La BCA contra Simon Singh… y el General Chiropractic Council contra la BCA
Ya sé que los lectores de este blog están más que familiarizados (y hasta puede que francamente hartos) con la historia del proceso judicial por difamación que la British Chiropractic Association interpuso contra Simon Singh (quien, por cierto, acaba de ser papá. ¡Enhorabuena!). Lo que en un principio se presentaba como un caso judicial (interesante, eso sí, por táctica inicialmente empleada por Singh y la campaña que desencadenó contra la draconiana Ley inglesa sobre el libelo, a la que de nuevo les invito a unirse con su firma) se convirtió de repente en una comedia de despropósitos por parte de los quiroprácticos británicos, resueltamente decididos a aprovechar el procedimiento para dejarse su propia espina dorsal llena de subluxaciones.
El resultado del juicio todavía en el aire, aunque a estas alturas la acumulación de errores y meteduras de pata de la BCA, cuya demanda se ha convertido además en todo un ejemplo del “efecto Streisand“, hacen que sea bastante difícil que la quiropráctica británica levante cabeza en mucho tiempo, ni siquiera en el cada vez menos probable caso de que Simon Singh resultase condenado. Porque, encima, a la BCA le acaba de salir otro enemigo en casa, y de los poderosos: nada menos que el General Chiropractic Council.
En Gran Bretaña la quiropráctica se considera una profesión sanitaria (no como aquí, aunque ya habido algún intento de hacerlo), pero con una regulación especial y distinta a las de las, ejem, verdaderas profesiones sanitarias. Para ejercer legalmente, los quiroprácticos británicos deben registrarse en el GCC, que actúa como organismo de autorregulación de la profesión. De hecho, entre sus funciones el GCC tiene la de
Establecer los estándares de la formación, la conducta y la práctica quiroprácticas.
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