¡Debe de haber algo más!
Es común escuchar a los creyentes en fenómenos paranormales una frasecita que intenta tener la fuerza de una máquina demoledora. Quizás la hayan escuchado alguna vez: No es posible que el mundo se limite a lo que nuestros ojos consiguen ver: ¡Debe de haber algo más!
El problema con esta frasecilla es que apela directamente a una argumentación muy distinta de lo que nosotros llamamos pensamiento crítico. La frase no sólo intenta derrumbar de una manera tramposa cualquier argumento escéptico, sino que trae implícita la sugerencia de que toda persona que repare en algún punto de vista de corte sobrenatural, debe ser inmediatamente trasladada a la clasificación de hombre de mente cerrada.
Mi crítica directa a esta frase es que no demuestra de ninguna manera la existencia de algún elemento paranormal, sino todo lo contrario. Quien utiliza regularmente esta expresión no está demostrando cabalmente que cualquier asunto sobrenatural exista, sino que está mostrando que muy dentro de quien está enunciando existe un profundo deseo de que el supuesto fenómeno en cuestión sea verdadero. El argumento intrínseco del creyente sería el siguiente: No puedo probar que los fantasmas –por ejemplo- existan, pero también la ciencia me estorba en mi creencia, así que la hago a un lado diciendo que sus seguidores son unos cerrados y que su método no es perfecto. Así pues deseo profundamente que existan los casos de seres fantasmales. Cualquier argumento racional que lo niegue debe ser desechado, mientras que hasta la prueba más insulsa debe ser suficiente para cultivar mi fe y reforzar mi creencia. Finalmente, todo aquel que la contradiga es un ciego, cerrado y necio.
Esta es más o menos la premisa que utilizan los creyentes para argumentar y sostener las creencias. Ante tal situación, no nos queda a los escépticos más que seguir difundiendo nuestra manera de pensar y realizar de vez en cuando una crítica a los argumentos de los creyentes desde nuestra perspectiva que a mi juicio, es la más efectiva que puede haber a la hora de entender nuestro mundo.
Uncategorized | Comment (0)Carlos Cuauhtémoc Sánchez y la discriminación amparada en el dogmatismo
Una crítica severa a este autor.


Fred Hoyle y la falsedad del Archaeopterix.


De marcianos y pareidolia
Déjeme hacerle un par de preguntas: ¿alguna vez se ha recostado en el césped a observar tranquilamente el cielo y ha encontrado en las nubes formas particulares que le recuerdan imágenes conocidas? ¿Se ha puesto a algún día a observar con detalle el volcán Iztaccíhuatl y se ha percatado de que es posible observar una silueta humana recostada? Si tiene una respuesta afirmativa a estas preguntas, seguramente ha sufrido los efectos bastante comunes de la pareidolia. Pero, ¿es esto una enfermedad o un mal caído del cielo?
La pareidolia es sencillamente un fenómeno psicológico bastante frecuente que consiste en identificar patrones conocidos a partir de formas aleatorias. Al observar un día por las tardes un cielo nubloso, podemos percatarnos de que de pronto una nube tiene forma de rostro humano, de una garra de tigre, de una navaja, etc.; si tomamos una imagen de algún incendio o algo que se quema, podemos observar la silueta del anterior papa o una cara maligna; si de pronto observamos atentamente nuestro pan tostado recién hecho, quizás encontremos alguna figura azarosa que nos recuerde la deidad más socorrida de la región. Las posibilidades son muchas y variadas.

Rostro de Cydonia
Últimamente uno de los planetas de nuestro sistema solar ha sido el escenario en donde se han conseguido algunas de las tomas más fascinantes sobre formaciones geológicas. Un caso muy sonado ha sido el Rostro de Cydonia. Cuando en 1976 la imagen de un rostro de tipo humano en la superficie del planeta Marte se coló a los medios más sensacionalistas, la enorme cantidad de especulaciones no se hicieron esperar: es una pirámide construida por una civilización extraterrestre que forma parte de una serie de edificaciones que son el vestigio de una cultura marciana desaparecida. Los grupos más religiosos se fueron por el lado que más les gustó: es la imagen del anticristo que observa a los humanos desde el planeta rojo (rojo por la sangre del infierno). A pesar de estas afirmaciones más apegadas a la especulación y la imaginación humanas, el asunto es que ciertas formaciones geológicas sumadas a cierto efecto de luz y sombras pueden proporcionarnos ilusiones ópticas. También es necesario hacer notar que en 2006 la astronave Mars Express proporcionó gracias a su Cámara de Alta Resolución (HRSC, por sus siglas en inglés) las imágenes más detalladas de aquella formación geológica en donde se pudo apreciar con mucho detalle la formación geológica de Cydonia. Es necesario hacer notar que desde otro ángulo y con los avances de esta tecnología, ya no se perciben rastros de alguna cara que indique un origen artificial.

Vista microscópica del meteorito ALH84001
La pareidolia puede sacar los deseos más profundos de las personas. Mientras que en Estados Unidos una mujer muy religiosa observa los ojos de cristo en una puerta (la cual está hecha de madera y presenta a los lados dos detalles casi circulares que se asemejan a unos ojos), en 1984 en la Antártida se localiza un meteorito de origen marciano que emociona a más de un científico. Para 1996, tras una serie (me parece que incompleta) de estudios, la NASA da a conocer que en la roca espacial denominada ALH84001 (en honor a Allan Hills, el nombre de la zona antártica en la que se localizó así como al año) había evidencia que sugería que hace unos 3,000 años Marte pudo haber albergado vida microbiana. Esos supuestos fósiles bacterianos fueron la materia prima de una larga serie de reportajes en los que se volvió a hablar con un gran entusiasmo de la posibilidad de vida en otros planetas. Sin embargo, para 1998 un artículo publicado el 16 de enero en la revista Science por investigadores de la Institución Oceanográfica Scripps de la Universidad de California expresaba un enorme escepticismo a los resultados expresados por la NASA. El debate entonces se agudizó. Quizás uno de los elementos que más le daban peso al caso eran algunas imágenes microscópicas de la estructura interna del meteorito donde supuestamente se observaban los mencionados fósiles bacterianos. El problema es que tenemos aquí lo que llamo Pareidolia microscópica: formaciones minerales que nos recuerdan la forma de cierto número de microorganismos. Esto no es nuevo: ya en el siglo XIX se había debatido sobre la presencia de supuestos fósiles de coral que terminaron siendo formaciones rocosas un tanto caprichosas que nos recordaban a aquel invertebrado marino. Actualmente la comunidad científica rechaza la idea de que se hayan encontrado fósiles marcianos microbianos en aquella roca extraterrestre y el asunto tiene mucho mayor relación con la geología y la casualidad que con una antigua actividad bacteriana en nuestro planeta vecino.

Todo esto surge a colación debido al último caso que han explotado los medios: la imagen de la superficie de Marte tomada por el robot explorador Spirit donde se observa una silueta que da a entender que en el planeta rojo los marcianos salen a la superficie sin ningún problema a pesar de las condiciones ambientales tan extremas. En esta imagen podemos observar una serie de rocas un tanto oscuras en donde aún no se ha determinado si aquella figura es una mezcla de varias de éstas sumada al ángulo en el cual se realizó la toma. Desgraciadamente, es una simple casualidad óptica: en Marte no existen las condiciones adecuadas para que se desarrolle la vida. Si algunos me argumentaran que es una forma de vida muy distinta a nosotros que se ha adaptado a ese ambiente tan hostil, yo replicaría que necesitamos más evidencia al respecto. A pesar de ser posible, los casos repetidos de pareidolia nos inclinan más por esta sencilla (y hasta mi punto de vista la más coherente) explicación. Al respecto, el astrónomo y escéptico profesional Philip Plait argumenta en su excelente blog titulado Bad Astronomy lo siguiente: La imagen, por supuesto, no es más que otro ejemplo de pareidolia, nuestra disponibilidad a ver patrones en formas aleatorias. Así que esto parece un tipo paseándose por Marte, disfrutando del 0.001 de la presión atmosférica de la Tierra, el 98% de C02 en el aire, el frío más que congelador y, por supuesto, con una altura de cuatro pulgadas.
LAS PIEDRAS FALACES DE MARRAKECH: Una crítica a divulgadores
Hace unos cuantos meses fui invitado junto con un compañero de la carrera a participar en el programa radiofónico Ciencia 3 x 7 que conducen Julieta Fierro y Luis Manuel Guerra. La experiencia (debo añadir) fue a la vez buena y mala. Buena en el sentido de que conocí en vivo y directo cómo se realiza un programa de radio. Mala porque desde un principio me habían invitado para hablar de ciencia y al final me hicieron una serie de preguntas que requerían muchísima más reflexión antes de contestar (¿Cómo mejorar la calidad de la enseñanza de las matemáticas en nuestro país?, es solamente un ejemplo). Por supuesto que contesté con gusto y di mi humilde opinión. El principal problema surgió cuando después de una pregunta que me hicieron sobre biología consideré pertinente explicar al público para qué sirve la ciencia. Justo cuando decía que la ciencia no estaba hecha para resolver problemas amorosos, los dos conductores mencionados protestaron al instante e inclusive Julieta me llamó chamaco inexperto. Un tercer invitado, un tipo apellidado Régulo, mostrando que confundió y no comprendió absolutamente nada de lo que dije, me mencionó los nombres de algunas canciones románticas por que según él, yo había dicho que el amor no existía (???).
El caso anterior me genera mucha preocupación. El caso de que dos divulgadores de la ciencia y un maestro de ciencias que quizás no entienden por completo lo que divulgan muy posiblemente podría ser contraproducente a la hora explicar al público lo que es el trabajo científico.
Regresando a la frase que causó tanto alboroto, yo explicaba que la ciencia es una actividad humana que permite la obtención de conocimiento: es una herramienta que nos permite explicar la naturaleza y nada más. Cuando yo mencioné que la ciencia no resuelve problemas amorosos, me refería a que yo no consulto un libro de física o la revista Science para encontrar la mejor manera de regresar con alguna novia, sino a que el conocimiento científico tiene un fin muy específico. En ese sentido, me parece que la confusión de mis interlocutores se relacionaba con el uso de la ciencia para entender los aspectos fisiológicos del amor.

Luis Manuel Guerra
La divulgación científica es una actividad necesaria en nuestro país y hay que estar capacitado para ejercerla. Ha habido divulgadores tan famosos como Richard Dawkins, Oliver Sacks o Carl Sagan que han nacido con el don de la divulgación (o por lo menos lo han desarrollado). Es necesario que alguien que desea ser divulgador entienda perfectamente alguna disciplina científica y que tenga habilidades para la comunicación en distintos medios (prensa escrita, por mencionar un caso). Otra cosa necesaria es leer diferentes formas de divulgación para entender hasta qué punto es adecuado compartir con el público la ciencia y hasta donde se cae en excesos. En

Julieta Fierro
Habría que recomendar el curso mencionado a los dos conductores del espacio radiofónico al que asistí. Y no lo digo por la anécdota que conté, sino porque pienso que la divulgación requiere de un buen entrenamiento y de ciertas habilidades. Por ejemplo, el señor Luis Manuel Guerra se ha destacado por su denuncia de los fuertes problemas ambientales que imperan en México y el mundo entero. Nunca he leído algún artículo suyo (no sé tan siquiera si escriba en algún medio), pero me parece que la divulgación que maneja expresa un tono de imposición, es decir, al escucharlo el público puede pensar que solamente él tiene derecho a divulgar y lo que dice es válido mientras que el resto de los mortales no tienen derecho a hablar ni a opinar (y tampoco entiendo cuál es su intención a la hora de aparecer de invitado con Jaime Maussán). Con respecto a Julieta Fierro, ella se ha convertido en la divulgadora de los medios más conocida aunque no necesariamente es la mejor en su área. Muchas veces sus métodos han atraído mucho público y han conseguido mantener la atención de las personas, mientras que en otros casos me parece que han sido contraproducentes al grado de alejar a los investigadores y divulgadores científicos potenciales al generar la idea de que la ciencia puede ser una actividad tonta y ridícula a la que se dedican solamente las personas más extravagantes. No’mbre, si ser científico implica estar así de loco, prefiero estudiar Administración de empresas, decía por ahí un chico de secundaria al ver a Julieta en televisión. Creo que a pesar de que sus libros son buenos, muchas veces el estilo con el que están escritos deja mucho que desear y a su vez peca de simplista. Así pues, hay detalles importantes que corregir a la hora de divulgar.
Antes de que usted se levante y me diga: Estás cayendo en lo que criticas, diré que conozco mis deficiencias. Así que cuando acabe la carrera y trabaje, iré corriendo a inscribirme al Diplomado de Divulgación de
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Una equivocada pluralidad


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