Muerte certificada con tres golpes de martillo

Buenos Aires, (NA) — Golpes en la frente del Papa con un martillo de plata, la destrucción del anillo pontificio y el tañido de las campanas de San Pedro, son algunos de los actos protocolares realizados luego de la muerte del Santo Padre, según marca la tradición vaticana. También existen otros actos que no son dictados por la tradición religiosa, aunque son menos tradicionales y fueron establecidos por los propios Pontífices a lo largo de la historia.

Antiguamente, esto es en los primeros siglos, la comprobación de la muerte del Papa se hacía acercando una vela encendida a los labios del Sumo Pontífice.

Si la llama se movía, significaba que aún conservaba un hálito de vida, y esa misma operación se realizaba varias veces hasta que la llama permanecía inmóvil, lo que significaba que el Papa había muerto.

Sin embargo, actualmente la comprobación de la muerte del Papa se realiza con los métodos médicos habituales.

Antes era el arquiatra, pero ahora es el médico el que confirma la defunción del Papa, y se lo comunica al prefecto de la casa pontificia, que es el que anunció oficialmente la muerte, con una sencilla fórmula: “El Papa ha muerto”.

Luego, todos los presentes en la habitación papal se arrodillan y comienzan los primeros responsos, y después, por orden jerárquico, se acercan al cadáver y besan su mano.

El próximo paso en los actos protocolares consiste en el encendido de cuatro cirios a los pies de la cama papal y se coloca un aceite y el hisopo con agua bendita junto al lecho mortuorio, para los responsos de los prelados visitantes.

El camarlengo -quien estará al frente del Vaticano hasta la elección del próximo Papa y que en esta ocasión es el español Eduardo Martínez Somalo- ingresó a la habitación del Papa, vestido de violeta, en señal de duelo, acompañado por un destacamento de la Guardia Suiza con alabardas.

El viejo rito vaticano contempla que el camarlengo debe golpear tres veces la frente del Pontífice, con un martillo de plata que figura en el escudo de armas pontificio, al tiempo que llama al difunto por su nombre de pila, para comprobar la muerte.

El acto debe realizarse en presencia del maestro de celebraciones litúrgicas y del secretario y el canciller de la Cámara Apostólica, y este último es el encargado de rellenar el acta de defunción del Pontífice.

Luego, al Papa se le retira el anillo del pescador, símbolo del poder pontificio, lo que marca que el reinado ha concluido.

Ese anillo, posteriormente, será machacado junto con el sello de plomo del Papa ante los cardenales, para de esa manera evitar que se puedan falsificar los documentos papales.

El mismo camarlengo deberá cerrar con llave la habitación del Papa y su estudio, aposentos estos que no podrán abrirse hasta que no se elija un nuevo Papa.

Las campanas de San Pedro comienzan a tañir, anunciando la muerte pública del Papa, y el propio el camarlengo notificará la muerte del Santo Padre al vicario de Roma, quien transmitirá a su vez la noticia al pueblo de la ciudad, y por ende al mundo.

La puerta de bronce del Vaticano se abre y el notario de la Cámara Apostólica levanta acta, mientras las campanas de San Pedro “doblan ha muerto”.

Esa puerta se cierra por la noche, en señal de duelo, luego que el cuerpo del Pontífice, tras ser preparado por los médicos, es vestido con los símbolos pontificios.

Al cuerpo del Papa se le coloca la mitra blanca en la cabeza, la casulla, es decir, el manto rojo (que es el color de luto papal) que utiliza cuando celebra misa, y el palio, una faja de lana blanca con cruces negras, símbolo de dignidad.

La conservación del cuerpo del Papa preve la extirpación de las
vísceras, algo que realizan los forenses del Instituto de Medicina Legal de la Universidad de Roma, quienes serán los encargados de velar por la buena conservación del cuerpo del Pontífice.

Luego, en una solemne procesión encabezada por el cardenal decano y el camarlengo, el cuerpo del Papa es llevado hasta la Basílica de San Pedro, mientras los coros entonan “Libera me, Domine, de morte aeterna” (Líbrame Señor de la muerte eterna).

El sepelio se denomina “Missa poenitentialis”, y generalmente se espera que acudan delegaciones de todo el mundo, y es la Santa Sede la que fija el nivel de las delegaciones que asisten a los actos.

Una vez en la Basílica un prelado lee los hechos más importantes de su labor y al final mete el pergamino en un tubo de cobre que se introduce en el féretro junto con un saquito de terciopelo con monedas y medallas de su pontificado.

Terminada la misa, los restos mortales son introducidos en una triple caja -una de ciprés, otra de plomo y una de nogal- y sobre esta última se coloca un simple crucifijo y una Biblia abierta, para luego sepultar al Pontífice en la cripta vaticana, donde permanecerá hasta que se disponga su sarcófago definitivo.

La ceremonia velatoria contempla que el cuerpo del Papa sea exhibido para que los fieles puedan rendirle un último homenaje, pero a menos que el camarlengo lo autorice, no se podrán tomar fotografías ni filmar.

Fuente: http://www.elindependiente.com.ar/noticias_v.asp?49211

Author: Lalo Márquez

Share This Post On