Los pecados de los sucesores de Pedro

CIUDAD DEL VATICANO – Guerreros, ambiciosos, polígamos, infieles, mafiosos y conspiradores: como el resto de los mortales, los Papas del pasado sucumbieron a las tentaciones de la carne y sus vidas no recuerdan en nada a la imagen de santidad que se intenta dar a los pontífices de hoy.En vísperas de que 115 cardenales se reúnan a puerta cerrada para elegir al sucesor de Juan Pablo II, se multiplican las historias sobre los Papas que sobornaron, engañaron e incluso mataron para ocupar el trono de Pedro.

Es sabido que los Papas Juan XIX y el español Alejandro VI, llamado el Papa Borgia, pagaron una fortuna por su nombramiento. Más astuto, Sixto V fingió estar enfermo hasta que los cardenales, que deseaban un pontificado corto, lo eligieron Papa a finales del siglo XVI, cargo en el que se mantuvo durante años con un vigor inusitado.

Legenda o realidad, estas historias muestran que la figura del Papa se ha ido forjando con el paso de los siglos exclusivamente por la mano del hombre, ya que en la Biblia no existe ninguna referencia sobre la forma en que los pontífices deberían ser elegidos o la vida ejemplar que deben llevar.

El propio Pedro, escogido por Jesucristo para ayudarle en la tarea de “edificar la Iglesia”, era un pescador, un hombre simple que dejó “todo” para seguir a su Maestro pero que tuvo al menos una hija, según parece.

A partir de ahí, las historias se multiplican. Alejandro VI envenenaba sistemáticamente a los cardenales, tuvo nueve hijos ilegítimos e incluso cometió incesto con su hija Lucrecia.

Adriano II fue nombrado Papa pese a estar casado y tener una hija. Ambas mujeres fueron decapitadas.

Esteban VI, Papa de 896 a 897, hizo exhumar a uno de sus predecesores, Formoso, para juzgarlo post mortem, mutilar su cadáver y arrojarlo al Río Tíber. Benedicto IX consiguió ser elegido Papa tres veces, la primera en 1032 y con sólo 12 años.

La leyenda dice también que una mujer ocupó el trono de Pedro en el siglo X. Se trata de la papisa Juana, que se hizo pasar por hombre y habría sido elegida como Juan VIII.

Según algunos, murió dando a luz en medio de una procesión en que la multitud la apedreó, encolerizada por la mentira.

Durante la Edad Media, casi ningún Papa falleció de muerte natural y la mayoría sucumbió en guerras, envenenados, muertos de hambre en prisión, quemados vivos, apuñalados o apedreados.

Otros tuvieron muertes más curiosas y terriblemente banales: Benedicto XI murió en 1304 comiendo higos que le habían regalado y Pablo II, en 1471 por una indigestión de melones.

Los papas de hoy no libran cruzadas ni son polígamos, pero la Iglesia es víctima de otros escándalos que enturbian su imagen de igual manera, como la pederastia en el caso de sacerdotes estadounidenses, el olvido del voto de pobreza y el alejamiento progresivo de los caminos del Evangelio.

Los cónclaves también están llenos de historias y anécdotas. El nombre de esta reunión nació en el siglo XIII cuando los cardenales se reunieron en la ciudad italiana de Viterbo durante tres años sin conseguir llegar a un acuerdo.

Cansados de esperar, los fieles y autoridades les encerraron bajo llave (‘cum clave’ en latín) y comenzaron a recortar los suministros de comida. Muertos de hambre y frío eligieron a Gregorio X en 1271.

Pese a que la historia está llena de intrigas para ser Papa, también hay casos de cardenales que intentaron evitar esta responsabilidad.

Recientemente se recuerda a Juan Pablo I o a Pío XII, quien tras ser elegido pidió a los cardenales que pensaran bien y repitieran la votación por si se habían equivocado.

Por último, desde que Juan II eligió su propio nombre en el año 533 ya que en verdad se llamaba Mercurio, un nombre pagano, todos han podido hacerlo.

Juan, Gregorio y Clemente son los más recurridos desde entonces y casualmente, ninguno se ha vuelto a llamar Pedro, tal vez por no considerarse dignos de llevar el nombre del elegido por Jesucristo.

Por Beatriz Lecumberri, AFP

Fuente: http://www.univision.com/content/content.jhtml?chid=3&schid=303&secid=304&cid=586169

Author: Lalo Márquez

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