Discusiones Bizantinas.

Unas de las definiciones de una discusión bizantina; es que es una discusión sin sentido. Su nombre proviene del nombre que se le ha dado a la Cultura Bizantina, y este a su vez del nombre antiguo de la capital de dicho imperio: Constantinopla, antiguamente llamada Bizancio y hoy la actual Estambul. Dicho epíteto despectivo tiene su origen en la gran pasión de los habitantes de Constantinopla: discutir sobre cuestiones teológicas bastante bizarras, como, por ejemplo, ¿Cuál es el sexo de los Ángeles?

Al parecer los bizantinos, nombrándolos con el patronímico aceptado por ser el menos complicado de los habitantes de Constantinopla del siglo III al V, solo tenían un tema a discutir: la religión. Era tan generalizado este habito que una vez cierto famoso visitante se quejo de que hasta el niño que atendía en los baños públicos le hacia cuestionamientos teológicos; por cierto, los baños eran la otra pasión de los bizantinos y también se debe mencionar las carreras de cuadrigas, eran tan entusiastas que comparándolos con los actuales holigans ingleses o las barras bravas argentinas; a estos dos últimos se les podría de catalogar como tibios aficionados. Aunque en las carreras no había mucho que discutir; se ganaba o se perdía y el que se atrevía a cuestionar el triunfo o se negaba a pagar la apuesta; por lo regular acababa apuñalado y arrojado en uno de los canales de deshechos.

Pues bien, yo he tenido discusiones con los apasionados de los misterios modernos, y solo las puedo catalogar como bizantinas, ya que no ni yo, ni ellos tenemos la información suficiente para definir un fenómeno de probable o improbable. Después de mi ultima y relativamente reciente discusión, lo de relativa es por el parámetro que se use para medir ese tiempo, o sea, lo transcurrido entre ella y la fecha que lo escribí o la fecha en la que ustedes están leyendo, pero lo que si no tiene nada de relativo es lo de ultima, porque no vuelvo a cometer la perversión intelectual de visitar una página de magufitos para "discutir" con ellos, como les decía, gracias o por desgracias de esta ultima discusión he notado una notable evolución del pensamiento mágico, cuando digo evolución lo digo en el sentido de la selección de cierta característica debida a la presión de su entorno, no a una mejora, incluso la catalogaría como una empeora del pensamiento magufo. Dicha evolución consiste en catalogar cualquier argumento racional como dogmático, con todo lo contradictorio que esto pueda considerarse, resulta que si uno emplea la lógica formal, será clasificado como un adorador de la diosa de la razón.

Supongo que este nuevo argumento, por lo menos nuevo para mi, es debido a que en una discusión, uno se da cuenta que el problema no es que "defiendan" una tesis improbable, sino, que utilizan para defenderla una serie de falacias lógicas o argumentos con evidentes fallas de raciocinio, y eso es lo que termina uno señalándoles, lo que ha ocasionado una falacia lógica aun mayor, y es el de clasificar cualquier argumentación racional o lógica o señalamiento de una falacia; como un argumento sacado de la "Biblia de los Debunkers".

Esto tiene tintes verdaderamente demenciales, ya que hasta los científicos son clasificados como negacionistas si se atreven a proponer una teoría probable derivada del estudio de un fenómeno supuestamente declarado, por ellos, como evidentemente sobrenatural o extraterrestre. Lo cual no es para nada un problema, el problema estriba en lo que comente anteriormente, en desacreditar el trabajo científico o de cualquier índole; tomando como base un razonamiento fallido o lo que es peor; su propia ignorancia, por ejemplo, la Doctora Clancy, paso de científica a debunker (whatever this mean), por exponer que de un estudio realizado por ella a un grupo de supuestos abducidos, llegaba a la conclusión de que solo era una ilusión creada por ellos mismos debido a una serie de factores, que van desde parálisis del sueño a tendencias por las fantasías. A lo que los "científicos" que creen en las abduciones extraterrestres les pareció un trabajo chapucero, y lo catalogaron como anticientífico ya que la Doctora no considerara, entre esos factores, que las abduciones pudieran ser reales, demostrando con ello, que los que no tienen ni la menor peregrina idea de lo que es un trabajo científico, son ellos, ya que los investigadores se basan en hipótesis de trabajo y por lo regular estas van de lo más sencillo a lo improbable, y así podría citar ejemplos de este pensamiento disfuncional, pero, creo que se perdería lo que quisiera concluir y es que si las discusiones entre místicos y racionalistas modernos, que siempre han sido bizantinas, ahora lo serán más, dado la patente de corzo que se han otorgado los amantes de los explicaciones improbables, al clasificar cualquier razonamiento basado en la lógica formal o cualquier cuestionamiento a una falacia lógica; como un dogma de los creyentes en la Biblia del debunker, negándonos hasta el miserable consuelo de burlarnos de sus bizarros razonamientos, ya que esto también esta sancionado en la Biblia del debunker como una estrategia maligna de ridiculizar al oponente; cuestión que verdaderamente es desesperante, ya que en una discusión con un magufo, lo ultimo que queda es burlarse de un razonamiento tan fallido, y no por que seamos malas personas, sino, para rescatar un poco de cordura después de percibir tanta irracionalidad, además de que es completamente injusto el catalogar eso de ridiculizar; en realidad es burlarse, el ridículo lo hacen ellos solitos sin nuestra ayuda.

Un análisis serio de mi diatriba anterior lo pueden leer de Asigan el cerebral Josué Belda Martínez en su Blog PARANORMALIDADES. Un amigo de los ET´s y los escépticos

 Gracias illgirl por la corrección.

Author: Roberto Aguirre

Desde el 2005, los razonamientos fuertemente críticos y sólidos de Roberto Aguirre nos forzan a la objetividad respecto a los diversos temas que en él trata. Siempre bien documentado, escribe valiosos artículos de amplia variedad pero siempre indicándonos su visión crítica y “sin pelos en la lengua” distinguiéndose por tratar siempre de defender el derecho de los demás a exponer sus ideas aún cuando no esté de acuerdo con ellas.

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