Buscando a E.T.

La creencia en vida inteligente en el Universo fue popular entre los estudiosos desde el siglo diecinueve.

Los viajes espaciales que se iniciaron a finales de la década de los cincuentas revivieron el debate a la fecha atrae el interés de científicos serios y profesionales.En septiembre de 1959, los físicos Giusseppe Cocconi and Philip Morrison publicaron un artículo en la revista británica semanal Nature, con el provocativo título de “Búsqueda de comunicación interestelar” (Searching for Interestellar Communication).

Cocconi y Morrison arguyeron que los radio telescopios habian llegado a ser suficientemente sensibles para detectar transmisiones de civilizaciones que estuvieran orbitando en estrellas distantes.

Sugirieron que tales mensajes podrian ser transmitidos a longitudes de onda de 21 centímetros (1420 MHz), es decir la longitud de onda característica del hidrógeno neutro, el elemento mas común en el Universo.

Otras civilizaciones interesadas en hacer llegar su señal a nosotros podrían ver esta frecuencia como una marca lógica en el espectro de radio.

Siete meses mas tarde, en abril de 1960, el radio astrónomo Frank Drake se convirtió en la primera persona en llevar a cabo una búsqueda sistemática de señales de inteligencia en el cosmos.

Usando el radio telescopio de 25 metros de diámetro del Observatorio Radio Astronómico Nacional de Greenk Bank en Virginia, Estados Unidos, Drake apuntó a dos estrellas cercanas parecidas al Sol: Tau Ceti y Epsilon Eridani.

Su búsqueda no tuvo éxito. Posteriormente Drake organizó una reunión con un selecto grupo de científicos para estudiar seriamente los prospectos de búsqueda de inteligencia extraterrestre SETI (Searching for Extraterrestial Intelligence).

A esta reunión asistieron, entre otros, el joven Carl Sagan asi como el químico Melvin Calvin, que obtuvo por esas fechas el Premio Nobel de Química.

Fue entonces cuando Drake formuló su famosa ecuación para determinar el número N de “civilizaciones observables” que existen en nuestra galaxia.

Expresó N como una simple multiplicación de diferentes incógnitas que son en principio accesibles:

N = R × fp × ne × fl × fi × fc × T .

R es número de estrellas que nacen en nuestra galaxia en un año; fp es la fracción de estas estrellas que tiene planetas; ne es el número promedio de planetas del tipo de la Tierra (adecuados para que haya vida) en un sistem solar típico; fl es la fracción de esos planetas en los cuales se forma la vida; fi es la fracción de esos planetas en los que puede haber vida donde la evolución biológica permite el desarrollo de especies inteligentes; fc es la fracción de esas especies que alcanzan un desarrollo tecnológico tal que son capaces de comunicación por radio hacia el medio interestelar y T es el tiempo de vida promedio de una civilización que puede comunicarse.

Dividiendo la gran incógnita del número de civilizaciones observables N, en una serie de incógnitas mas pequeñas y mas accesibles, esta fórmula hizo que la búsqueda de civilizaciones extraterrestres se volviera mas realista y prometedora.

Asimismo contribuyó a que el programa SETI adquiriera una base para el análisis científico.

Desde su formulación hasta la fecha astrónomos y biólogos han tratado de resolver la ecuación de Drake.

Uno pensaría que sería relativamente fácil estimar el valor de N pero en realidad su determinación es extremadamente difícil.

En los últimos años algunas de estas variables han sido confirmadas; sin embargo, la mayoría siguen siendo incógnitas.

Sabemos que en nuestra galaxia se forma alrededor de una estrella por año, es decir R = 1. El siguiente factor fp, es probablemente un poco menor que 1 porque no todas las estrellas tienen planetas a su alrededor, pero sabemos que muchas estrellas si los tienen.

Por otro lado, si una estrella tiene un sistema planetario a su alrededor, es posible que al menos dos o tres de sus planetas sean potencialmente adecuados para que haya vida, por lo tanto es posible que el producto de fp × ne no sea muy distinto a 1. Los optimistas arguyen que la vida se formaría donde pudiera hacerlo, es decir fl = 1, que los procesos de selección natural favorecerían la evolución de inteligencia, que implica fi=1, y que podrían surgir sistematicamente civilizaciones inteligentes que no tardarían mucho en descubrir la electricidad y las radio comunicaciones, además de sentir la necesidad de comunicarse con el extrerior, y por tanto fc = 1. En el caso mas optimista la ecuación de Drake se reduciría a N = T donde T es el tiempo de vida, en años, de una sociedad inteligente.

Suponiendo que T es igual a 10 mil años, habría 10 mil civilizaciones en nuestra galaxia o una por 20 cada millones de estrellas1.

Si estas estrellas estuvieran distribuidas al azar en nuestra galaxia, la mas cercana estaría a unos mil años-luz de distancia.

Una conversación de ida y vuelta duraría practicamente lo que la historia de la humanidad, pero una comunicación en un solo sentido podría ser audible.

Sin embargo, en 35 años los esfuerzos de SETI han fallado en su búsqueda, a pesar de que la apertura de los radio telescopios ha aumentado, las técnicas de detección han mejorado considerablemente y que la capacidad de cómputo se ha incrementado enormemente desde principios de los anos 1960’s.

Por otro lado, el número de señales de radio que pueden estar presentes en el medio interestelar es mucho mayor que las señales que se han buscado.

Una conclusión es que nuestra galaxia no está llena de transmisores poderosos que contínuamente quieren alcanzarnos en la forma en que los hemos buscado.

Nadie podía haber dicho esto en 1961. La pregunta obligada es si hemos sobreestimado los valores de uno o mas de los parámetros de Drake.

Por ejemplo, ¿es el tiempo de vida de las civilizaciones inteligentes mucho menor que 10 mil años? Una forma de enfocar el problema es analizando con mas detalle cada uno de los términos de la ecuación con mas detalle, de lo cual hablaremos mas adelante.

Si quieres saber mas de SETI búscalos en la página: http://www.seti.org

Fuente:

http://www.elporvenir.com.mx/notas.asp?nota_id=38122

Author: Lalo Márquez

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