La ciencia, la paciencia y el marketing

La paciencia es una de las virtudes de la ciencia. Los avances y los descubrimientos tardan años en producirse y requieren el esfuerzo de los expertos, que conocen bien la diferencia entre el realismo científico y el irrealismo mágico, entre la prudencia y el marketing desenfrenado.

Hace poco más de un año, el grupo conocido como “raelianos”, anunció el nacimiento de Eva, la primera beba clonada del mundo.


Brigitte Boisellier, vocera de la empresa Clonaid, (en la imagen) perteneciente a los seguidores de Rael, dio supuestas precisiones: “Nació el jueves 26 de diciembre de 2002 a las 13:55”, dijo, sin aclarar dónde se produjo el supuesto nacimiento ni el huso horario usado para determinar la llegada al mundo de Eva.


En una suerte de competencia sin respiros, el médico italiano Severino Antinori tuvo en aquellos días un protagonismo similar al de los raelianos, cuando anunció el nacimiento, previsto para enero de 2003, del segundo “primer bebe clon” de este mismo mundo.


Si las matemáticas elementales no fallan, a esta altura debería haber por lo menos dos niños clonados que han festejado su primer cumpleaños.


Sin embargo, tanto el bebe clon de Antinori como la ya mítica Eva, no han mostrado públicamente sus caritas. Como en los textos bíblicos, resulta entonces tan difícil demostrar científicamente la existencia de la primera Eva como la de la producida por Clonaid. Los niños de Antinori, que para subir la apuesta eran tres por nacer y no sólo uno, también sufren mal de ausencia.


Ni aquella “Eva” ni este “Adán” fueron todavía conocidos por el resto de los mortales.












Lograr el trasplante de un órgano clonado y salvar la vida de un paciente que no tiene tiempo de esperar a un eventual donante es otra cosa




Rael, líder de los raelianos






La comunidad científica universal mostró su rechazo a estas prácticas. No sólo por el intento de marketinización de la ciencia, sino por la misma intención de utilizar la clonación reproductiva -algo que quizás sea posible en el futuro desde el punto de vista técnico-, ya que no existen causas que la justifiquen, habiendo tantos métodos modernos y efectivos de reproducción asistida para vencer la esterilidad.


La clonación terapéutica es harina de otro costal.


Lograr el trasplante de un órgano clonado y salvar la vida de un paciente que no tiene tiempo de esperar a un eventual donante es otra cosa. Combatir enfermedades mediante la clonación de células es diferente de fabricar chicos. La diferencia no está sólo en el procedimiento, sino también en la ética, la responsabilidad y la prudencia.


En estos días, cuando se festejen los cumpleaños de los cientos de miles de niños nacidos hace un año en todo el mundo, no estarán ni el “Adán” de Antinori ni la “Eva” de Rael entre los agasajados.


En realidad, eso es un avance. Tal vez no de la ciencia, pero sí en la convivencia entre la naturaleza y el hombre, el único animal capaz de matar por placer y de intentar generar vida por dinero.


Santiago Bruno Olmedo es especialista en medicina reproductiva, director médico del Centro de Estudios en Ginecología y Reproducción (CEGyR).


Artículo publicado en La Nación


Fuente: http://www.divulcat.com/inicio/articulo.php?id=421

Author: Lalo Márquez

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