Las Afirmaciones de la Aromaterapia

¿Qué es eso que huelo?
Por Lynn McCutcheon

La aromaterapia típicamente involucra poner algunas gotas de algún aceite derivado de las plantas con un olor placentero en el agua para bañarnos, olerlo con un inhalador, o masajearlo directamente en tu piel. Yo he probado un número de estos “aceites esenciales”, como son llamados, y me he impresionado con sus singulares aromas. ¿Entonces cuál es el problema con oler alguna fragancia mientras te estás bañando o mientras te lo están masajeando? De acuerdo a John Meisneheimer, quien practica dermatología en Orlando, Florida, un porcentaje muy pequeño de la población es alérgica a algunos aceites esenciales. Pero para el resto de nosotros, la respuesta es, “nada”. Una pequeña dosis de aceite aromático probablemente no te haga nada de daño, y si disfrutas el olor ¡está bien!

El problema radica con las afirmaciones hechas por los practicantes de aromaterapia más conocidos―afirmaciones que son causalmente confusas, ambiguas, dudosas, y no respaldadas por evidencia científica. Después de leer varios libros y artículos escritos por los entusiastas defensores de la aromaterapia, yo creo que hay algunos temas recurrentes que valen la pena ver detenidamente.

Uno de esos temas es al que yo llamo “causación confusa”. Virtualmente todos los aromaterapéutas afirman que si te relejas por varios minutos en un baño de agua tibia a la que se le han agregado algunas gotas de aceite esencial, obtendrás una sensación agradable. Yo estoy de acuerdo, pero ¿qué causa el agrado? ¿es lo tibio, el agua, los minutos de descanso, las pocas gotas de aceite, o alguna combinación de eso? Sería fácil llevar a cabo un experimento para saberlo, pero por alguna extraña razón los aromaterapéutas no han creído adecuado hacerlo. En vez de esto, simplemente implican que el aceite esencial es la causa principal. Dice Meisenheimer: “La cantidad de aceite esencial de unas cuantas gotas puestas en tu baño que podría de hecho penetrar la capa córnea (piel) probablemente es muy pequeña para tener algún efecto significativo, sistémico, y fisiológico.”

Otros ejemplos de causación confusa empapan las escrituras de los aromaterapéutas. Hoffmann (1987, p.94) afirma que la manzanilla es buena para el insomnio si se toma en un baño muy en la noche. ¿Es el horario avanzado o la manzanilla lo que te hace sentir somnolencia? Para el estrés, Lavabre (1990, p. 108) recomienda relajación, una mejor dieta, suplementos alimenticios, más ejercicio, y algunas gotas de una mezcla de aceites. Heinerman nos informa (1988, p. 197) que el aceite de jazmín masajeado en el abdomen y el área de la ingle promueve estimulación sexual. Apuesto que lo hace, con o sin el jazmín. En la página 301 sugiere que para hacer segura el agua insegura, hay que hervirla y añadir romero, salvia, o tomillo antes de tomarla. El calor probablemente mate la mayoría de los gérmenes. Edwards (1994, p. 135) menciona que muchos pacientes en hospitales en Inglaterra reciben masajes con aceites esenciales. De acuerdo a ella, “el efecto relajante y edificante de los aceites ayuda a elevar la moral de los pacientes”. ¿No es posible que el masaje hiciera lo mismo para elevar los masajes como lo hacen los aceites?

Una de las tácticas favoritas empleadas por los aromaterapéutas es el uso de afirmaciones ambiguas. Cualquier buen psíquico podrá decirte que nunca hagas una predicción específica. Siempre permite suficiente espacio para que cualquiera que sea el resultado, tu puedas afirmar éxito. Juzgando por lo que leo, los aromaterapéutas han dominado esta estrategia. Aquí hay algunos de mis favoritos, seguidos por mis breves comentarios.

De acuerdo a Frawley (1992, p. 155), el incienso “limpia el aire de energías negativas”. ¿Qué son las energías negativas? El lector es alentado a ser masajeado con aceite regularmente (p. 155) porque esto “mantiene los nervios en balance”. ¿Cómo distinguiríamos un nervio desbalanceado si lo viéramos? Hoffmann nos dice (p. 95) que el ylang ylang “supuestamente es un afrodisíaco”. ¿Es o no lo es? Lavabre declara (p. 114) que el resinoide de benzina, “te sacará los espíritus malignos2. Me encantaría ver eso. Presumiblemente el aceite de abeto es aún una mejor esencia porque es recomendada (p. 64) “cualquier tipo de trabajo psíquico”. ¿Para qué limitarte a espíritus malignos? Edward (p. 134) cita a Visant Lad diciendo que “la energía de la vida entra al cuerpo a través del respiro tomado por la nariz”. Si la energía de la vida es lo mismo que el oxígeno ¿por qué no puede entrar por la boca? Sobre el aceite de árbol de té, Edwards opina (p. 135) que “Hay esperanza que pueda jugar un rol en un tratamiento exitoso contra el SIDA.” ¿Es esperanza o es evidencia? En la misma página ella dice a los lectores que la aromaterapia es buena para “restaurar la armonía y el balance entre la mente y el cuerpo”. Tal frase puede significar cualquier cosa que quieras.

No todas las afirmaciones son desesperanzadoramente ambiguas o poco probables de ser verdad. Hice una búsqueda por computadora de literatura psicológica hasta 1967, usando las palabras aceite esencial, aromaterapia; y los nombres de 23 esencias comunes. Encontré que la manzanilla (Roberts y Williams 1992) pueden poner a la gente en un mejor humor, y la lavanda algunas veces causa errores en aritmética (Ludvigson y Rottman 1989). Además, varios de los olores utilizados por los aromaterapéutas son capaces de producir excitación fisiológica como ha sido medido por registros de electroencefalogramas (EEG) (Klemm y otros 1992); y cambios emocionales, como fueron medidos por auto-reportes (Kikuchi y otros 1992; Nakano y otros 1992). El olor a menta parece ser capaz de causar EGG muy pequeños en electromiograma (EMG), y cambios en el ritmo cardiaco durante el sueño (Badia y otros 1990); y algunos otros olores pueden modificar artificialmente el tiempo del sueño inducido en ratones (Tsuchiya y otros 1991). Hay evidencia que olores específicos pueden permitirle a uno recordar información que fue aprendida en la presencia de ese olor (Smith y otros 1992).

En conjunto, estos hallazgos extendidos al límite podrían respaldar solo una pequeña habilidad, navegando cautelosamente cerca de las costas del mar aromático. Desafortunadamente, algunos terapeutas han estado más que deseosos de navegar atrevidamente en aguas inexploradas. Considera estas afirmaciones sobre aceites esenciales específicos, con mis comentarios.

“Unas cuantas gotas de jazmín (Tisserand 1988, p. 87) curan la depresión postnatal”. No encontré ninguna investigación olfatoria que mencione depresión postnatal. “El aceite de orégano (Tisserand, p. 37) apaga el deseo sexual.” Los pocos estudios que encontré que mencionaban al orégano no tenían nada que ver con el sexo. Price (1991, p. 93) nos dice que la baya de junípero es “relajante” y “estimulante” (¿las dos?), y ella (p. 48) y Valnet (1982, p.87) recomiendan la lavanda para el insomnio. El estudio de Klemm mostró que la lavanda era excitante y desagradable. Hoffmann (p. 94) afirma que el pachulí es bueno para la ansiedad. Mi búsqueda en computadora de la palabra pachulí no encontró nada. Valnet (p. 70) afirma que el ylang ylang es bueno para el impulso sexual de uno. Ylang ylang tampoco halló nada.

Otras afirmaciones de validez dudosa son comunes en las escrituras de los aromaterapéutas―afirmaciones extensas que están relacionadas a la práctica de la aromaterapia en general. Las siguientes afirmaciones son mis palabras, pero representan una síntesis de las vistas expresadas por los autores listados.

  • El olfato es la ruta más directa hacia el cerebro. (Avery 1992; Edwards 1994); Green 1992; Raphael 1994). La implicación de que el olfato es superior a los otros sentidos porque la información olfatoria llega al cerebro más rápidamente, y ya que la aromaterapia compete al olor, es un método superior de tratamiento. La información olfatoria llega al cerebro muy rápidamente, pero también la información táctil, auditiva, y visual. Las diferencias ciertamente se medirían en milisegundos, y no tendrían consecuencias prácticas. El sentido olfativo está directamente ligado al sistema límbico―una porción del cerebro que compete a los recuerdos y la emocionalidad. Los aromaterapéutas hacen mucho de esto―el olor de jengibre evoca recuerdos de las galletas de la abuela, etc. Lo que no te dicen es que la vista de una foto de la abuela o escuchar su voz puede hacer lo mismo. Todos los sentidos son parte de una red masiva que enlaza todas las partes del cerebro. El olfato no disfruta de ninguna ventaja particular cuando se trata de acceder a o de velocidad de acceso a varias partes del cerebro.
  • Los aceites naturales son mejores que los sintéticos. (Avery 1992; Edwards 1994; Hillyer 1994; Lavabre 1990; Price 1991; Raphael 1994; Rose 1988). La mayoría de estos autores sienten innecesario explicar tal afirmación, pero Lavabre dijo a los lectores que las moléculas “naturales” trabajan mejor porque tienen memoria (p. 49). Es posible hacer una preparación sintética idéntica a nivel molecular a la mayoría de los compuestos importantes en un aceite esencial. John Renner, quien ha escuchado muchas de las afirmaciones extravagantes hechas por los aromaterapéutas, me dijo que si las moléculas son las mismas, “yo seriamente dudo que tu cuerpo pueda notar la diferencia”. Dado que los aceites esenciales contienen varios compuestos, parece posible que un aceite natural pueda contener más de un agente activo. Y si es así, entonces los aromaterapeutas deberían estar encabezando el esfuerzo de investigación para determinar qué compuestos químicos están induciendo los cambios que ellos afirman que están tomando lugar. En vez de esto, la mayoría de ellos parecen estar demasiado deseosos de asumir que los aceites naturales son mejores, y que no hay necesidad de defender esta afirmación con ninguna racionalidad o evidencia de investigación.
  • Los aceites esenciales pueden ayudarte con tu memoria. (Hoffmann 1987; Lavabre 1990; Price 1991; Valnet 1982). No he encontrado evidencia que apoye esto, y ninguno de estos autores proporcionó ninguna pista de cómo es que llegaron a esta conclusión. La psicóloga Elizabeth Loftus, una experta en memoria humana reconocida mundialmente, me dijo en una comunicación personal que ella no conoce “ninguna evidencia convincente que los aromas curen amnesia, o que refuercen la memoria”. Existe un fenómeno como el aprendizaje dependiente de contexto. Se ha mostrado que es más fácil recordar X cuando regresas al ambiente o contexto en el que aprendiste X. Presumiblemente, el contexto provee pistas que hace más fácil recordar X. Se ha mostrado además que al menos un aceite esencial puede servir como pista contextual (Smithy otros 1992). Si esto es la base para la afirmación mencionada, es altamente engañosa. La esencia misma no es importante, solo el hecho de que fue una parte significante del contexto en el cual el aprendizaje original tomó lugar. En otras palabras, si la esencia no estaba presente cuando aprendiste X entonces no te ayudará a recordar después.
  • Los científicos están haciendo muchas investigaciones sobre aceites esenciales. (Avery 1992; Price 1991; Rose 1988; Valnet 1982). Afirmaciones como estas son usualmente seguidas por afirmaciones específicas. La implicación es que estas afirmaciones están soportadas por investigación científica. Como vimos anteriormente, no es necesariamente verdad. Si realmente los científicos están haciendo mucha investigación sobre aceites esenciales es debatible. Por comparación con hace cincuenta años atrás, probablemente haya más investigación en aceites esenciales hoy en día. Por comparación con la audición y la visión, la investigación sobre las consecuencias de oler aceites esenciales se queda atrás. Si en realidad hay mucha investigación sobre los efectos de los aceites esenciales ¿por qué es que estos autores están tan renuentes en citarlas? Sus libros y artículos rara vez listan o mencionan artículos en diarios científicos. En vez, si hay alguna referencia, son hacia libros escritos por otros aromaterapéutas. Todo esto suena como si yo estuviera fuertemente opuesta al uso de aceites esenciales. ¡No lo estoy! Si te complace poner un poco en el agua de tu bañera o que te masajeen un poco en tu espalda de vez en cuando, no faltaba más, adelante. No es el olor que sale de estas fragancias lo que es preocupante, es el hedor que sale de las afirmaciones injustificadas hechas por ellos.

Referencias

Avery, A. 1992. Aromatherapy and You. Kailua, HI: Blue Heron Hill Press.
Badia, P., et al. 1990. Responsiveness to olfactory stimuli presented in sleep.Physiology and Behavior 48: 87-90.
Edwards, L. 1994. Aromatherapy and essential oils. Healthy and Natural Journal, October, pp. 134-137.
Frawley, D. 1992. Herbs and the mind. In American Herbalism: Essays on Herbs and Herbalism. ed. by M. Tierra. Freedom, Calif.: Crossing Press.
Green, M. 1992. Simpler scents: The combined use of herbs and essential oils. InAmerican Herbalism; Essay on Herbs and Herbalism, ed. by M. Tierra, Calif.: Crossing Press.
Heinerman, J. 1988. Heinermans Encyclopedia of Fruits, Vegetables, and Herbs. West Nyack, N.Y.: Parker Publishing.
Hillyer, P. 1994. “Paking $cents with Aromatherapy.” Whole Foods, February, p. 26-35.
Hoffmann, D. 1987, Aromatherapy. In The Herbal Handbook. Rochester, Vt.: Healing Arts Press.
Kikochi, A., et al 1992. Effects of odors on cardial response patterns and subjective states in a reaction time task. Pychologica Folia 51: 74-82.
Klemm, W. R et al. 1992. Topographical EEG mapos of human response to odors. Chemical Senses 17: 347-361.
Lavabre, M. 1990. Aromatherapy Workbook. Rochester, Vt.: Healing Arts Press. Ludvigson, H., and T. Rottman. 1989. Effects of ambient odors of lavander and cloves on cognition, memory, affect and mood. Chemical Sense 14: 525-361.
Nakano, Y., et al. 1992. A study of fragance impressions, evaluation and categorization. Pychologica Folia 51: 83-90.
Price, S. 1991. Aromatherapy for Common Ailments New york: Simon and Schuster.
Raphael, A. 1994. “Ahh! Aromatherapy.” Delicious, December pp. 47-48.
Roberts, A., and J. Williams. 1992. The effect of olfactory stimulation on Fluency, vividness of imagery and associated mood: A preliminary study. British Journal of Medical Psychology 65: 197-199.
Rose, J. 1988. Healing scents from herbs: Aromatherapy. In Herbal Handbook. Escondido, Calif.: Bernard Jensen Enterprises.
Smith, D. G., et al. 1992. Verbal memory elicited by ambient odor. Perpetual and Motor Skills 74: 339-343
Tisserand, M. 1988. Aromatherapy for Womeni. Rochester, Vt.: Healing Arts Press.
Tsuchiya, T., et al. 1991. Effects of olfactory stimulation on the sleep time induced by pentobarbital administration in mice. Brian Research Bulletin 26: 397-401.
Valnet, J. 1982. The Practice of Aromatherapy. London: C.W. Daniel.

©2000 Lynn McCutcheon, 2000. Bizarre Cases, CSICOP, Inc.

Author: Lalo Márquez

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