La Milagrosa Escalera de Loretto

En la Capilla Loreto en la ciudad de Santa Fe en Nuevo México, Estados Unidos, se encuentra edificada una escalera a la que muchos consideran como una obra milagrosa construida por el mismo carpintero José, el padre de Jesús Cristo, según la Biblia.Hoy escribo sobre este “misterio” porque me llegó por e-mail una presentación en Power Point y que al parecer tiene ya tiempo rondando por Internet y atrayendo despistados. Voy a presentar las imágenes y, si lo considero necesario, comentaré acorde.

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La Capilla Loretto, construida en 1872-1878 por orden de Jean Baptiste Lamy, obispo de la arquidiócesis local, actualmente ya no funciona como iglesia sino que es parte de un museo privado que abre sus puertas a sus visitantes y la alquilan para eventos nupciales con costos que van desde el paquete sencillo de $750 dólares por el “Santa Fe Getaway” hasta el premium de $5,500 dólares por el “Sainte Chapelle”, pasando por el “Santa Fe Destination por $1,200 dólares y el “Chapel” por $2,950 dólares.

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Realmente no existe ningún “milagro” en esta capilla.

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Como comenté anteriormente, el obispo local, Jean Baptiste Lamy, comisionó la construcción de esta edificación, pero la idea era que fuera un convento-capilla que se llamaría Capilla de Nuestra Señora de la Luz, que estaría a cargo de las Hermanas de Loretto. La capilla fue diseñada por el arquitecto francés Antoine Mouly quien falleció antes de terminarla dejando el área superior para el grupo del coro sin escalera. Debido al tamaño tan pequeño de la capilla, una escalera normal hubiera robado demasiado campo, y en ese tiempo las iglesias solían utilizar escalinatas de mano en vez de escaleras para subir al área del coro.

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Esto es lo que dice la leyenda que, pues, es eso: una leyenda.

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Sin comentarios.

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La escalera sí es una muy astuta obra de carpintería, pero dista mucho de ser un prodigio, mucho menos un milagro. La escalera originalmente fue construida sin ningún tipo de barandilla para proteger de alguna caída accidental a sus usuarios. Se ha reportado que el descenso era tan amedrentador que algunas monjas bajaban en sus manos y rodillas (Albach 1965). No hay evidencia que refute que el constructor original haya tenido ayuda extra, a excepción de años después cuando otro artesano, Phillip August Hesch, finalmente construyó la barandilla. Por otro lado, la forma de resorte de la escalera actúa precisamente como un gran resorte, y muchos visitantes reportan que las escaleras se mueve de arriba a abajo mientras caminas sobre ella (Albach 1965 y Bullock 1978). Por esta y otras razones, la estructura ha sido cerrada al acceso público desde hace varias décadas.

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El técnico en madera, Forrest N. Easley, notó que si bien la escalera no parece tener algún tipo de soporte central evidente, sí lo tiene ya que de los dos travesaños de madera que tiene, el del centro tiene un radio tan pequeño que funciona casi como un poste de soporte sólido (Easley 1997). Además, existe otro soporte que regularmente nadie menciona, pero que se puede observar en la siguiente imagen tomada por el investigador de misterios Joe Nickell en su visita a la capilla en 1993:

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Esta es una abrazadera de hierro que estabiliza la escalera conectando rígidamente el travesaño exterior a una de las columnas que soportan el entrepiso.

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Esto es lo menos milagroso del asunto.

De acuerdo a Wikipedia, Johann (Yohon) Hadwiger, un carpintero alemán, fue acreditado al diseño y construcción de la escalera, aunque después la fuente de esta afirmación, el bisnieto de Yohon, Oscar Hadwiger, admitió que no tenía evidencias que apoyaran su testimonio. Recientemente, una historiadora local, Mary Jean Straw Cook, publicó evidencia que el artesano fue Francois-Jean Rochas, de origen francés y que llegó a los EEUU como miembro de un celibato del orden de artesanos y se asentó en Nuevo México. Otras pistas que apuntan a la autoría por este francés incluyen el testimonio de Quintus Monier, quien construyó la vecina Catedral St Francis y una nota de defunción en el diario The Santa Fe New Mexican en 1895, describiendo a Rochas como “un experto trabajador en madera (quien) construyó la escalera en la capilla de Loretto”. La historiadora Straw Cook también encontró en el registro de las monjas una entrada de Marzo de 1881 en donde se puede leer: “Pago por madera Sr. Rochas, $150.00.”

Respecto a que el carpintero no utilizó ni clavos ni pegamento en la construcción es muy poco sorprendente: en antaño no siempre se podía contar con clavos, o bien, se utilizaban otros métodos para unir madera. Ver esta página para ejemplos y más información (en inglés) sobre esto.

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Los hallazgos, publicados en la nueva edición del libro “Loretto: The Sisters and Their Santa Fe Chapel”, de Straw Cook, sugieren que la escalera fue construida en Francia y adaptada por Rochas. Eso podría explicar por qué apareció tan de pronto. Dice Cook: “Habían aquellos quienes sabían su nombre pero no deseaban traicionar la leyenda. La identidad del constructor era de poco interes para el público hasta que su logro alcanzara proporciones legendarias durante las primeras décadas del siglo 20. Para entonces, aquellos quienes conocieron o trabajaron con Rochas habían ya muerto.”

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Para un crédulo cualquier pretexto es bueno.

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Según evidencia reciente, su nombre era Francois-Jean Rochas, de origen francés.

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Eso ya lo expliqué arriba, así que solo quiero recordar lo inestable y potencialmente peligrosa que es esta escalera, tanto desde su diseño origina que carecía de barandas (pasamanos), hasta el hecho de su inestabilidad. Tan es así, que ya no se permite el uso de esta a los visitantes desde los 1970s.

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La pequeña porción de madera que le fue permitido cortar a un guardabosques para su análisis indicó que proviene de un árbol abeto (Easley 1997), pero la muestra era solo un diminuto cuadrado de 3/4 de pulgada por 1/8 de pulgada de grosor. Se requiere una muestra más grande de al menos 6 pulgadas cuadradas que son las requeridas por el Centro de Anatomía de Madera del Servicio Forestal de los Estados Unidos (quienes han hecho muchas identificaciones famosas, incluyendo artefactos tomados de la tumba del Rey Tut y la escalera involucrada en el secuestro de Linbergh [Kinght 1997]) para identificar exactamente de cuál de las no menos de 39 especies de abetos existentes es y precisar correctamente su lugar de procedencia.

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Primeramente, la edad de Cristo no sería de 33 años, sino de más de 2000, pero fin, la redacción no parece ser el fuerte de M. Gallo. No logré encontrar cuántos peldaños tiene la escalera, pero supongamos que tiene 33 como dice la nota. Si Jesús realmente hubiera tenido 33 años al morir ¿por qué habría de implicar eso una mano milagrosa en el asunto? ¿no podría haber el constructor haberlo hecho intencionalmente o incluso coincidentalmente? Pero consideremos también lo siguiente: La mayoría de las personas creen que Jesús nació en el año 0 ó 1 porque ese es el año en el cual la llamada era Cristiana comenzó (o sea, Antes de Cristo a.C. y Después de Cristo d.C.). Pero esto es incorrecto.

En el siglo VI un monje cometió un error al fechar el nacimiento de Jesús. Hoy en día es comúnmente aceptado que la fecha de nacimiento fue en el año 6 a.C. cuando Herodes todavía era rey.

Otro error elemental aparece al querer colocar la muerte de Jesús durante su primer año de ministerio y calcular que tenía 30 años de edad. Pero esto también es incorrecto.

Según los datos históricos, la muerte de Jesús siguió después de la muerte de Juan el Bautista y ocurrió cuando Caifas era un Alto Sacerdote y mientras Pilato era gobernador. Se calcula que Juan Bautista murió en el año 35 d.C., Caifas fue destronado por Lucius Vitellius, ellegado de Siria, en el 36 d.C., y Pilato fue llamado de regreso a Roma a finales del 36 d.C. Entonces Jesús debió haber sido crucificado en el año 36 d.C. y habiendo nacido en el 6 a.C. significa que tenía alrededor de 42 años al morir.

Según datos evangélicos sugieren que Jesús podría haber tenido 36 años (Juan 2:20-21) e incluso hasta en sus 40s (Juan 8:57), y otros datos cristianos sugieren también que Jesús andaba llegando casi a los 50 años, como Irineo (130-200 d.C.), considerado el Padre de la Iglesia, lo escribió en Contra Herejías (2:22:6).

Considerando lo anterior, los supuestos 33 escalones dejan de tener mérito para considerarse parte de un milagro, y menos, como un milagro por sí mismos. Ni la escalera en sí, que como pueden apreciar, es bastante normal considerando todo lo arriba mencionado. No cabe duda que es una obra de arte, pero nada más.

Fuentes:

Author: Lalo Márquez

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