Artes plásticas y ovnis

La obra de Benito Laren (1962) apareció en Buenos Aires en el Centro Cultural Rojas de Gumier Maier, mítica y usina del off artístico. Con sus cuadros y objetos tan lúdicos, decorativos y cursi como transgresores, Laren cuestiona la figura del artista, la obra y el arte hoy. Pinta en vidrio con esmaltes, papeles metalizados y cualquier material que brille; usa como soporte aparatosos marcos dorados de molde de yeso, raquetas de tenis, celulares o puertas de auto.Con cuatro motivos básicos —el esoterismo, la moda, las citas (reproducciones de obras famosas) y “lo que invento”— Laren es un inclasificable cuya mezcla de humor, egocentrismo, y una voluntad de homenaje en la cornisa de la irreverencia ácida y la veneración genuina lo ponen en la senda de Minujín, Peralta Ramos o Federico Klemm. Acaso el último ejemplar de artista excéntrico argentino.

—¿Qué lo inspira?

—La Virgen. Soy de San Nicolás, la conocí allá. Por eso empecé haciendo cuadros religiosos. En Nueva York hay un cuadro mío de dos metros por uno; es un Cristo Misericordioso, el que puso de moda Karol Wojtyla. Se exhibió en una muestra en el Consulado Argentino, en una ocasión en que conocí al Papa actual. Coincidimos porque ambos estamos interesados en el fenómeno OVNI. Desde chico tuve visiones. Me la pasaba dibujando y escribiendo, nunca estudiaba. Me recibí de químico porque no me dieron chance. Y lo que me gustaba de la química eran los colores.

—Las visiones que tenía, ¿eran religiosas o de OVNI?

—Es lo mismo. La Virgen es extraterrestre. A los seis años soñé que los platos voladores venían a rescatarnos del holocausto y me llevaban antes de que despertara. No sé si me llevaron o no.

—Los platos voladores son una constante en su obra…

—Sí, pertenecen a una de mis proposiciones, la del ocultismo. Siempre me gustó el ocultismo; por eso busqué tesoros. Primero en San Nicolás y llegué hasta Paraguay, la capital de los tesoros. Hay uno debajo del obelisco, que registré con un escribano: cualquiera que lo saque tiene que darme una parte. Es el Sillón de los Incas, que trasladaron hasta ahí los españoles.

—Una leyenda sobre us ted dice que tarda diez minutos en pintar un cuadro. ¿Es cierto?

—¡Mucho menos!

—¿Cómo trabaja?

—Con la televisión prendida, haciendo zapping todo el tiempo, aunque sin sonido; con música y escribiendo. Si no, me aburro.

—¿Qué escribe mientras pinta?

—Títulos de cuadros, poesías, letras de canciones. Ahora estoy escribiendo el guión de la película en la que trabajo, “Benito El Crack”. Trata sobre la frutifilia, el desmedido amor de un hombre por las frutas.

—¿Cuál es su lugar en el arte argentino?

—El primero. Soy el más prolífico. Soy un artista popularen, por muchas razones. Por ejemplo, soy brillante y uso vidrio, que es más puro que la tela, un material rústico. Con vidrios de colo res cautivo al público, recogiendo una tradición que se remonta a la Conquista.

—Se dice que muchos famosos tienen cuadros suyos.

—Susana Giménez, Amalita Fortabat, Los Pimpinela… Algunos se quejan con envidia: “¡Hay obra tuya en todas partes!”

—¿Le regalaría un cuadro al Papa Benedicto?

—No. El podría comprarlo.

—¿Cuál es su mayor aspiración como artista?

—Hacerme millonario. Empecé a pintar porque vi que otros hacían fortunas con algo que para mí era muy fácil. Pero no me reconocen.

—¿Seguro?

—Bueno, ya estoy en el Museo Macro de Rosario. Voy teniendo metas. Ya superé a (Jorge) De la Vega porque, además de cantar, voy a tener mi película. Por otro lado, hace rato superé a Benito Quinquela Martín, porque cuando se dice Benito, ya se piensa en Laren antes que en Quinquela Martín.

Fuente:

http://www.clarin.com/diario/2005/12/10/sociedad/s-06601.htm

Author: Lalo Márquez

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