El vasco que no mató a una cabra con la mirada

No fue un guerrero jedi porque no le dio tiempo. Michael Echanis murió en Nicaragua en misteriosas circunstancias el 8 de septiembre de 1978. Tenía 27 años y enseñaba a los comandos antisandinistas y a la guardia personal de Anastasio Somoza técnicas de combate esotéricas. Pocos años después, el Pentágono puso en marcha el Proyecto Jedi, un programa de adiestramiento de soldados con superpoderes en el que habría encajado a la perfección. El centro de formación estaba en el Fuerte Bragg (Carolina del Norte), donde a mediados de los años 70 él había dado clases de invisibilidad.

Michael Echanis nació el 16 de noviembre de 1950 en Ontario, una comunidad campesina de Oregon. Su padre, Frank, regentaba una taberna con una mesa de billar y otra de póquer. Era el mayor de tres hermanos y, como otros descendientes de vascos, de niño hizo sus pinitos como dantzari. Fue un adolescente difícil, cuentan Tank Todd y James Webb en su libro Military combative masters of the 20th century (Maestros del combate militar del siglo XX). Además de estrellar cada dos por tres los coches de su padre, fabricaba bombas con las que achatarró, al menos, un automóvil.

Nada más acabar la enseñanza secundaria en 1969, se alistó en el Ejército. Y, en marzo de 1970, llegó a Vietnam con el 75º Regimiento Ranger, una unidad de operaciones especiales. No estuvo mucho en el frente. El 7 de mayo, un camión en el que viajaba sufrió una emboscada, resultó herido cuatro veces y aún así no se rindió. “A pesar de sus numerosas heridas, el especialista Echanis siguió disparando hasta que el camión atacado fue liberado”, se lee en el informe de la concesión de la Estrella de Bronce por heroísmo bajo fuego enemigo.

Regresó a casa con 29 bajas enemigas atribuidas a él y fue licenciado como sargento mayor en diciembre de 1970. Tras su recuperación en un hospital de San Francisco, se volcó en el aprendizaje del Hwa Rang Do, un arte marcial coreano que incluye el control mental, la percepción extrasensorial y el desarrollo del sexto sentido. “Puedo proyectar con mis ojos que no te voy a apuñalar o atacar, y luego hacerlo”. En 1975, enseñaba técnicas de lucha y de invisibilidad a las Fuerzas Especiales en el Fuerte Bragg.

Formando jedis

“Si estás delante de un muro con los ladrillos dispuestos en horizontal, no mantengas una postura vertical. Si te subes a un árbol, intenta parecer un árbol”, solía decir, según un reportaje publicado en 1988 por la revista de artes marciales Black Belt. Echanis quería que sus alumnos dominaran el ki, una supuesta fuerza interior que le permitía resistir como si nada el paso de un todoterreno por encima del abdomen y girar un cubo con agua colgado del cuello por una cuerda.

El militar de origen vasco parecía el candidato ideal para hacer realidad un proyecto de supersoldado como el desvelado por el periodista Jon Ronson en Los hombres que miraban fijamente a las cabras. Este libro, origen de la última película de George Clooney, sacó a la luz en 2004 la chifladura de un sector del Ejército estadounidense convencido de que podía formar guerreros jedi, Obi Wanes al servicio de la bandera de las barras y estrellas. Serían hombres capaces de levitar, atravesar paredes, ver desde barracones lo que hace el enemigo a miles de kilómetros gracias al poder de la mente, hacerse invisibles…

A Ronson le contaron al principio de su investigación que uno de esos jedis había sido Echanis. Y no uno cualquiera, sino el que consiguiócon la mirada, sentado en el Fuerte Bragg frente a una cabra, que al animal se le parara el corazón y se desplomara. Ciertamente, de haberse sentado Echanis frente a una cabra para matarla con la mirada, más le hubiera valido al bicho morirse del susto que enfrentarse a la ira de alguien a quien Bob Dugan, colega instructor de Hwa Rang Do, consideraba “siempre al borde de hacer una barbaridad”.

Echanis se hizo famoso en las páginas de Black Belt, que le calificó de el primer ninja americano, fue colaborador de Soldier of Fortune, la revista de los mercenarios, y publicó tres manuales de combate cuerpo a cuerpo. Acabó trabajando para Somoza porque en 1977 le reclutó el primogénito del dictador cuando estudiaba en el Fuerte Bragg para que formara a sus comandos.

“Por razones de seguridad, no les enseñaré las técnicas superavanzadas de control mental”, explicó poco antes de su muerte. Oficialmente, perdió la vida en septiembre de 1978 cuando su helicóptero fue derribado por los sandinistas. Sin embargo, hay quien sostiene que se lo cargó la CIA y también existen versiones menos dignas del final de el primer ninja americano, como que el accidente aéreo se debió a la explosión de una granada con la que jugaban él y sus hombres, o que le reventó un vehículo que, en una de sus machadas, le pasó por encima demasiado rápido. Fuera cual fuera el caso, no pudo matar a una cabra con la mirada en el Fuerte Bragg porque ese experimento se hizo a mediados de los años 80, después de su muerte.

Publicado originalmente en Territorios.

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Author: Lalo Márquez

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