Magia negra

AURELIA ha conocido a un hombre que se autoproclama rey de la magia negra, porque es negro, porque hace magia y porque se llama Rey. Y me dice que Rey le ha cambiado la vida y que ya no necesita de las historias que yo le cuento. «Si no te cuento historias no me dejas meterte mano». «Pues por eso».Al parecer, Rey la ha nombrado Altar Vivo de la Suma Iniciación y se entretiene chafando huevos duros sobre su ombligo, incrustando en su ombligo fabes de mayo y derramando sobre su ombligo un líquido caliente que ella identifica como aceite de coco. «¿Y no te mancha el body el aceite de coco?». «¿Qué body? Estoy en pelota».

Al parecer es imprescindible un altar desnudo para estos ritos mágicos, que sirven para curar problemas de salud, incrementar la memoria y suavizar el ánimo y, además, para conseguir erecciones, lubricar cavidades, inflar protuberancias, amarrar al amado, amarrar a la amada, a ambos, desamarrarlos, posibilitar ataques al corazón de quien te ha dejado, cólicos nefríticos, tos, sinusitis, y también para hacer crecer el pelo propio o hacer caer el ajeno.

Me dice Aurelia que al fin se siente útil a la sociedad, que hasta que conoció a Rey había perdido el tiempo administrando comunidades de vecinos, y que tres huevos duros chafados en su ombligo habían conseguido que un hombre, a punto de fugarse con Marianita, ‘La niña de fuego’, retornara con su esposa, y que una mujer, que a punto estuvo de fugarse con un locutor de radio, retornara con su esposo. En total, me dice, por su ombligo han pasado diez retornos, tres cólicos nefríticos y más de veintisiete potencias recuperadas y treinta y siete arrebatadas. O al menos eso es lo que le cuenta el mago mientras amasa su vientre con aceite de coco caliente.

El ritual de Rey es casi tan sencillo como las historias que yo contaba a Aurelia para calentarla: «Él entra en la habitación y me desnuda y me tiende sobre la mesa de barro del Buen Dios Onofre de la Latitud». «¿Estáis solos?». «No, siempre hay tres gallos blancos y una botella de ron». «¿Y él también se desviste?». «Rey no se viste nunca». «¿Y?». «Entonces invoca a Onofre, chafa en mi ombligo los huevos y yo caigo en trance y empiezo a decir ¿ay! y no paro hasta que Rey ligue el conjuro». « Que es cuando derrama el aceite de coco». «Eso es».

http://www.elcomerciodigital.com/edicion/prensa/noticias/OpinionArticulos/200401/06/GIJ-OPI-161.html

Author: Lalo Márquez

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