feb 28, 2011 por Crystian Sánchez Ortíz
¿Quién no ha soñado alguna vez con la posibilidad de vivir aplicando la ley del mínimo esfuerzo? Convertirse en un verdadero hueso sagrado que todos tengan que adorar como a una reliquia o piedra preciosa.
Muchos hombres a lo largo de la historia han logrado este anhelado sueño de utilizar una de las formas de sobrevivencia más comunes en el reino animal. Me refiero al parasitismo **, es decir, vivir a costa de otro. Pero en el caso de Paribeth, el asunto es vivir a costa de otra, que es la antítesis de la mujer sublevada o incorrecta, una verdadera marioneta de los medios y del místico monarca de la asesoría espiritual, la siempre sonriente y adecuada Tonka Tomicic.
Cientos de falsos gurús han invadido el espacio público con sus delirantes discursos mesiánicos y apocalípticos, mientras que otros han optado por una posición más reservada y anónima, como es el caso de Paribeth, que es el nombre místico con que se presenta el gurú espiritual de la farándula criolla que conquistó a la Tonka y a otras modelos antes que ella, como la rusa Inessa Sorokina, dada también a la metafísica y al viejo arte de la Orinoterapia.
Del místico pololo de la Tonka se dicen muchas cosas: Que fue o es anticuario, vendedor de arte, filósofo esotérico, gurú del alma, chamán iniciado por OSHO, consejero espiritual y Amante Tántrico. Pero hay un título que todavía nadie le ha otorgado y que merece ser concedido de inmediato, y que es el de CHANTA, mención que lo califica para ser miembro del selecto grupo de charlatanes nacionales de nuestra asociación.
El enigmático Paribeth, que en términos mundanos responde al nombre de Marcos Antonio Leiva, es una mezcla entre Marco Antonio Solís, un charro mexicano, y el misterioso monje asesor de los zares: Rasputín.
Continuamente se escapa de las cámaras y se molesta con la prensa cuando lo quieren retratar o entrevistar, pero cuando la situación se torna insostenible y no puede escapar se limita solo a sonreír o enviar una mirada enigmática que paraliza a las féminas, presas predilectas de este vendedor de ilusiones.
Enseguida, y cual mascota adiestrada, salta la Tonka en su defensa, pidiendo amablemente que no lo retraten o molesten. Tampoco le gusta que se pronuncie su nombre pues le hace perder energía, y entonces es posible que el hombre se ofusque haciendo saltar rayos de sus ojos o truenos por algún recóndito…
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