemia es un crimen sin víctimas".
Informe sobre la no-religiosidad de los científicos.
Un ufólogo dice que OVNIs hicieron desaparecer lago en Chile.
Minientrevista: Robert Aumann.

EL CAMBIO CLIMÁTICO GLOBAL DESENCADENADO POR EL CALENTAMIENTO GLOBAL
STUART D. JORDAN

EXTRACTOS DEL INFORME DEL PANEL INTERGUBERNAMENTAL SOBRE EL CAMBIO CLIMÁTICO (IPCC)

VOCES DISIDENTES
CAMBIO CLIMÁTICO: NI SIQUIERA CIENCIAL

JOHN GIBBS

VOCES DISIDENTES II
POR QUÉ NO SOY UN FAN DEL CALENTAMIENTO GLOBAL

FRANCISCO BOSCH

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Iberoamérica y el mundo paranormal
Argentina: arzobispo de Buenos Aires llama al aborto y la eutanasia “terrorismo demográfico”.
Paraguay: ¿Quo Vadis Sociedad Cientifica del Paraguay?
Venezuela: imagen de la virgen en un hospital de lujo
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Colombia: fantasmas y OVNIs por doquier. 

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Sobre penas eternas y consuelos fantásticos, por Jorge Alfonso Ramírez.