A 30 años de la señal WOW!

El 15 de agosto se cumplirán tres décadas desde que una extraña señal llegó a las oficinas de expertos que buscaban inteligencia extraterrestre. Hoy, tras múltiples estudios, ésta sigue siendo un enigma.

Juan Jorge Faundes / Especial para El Espectador Santiago de Chile“…Estaba revisando los registros de la computadora que habían comenzado el 15 de agosto. Me quedé atónito al ver la serie de números y letras ‘6EQUJ5’ en el segundo canal del registro. Reconocí esto como el patrón que esperaríamos ver de una fuente de radio de banda estrecha de un pequeño diámetro angular en el cielo. Con el bolígrafo rojo que estaba usando, rodeé esos seis caracteres y escribí la notación “Wow!” en el margen izquierdo del registro. Después de terminar de revisar el resto contacté con Bob Dixon y con el doctor John D. Kraus, director del radio-observatorio Big Ear. Ellos también se quedaron atónitos. A partir de entonces fue cuando comenzó el análisis de lo que ha sido llamado… la señal Wow! …” (Jerry Ehman).

Hace 30 años un código llegó a la Tierra desde la zona oeste de la constelación de Sagitario cabalgando en una señal de radio por la frecuencia del hidrógeno. El texto alfanumérico era: “6EQUJ5”.

El código quedó escrito en un trozo de papel continuo de una vieja computadora IBM 1130 equipada con 1 MB de disco duro y 32 KB de memoria RAM, de la universidad del estado de Ohio, en Cleveland, Estados Unidos, la que era componente del sistema receptor del radio-telescopio Big Ear (Gran Oído), parte del Proyecto SETI (Search for ExtraTerrestrial Inteligence o Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre) creado con el patrocinio de la NASA en los años 70.

La señal nunca más se repitió, es uno de los enigmas de la ciencia y todo hace suponer que podría tratarse del primer mensaje radial enviado por una civilización extraterrestre que quedó registrado en un receptor terrícola. Eran las 23:16 del lunes 15 de agosto de 1977 cuando, durante 72 segundos, el Gran Oído, una superficie plana de aluminio del tamaño de tres campos de fútbol, derivó a la computadora una señal de radio recibida en la frecuencia del Hidrógeno neutro (1420MHz). Era un sonido que, partiendo de cero con cuatro intensidades ascendentes (6, 14, 26) llegó a un pico de 30 veces el promedio del ruido de fondo del universo y, luego, tras dos intensidades menores (19,5), bajó nuevamente a cero.

La computadora lo registró e imprimió como un código de seis cifras alfanuméricas (6EQUJ5) en un rollo de papel continuo, porque estaba programada por los profesores Jerry Ehman, de la Universidad Franklin de Columbus, y su colega Bob Dixon, ambos voluntarios SETI, para representar las intensidades hasta 9 con números y luego seguir con letras; así A=10, B=11, etc. En este caso, E=14, Q=26, U=30, y J=19.

Técnicamente, cada número representa una intensidad de ruido (medida en desviaciones estándar) sobre un “plano de ruido de fondo” igual a una desviación estándar.

Cinco días después, llegó al lugar el profesor Jerry Ehman con la rutinaria misión de revisar los registros. Tan inusual era la señal, que observó escrita verticalmente en el segundo canal del radio-telescopio, que Ehman, atónito y conmovido, no pudo contener su emoción y con el bolígrafo rojo que portaba garrapateó “WOW!” .

En la hoja de papel continuo, cada línea representaba 50 canales y doce segundos de duración. El código ‘6EQUJ5’ apareció escrito verticalmente en el canal 2 a lo largo de seis líneas. Significaba por lo tanto seis intensidades sucesivas durante un total de 72 segundos.

Ehman, Dixon y el director del proyecto, doctor John D. Kraus, observaron que el patrón era el esperado en una señal proveniente del cosmos, al crecer a medida que la “ventana” del radio-telescopio se aproximaba al punto de emisión, a la velocidad de la rotación de la Tierra, y luego decrecer, al irse alejando, en una curva muy próxima a la normal.

Ello descartaba que se tratara de señales provenientes de la Tierra. Un receptor paralelo, que recorría sucesivamente la misma zona del cielo, algunos minutos después, no registró la señal, lo que indicaba que no era continua, y ya había sido “apagada”. Ehman, Dixon y Kraus pensaron que una señal fuerte, enfocada e intermitente, procedente del espacio exterior, tenía altas probabilidades de ser una emisión inteligente. Además, coincidía con las hipótesis que la ciencia maneja para la eventualidad de una comunicación de inteligencias extraterrestres.

Dadas las enormes distancias (con nuestro nivel tecnológico es todavía imposible un viaje interestelar) alguna civilización semejante a la nuestra elegiría para comunicarse el canal de las ondas de radio, porque viajan a la velocidad de la luz, y la frecuencia de un elemento que sea muy común en el universo, como la frecuencia del Hidrógeno neutro (unos 1420MHz). El mensaje lo escribiría en un idioma también universal: las matemáticas.

¿mensaje matemático?

¿Tiene algún contenido este probable mensaje de inteligencias extraterrestres? Al respecto sólo se puede especular. Tenemos datos: la serie de números “6, 14, 26, 30, 19, 5”, pero nos faltan un contexto y una teoría. Una peculiaridad matemática, además de ser una curva prácticamente normal, levemente inclinada hacia la derecha, es que la serie suma 100. Ello es altamente improbable y otro signo de inteligencia.

Bastaría que cualquiera de las intensidades hubiera sido diferente, para que no sumara 100. Si se trata de un mensaje, ¿qué nos quieren decir con este 100? ¿Son porcentajes de un total, de una unidad? ¿Tamaños de seis planetas que en ese orden orbitan su estrella central?

Si cada "bloque" de intensidad de ruido representara un referente objetivo, diríamos que podrían estar siendo representados seis referentes distintos. Si cada referente fuera información sobre un planeta, tendríamos información sobre seis planetas diferentes. Un sistema solar de seis planetas. Cada intensidad (6, 14, 26, 30, 19 y 5) puede ser un dato sobre el "tamaño" relativo de cada planeta respecto de los demás.

El orden de sucesión de las intensidades puede estarnos diciendo su orden de posición respecto de su estrella central en dirección a la periferia.

En síntesis, traducido de acuerdo con los supuestos anteriores, el mensaje diría: “Les estamos enviando una señal inteligente desde un sistema solar compuesto por seis planetas, cuyos tamaños relativos entre ellos, localizados desde la estrella central hacia la periferia, son de 6, 14, 26, 30, 19 y 5 medidas. Estamos localizados en la zona Oeste de la constelación de Sagitario, exactamente en las coordenadas (Ascensión Recta y Declinación) del punto desde donde emitimos la señal. Nos hemos quedado en silencio como una forma de ratificar y enfatizar lo inusual, improbable y por tanto negentrópico de nuestra señal, lo que para ustedes es signo de inteligencia…”.

¿Son los números atómicos de sus principales elementos? Carbono (6), silicio (14), hierro (26), cinc (30), potasio (19), boro (5). ¿Le dice esto algo a alguien? El enigma persiste. Si colocamos los números en el orden vertical que aparecieron, a los pares los consideramos yen (líneas fraccionadas) y a los impares yang (línea continua). Nos da un hexagrama del I Ching, el milenario oráculo chino: Lin, El Acercamiento. Lo fuerte, dice el I Ching, lo superior, se acerca a lo inferior. Condescendencia del superior. La reducción numerológica nos da el hexagrama de su esencia: La Espera: “Todos los seres necesitan del alimento que procede de arriba. Pero la donación de la comida tiene su tiempo, que debe aguardarse…”.

Si los números los colocamos de abajo hacia arriba, el hexagrama que correspondería es Kuan, La Contemplación, una torre como las de la antigua China que permitía una amplia vista a su alrededor y era visible a lo lejos. “El viento sopla sobre la Tierra… así los reyes antiguos visitaban las regiones del mundo, contemplaban a su pueblo y brindaban sus enseñanzas…”. ¿De eso se trata? Mientras seguimos indagando y especulando, el Big Ear ya no existe. El histórico radio-telescopio nació en 1973 y murió en 1998, cuando fue desmantelado para dejar lugar a un campo de golf de 18 hoyos.

Fuente:

http://www.elespectador.com/elespectador/Secciones/Detalles.aspx?idNoticia=13706&idSeccion=23

Author: José Luis Aguilar

José Luis Aguilar es uno de nuestros más importantes colaboradores de noticias científicas y paranormales.

Share This Post On